El fútbol se está convirtiendo en un deporte de trincheras y los que vienen con su pantone de matices te complican la vida. Luis Enrique es un personaje con grises, nada más real, nada más incómodo.
Qué lector no habrá pasado por lo siguiente. Ir a jugar un partido de cualquier liga municipal, a cualquier campo de tierra, cualquier sábado de enero.
¿Puede permitirse un club tan exigido como el Barça ponerle peros a un competidor tan voraz, tan imponente a campo abierto y con una determinación tan original y rompedora?