Del mítico Liverpool de Rafa Benítez lo más lógico era que te enamoraras de Gerrard o de Xabi Alonso. Algunos, en cambio, nos decantamos por Milan Baros.
Hay un instante de la temporada en el que la clasificación parece la mesa desordenada de un estudiante de secundaria: los pequeños delante, los grandes detrás. Es el momento de soñar.
Hay que tener mucha clase para ser el ídolo de una de las aficiones más exigentes del mundo, pero todavía hay que tener un poco más para encima serlo llevando el '5'.
Cuando ya nos habíamos familiarizado con un fútbol en el que no era protagonista, Isco fichó por el Betis, admitió que vivió un calvario y que tuvo que trabajar en su salud mental y reanudó el vuelo.
Nuestros veranos no hubieran sido lo mismo sin las guías de la Liga. Pasábamos sus páginas ensimismados, revisábamos las estadísticas. Y, por supuesto, nos aprendíamos los dorsales de los jugadores.
La sonrisa comedida. El flequillo normativo. La estatura justa. La voz decaída, casi un suspiro. Pero un talento abismal. Echamos de menos a David Silva.
Shaun Wright-Phillips nunca llegó a ser una estrella, pero sin embargo lo recordamos más que algunos jugadores mejores. Sus acelerones por la banda ya se van a quedar ahí para siempre.
Uno de los campeones del mundo de 2014 no recuerda nada de aquella final entre alemanes y argentinos. Un golpe dejó un vacío en la memoria de Christoph Kramer.