Si preguntan qué es lo mejor que puedes hacer con un balón, nadie contestaría lo que Kroos lleva contestando los últimos 15 años: lo mejor que puedes hacer es pasárselo a otro.
Hizo lo contrario que se espera hoy de los triunfadores: tomar decisiones arriesgadas, salir de la zona de confort, vivir a toda pastilla, conocer a gente nueva. Y aun así, triunfó.
Hay cierta violencia en ver cómo los ídolos de tu infancia, a los que en su momento atribuías vidas de película, caen despedazados como figuras de barro.
Si hablas de alturas y diagonales, te llamarán “genio” o “vendeburras”. Si pides balones arriba y centros al área, alabarán tu honradez o te matarán por simple y anticuado.
Dejas de jugar a fútbol pensando que no vas en serio, que es el único modo de dejar las cosas que no son ninguna broma, y luego te das cuenta de la magnitud de la tragedia.
Neymar se ha rendido. Y ahora, al darnos cuenta de que los sueños se acaban, pensamos en aquel flechazo del principio, en lo rápido que sucede siempre todo lo que merece la pena.