Hay una generación de seguidores que engullimos el fútbol a golpe de highlight. Nos mueve el vértigo. Nos faltan horas. Nos sobran estímulos. Vivimos con prisas.
Un jugador que se tiñe el pelo, o que salta al césped con unas botas rosas, es un marciano entrando en un centro comercial. Cómo vas a quitarle los ojos de encima.
Por más que chocar con él sea irse contra la columna del parking, en algún instante, por algún motivo, Borja Iglesias volverá a sonreír, y tú recordarás a tus colegas.
El holandés lleva tanto tiempo cumpliendo con su rol que no hay que descartar que si algún día su entrenador le ofrece la titularidad la rechace con educación.
El holandés lleva tanto tiempo cumpliendo con su rol que no hay que descartar que si algún día su entrenador le ofrece un puesto en el once lo rechace con educación.
Cada vez pedimos más a los goleadores que, aparte de meter el balón en la portería, sean capaces luego de ofrecer un festejo a la altura de las circunstancias.