Ver a Cristiano en chándal es recibir una lección impresionante: el mundo es un lugar finito y algún día se acabará para nosotros o, lo que es más gordo, se acabará también para Cristiano.
Hay una generación de seguidores que engullimos el fútbol a golpe de highlight. Nos mueve el vértigo. Nos faltan horas. Nos sobran estímulos. Vivimos con prisas.
Un jugador que se tiñe el pelo, o que salta al césped con unas botas rosas, es un marciano entrando en un centro comercial. Cómo vas a quitarle los ojos de encima.