Miguel Gutiérrez es La Libreta de Van Gaal pero ya no está tan claro si La Libreta de Van Gaal es Miguel Gutiérrez. Este periodista (Madrid, 1977), en su momento redactor jefe de Sportyou, inventó hace años una mirada para escrutar los males de la prensa deportiva que ahora es la de muchos. La idea nació en un blog, hasta que se desmadró, como una merienda de Cassano. Ahora ha vuelto a las librerías, maqueado, el libro por el que muchos empezamos a seguirle: un compendio de historias divertidas que desfilan de la mano de las mejores frases que el fútbol ha escuchado.

¿Cómo surge la idea de publicar una edición actualizada de Frases de fútbol diez años después de su lanzamiento?

Para empezar es un libro que se vendió bien, porque de lo contrario todo este proceso no se habría dado. En su día los editores me propusieron hacer una segunda parte, cosa que yo no veía, porque pensaba que las grandes frases del fútbol ya estaban ahí dentro. Si hubiese escrito otro, hubiera sido un libro de segunda división comparado con el primero. Pero a partir del décimo aniversario, que también es el de la editorial, Córner me planteó hacer una nueva edición y me dio la oportunidad de darle una vueltecita al texto. Y acepté. La idea era añadirle los capítulos de Luis Aragonés y Alfredo Di Stéfano, que yo tenía identificados como los dos personajes que se me habían quedado en el tintero, y quizá alguno más, de Messi o de Cristiano Ronaldo, por ejemplo. Aunque en ese punto es cuando te das cuenta de lo que hemos perdido con el tiempo, de lo que hablaban antes los futbolistas y lo que hablan ahora. Hoy está todo tan calculado que es difícil sacar mucho material de sus declaraciones. Cristiano todavía te suelta algunas frases, porque ha sido bastante metepatas a lo largo de su carrera, pero con Messi es muy complicado. Así que decidí quedarme con Aragonés y Di Stéfano y escribir un apéndice de algo que tengo muy controlado por La Libreta de Van Gaal, y que titulé como ‘Grandes barbaridades de la prensa deportiva’.

¿Fue muy complicado volver a sumergirse en las tripas del libro?

Me ha sorprendido, la verdad. Volver a recorrer todos esos caminos es muy raro. Tener que repasar cosas escritas hace diez años me ha dado bastante pereza, y te lo digo con esta palabra. Lo hablaba con mi amigo Galder Reguera, que estaba haciendo algo parecido con otro libro suyo, y le sucedía lo mismo. Trabajar con un texto del pasado es un poco tortura, no sabes hasta qué punto meterle mano. Al final preferí tocar lo mínimo y actualizar solo algunos detalles, como sustituir ‘holandeses’ por ‘neerlandeses’ o cambiar las partes de Maradona a pasado por su muerte. Pero… Uf, ha sido duro. Si me propusieran hacer esto con otro libro, creo que diría que no.

En 2011, ¿qué hacía Miguel Gutiérrez?

Trabajar en Sportyou. Aquel año se me juntaron muchas cosas. En un mes, me ficharon en Onda Cero, me fui al Eurobasket de Lituania con una marca de cerveza y salió mi primer libro. Ese momento lo tengo asociado como un pico en la carrera de La Libreta. En algunas cosas se ha mantenido y en otras, como en lo de los patrocinios, ha costado más.

Tú ya llevabas tiempo con el blog. 

Sí, yo La Libreta la creé a finales de 2004, va a hacer ahora 17 años.  Pero entre 2004 y 2007 todavía era una cosa muy clandestina. Por aquel entonces la gente no sabía ni lo que era un blog. Hasta que no tuve una audiencia más o menos respetable, pasaron años. Durante mucho tiempo estuve haciendo La Libreta básicamente para mí y para los dos enfermos que me leían. Hasta el 2010, que es cuando las redes se popularizan en España y el proyecto da un salto. La aparición de Frases de fútbol coincidió con ese cambio. 

¿Nos ha traído algo bueno la evolución del fútbol?

Nunca he sido un gran romántico. Antes de la llegada del fútbol moderno también teníamos cosas que afortunadamente se han erradicado. Los estadios actuales son muy distintos a los de los 80, donde la violencia estaba mucho más presente. Incluso te puedo hablar de campos en los que yo estuve de niño fumándome el puro del espectador de al lado. Eso, por suerte, ya no sucede. Además, ahora están las redes sociales, que para mí son muy divertidas. No las de los futbolistas, claro. Pero poder comentar la jugada con tanta gente… Soy bastante entusiasta de las redes porque veo su cara más positiva. Hay muchas personas que en ellas vuelcan su pasión futbolera, que la llevan más allá del partido. Me quedo con eso.

En lo que parece que hemos salido perdiendo es en la forma de comunicarse de los protagonistas, hoy mucho más prudentes y predecibles.

Sí, ya no tenemos personajes como los de antes. El mismo Laporta, en su primera etapa, era un personaje distinto al que estamos viendo ahora. Él llega en un momento en el que justo se está produciendo esa transición que comentamos. Son unos años donde todavía hay menos frenos a la hora de hablar, donde los medios tienen acceso a las fuentes, donde los protagonistas se calientan y no tienen sus canales para difundir su propia visión de los hechos. Ahora, en cambio, vemos a un Laporta mucho más calculado. Y quien dice Laporta, dice el común de los presidentes, que en la mayoría de los casos ya ni siquiera son conocidos. El entrenador de turno tampoco te habla en la radio a las doce de la noche después de perder un partido. ¡Y ya no se destituye a nadie en directo! [Risas] Todas estas cosas pasaban antes y ahora ya no suceden.

Se ha dado la vuelta y ahora los futbolistas más interesantes de escuchar suelen ser los más jóvenes, porque al tener menos tablas, paradójicamente, hablan más claro.

Luego ya están resabiados, que se dice. De esto también tenemos culpa los periodistas, porque ahora lo habitual es que cualquier protagonista se ponga a la defensiva. Hace tiempo que los periodistas dejaron de hacer preguntas para obtener respuestas interesantes, y lo que buscan es obtener titulares. Hasta que los otros se han dado cuenta y ya no están dispuestos a conceder ninguno. Porque, claro, ¿los titulares para qué se obtienen? Para luego generar polémicas a su alrededor. Luego también están los asesores. Hoy un jugador ya no solo tiene al jefe de prensa del club; ahora también tiene también su propio equipo de comunicación. Hay más filtros, más intermediarios, y así es cada vez más difícil encontrar buenas reflexiones.

El peor síntoma es que el jugador, en lugar de una entrevista, pida un masaje.

Recuerdo a uno que se quejó una vez en redes sociales porque habían titulado un entrevista con una frase que él no hubiera elegido. El futbolista no negaba haber dicho lo que contenía el titular, pero decía que estaba molesto porque le gustaba mucho más otra frase. Eso te hace ver que el periodista ya es un sospechoso absoluto. Hasta cuando destaca una frase que el entrevistado ha dicho, se le acusa de hacer mal su trabajo. Los futbolistas muchas veces no quieren entrevistas, quieren publirreportajes. Exigen las preguntas por adelantado. Está todo mucho más teledirigido. Y al final, los que pierden son los espectadores. Yo también crecí como aficionado, y disfrutaba mucho cuando los personajes decían lo que pensaban.

 

“Los futbolistas muchas veces no quieren entrevistas, quieren publirreportajes”

 

¿Las mejores frases son las que se dicen sin pensar o las que se dejan caer sabiendo que van a perdurar?

Hay más espontaneidad de lo que nos pensamos. Porque antes, como decíamos, no se medía tanto. A esas dos categorías yo añadiría una tercera, que son las frases que han sido redondeadas con el tiempo o por el mito. Algunas no las he incluido en el libro porque son sospechosas de no haberse producido tal cual han pasado a la historia. Como aquella que se la atribuye a Alessandro Altobelli: “Quiero darle las gracias a mis padres por mi carrera, en especial a mi padre y a mi madre”. O alguna que circula por ahí, que directamente es falsa, atribuida a Michel: “El partido acabó 0-0. Al descanso, el resultado era el mismo”. Es altamente improbable que dijeran eso. En el capítulo de Helenio Herrera lo explico. Él mismo negaba haber dicho algunas de sus frases más conocidas. Al pasar de boca en boca, se produce ese efecto y las acabamos recordando y reescribiendo más redondas de lo que eran.

A veces tienes la frase, maravillosa, pero no un autor al que apuntársela.

Sí. Cuando murió Maradona, Gabriel Humberto Calderón citó una que en su momento ya había sonado: “No me importa qué hiciste con tu vida, me importa qué hiciste con la mía”. Calderón la recordó por ahí, pero ahora hay gente que se la atribuye, cuando no es suya. Al final, las frases acaban siendo más de los aficionados que de los que las pronuncian. Una vez han empezado a circular, pasan a ser parte del acervo cultural del fútbol. Son de la gente.

Futbolistas y periodistas. ¿A quién le brota más fácilmente el ego cuando le colocan un micrófono delante?

No lo sé. Hoy leía una entrevista a Juanma Castaño en la que le preguntaban si los periodistas deportivos tienen mucho ego, y él contestaba que ego hay en todos los sitios. Creo que tiene razón. Castaño citaba Instagram, decía que es una red social hecha para explotar el ego de las personas, y así lo creo yo también. Los periodistas tenemos un ego enorme, pero lo que pasa es que estamos más expuestos. Tenemos más medios para mostrarlo. Y los futbolistas, que también tienen muchísimo ego, con todas las cosas buenas que les dicen al cabo del día, lo muestran menos. Lo sacan en privado. El ego de escribir al redactor que les ha puesto una mala nota en el periódico. Ese ego. Por cosas así hay auténticos piques, pero son más subterráneos. El ego del periodista, en cambio, es más visible.

Quizá todo lo que se pierde con el nuevo rol de los entrenadores y los jugadores, mucho más contenidos, se recupera con la aparición de esas vedettes estrafalarias en los medios.

Los periodistas-personajes han acaparado ese espacio que habían dejado libre los protagonistas del fútbol. Como tú no puedes tener en tu programa a Cristiano Ronaldo, tienes a Edu Aguirre. Como no puedes llevar a Zidane, llevas a Hermel. Y así sucesivamente.

 

“Los periodistas-personajes han acaparado el espacio que habían dejado libre los protagonistas del fútbol”

 

¿Cuánto hay de humor y cuánto de crítica en el análisis del periodismo deportivo que hace La Libreta de Van Gaal?

Trato que sea una mezcla de las dos cosas. La Libreta nació como una crítica a la prensa deportiva, pero tuvo que pasar un tiempo hasta que encontré el tono con el que la quería hacer. Cuando leo algún artículo viejo mío, de los primeros del blog, suele no gustarme, porque me parece demasiado grave. Ahora intento huir de eso. Mi lema es: ‘Qué divertido es el periodismo deportivo’. Se lanzan muchas críticas a los medios, pero yo solo suscribo las mías, que probablemente sean un porcentaje pequeño. Creo que hay mucha amargura en esos palos que se les dan a los periodistas, a parte de mucha bufanda. A la gente no le molesta el periodismo deportivo, le molesta el periodismo deportivo que perjudica a su equipo. Y entonces me propuse que si yo hacía esto, tenía que hacerlo con humor, con ironía, con mucha distancia.

El humor está muy presente en tus libros. También en Saber y empatar.

En Saber y empatar me asocié con una persona, Antonio Pacheco, que entiende el fútbol, no solo el periodismo, exactamente así. Desde el principio vimos que el enfoque tenía que ser ese: reírnos del fútbol e incluso en algunos momentos de nosotros mismos. Y de los ‘panenkitas’ también, que ahí aparecen. Nos teníamos que reír absolutamente de todo.

Los artículos en El Confidencial y Yahoo, el Nodcast, Youtube… Miguel Gutiérrez juega en muchas posiciones. Pero ¿dónde se lo pasa mejor?

Soy feliz con todo porque nada lo hago para hacerme rico. Como ya tengo otro trabajo a jornada completa, el único objetivo de todo esto no es sacarme un dinerillo, y puedo permitirme no hacer nada que no me divierta. Si me tuviera que quedar con algo, te diría que con el canal de Saber y empatar, lo que estamos haciendo ahora con Carlos Marañón y Pacheco, porque es la primera vez que hago algo con más gente. Y luego rescataría otro instante. El Nodcast lleva muchas horas, algunas de ellas bastante plomizas, porque consisten en escuchar muchos programas de radio para sacar cortes, pero hay un momento, que suele ser el sábado por la mañana, en el que ya he terminado todas las escuchas y me junto con todos esos audios en la mesa de mezclas. Ahí me digo: ‘Ahora viene lo divertido: juntar esto y a ver qué sale’. Ese es un gran momento también.

 

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Fotografía cedida por Miguel Gutiérrez.