Son los estribillos de las canciones. Son los tráilers de las películas. Son las fajas de los libros. Todo lo bueno que existe, si existe, lo vas a encontrar ahí. Picadito. Salpimentado. De la cocina al plato y del plato a tu estómago. En dos minutos. Bon appétit. Hay una generación de seguidores que engullimos el fútbol a golpe de highlight. Somos ejército. Nos mueve el vértigo. Nos faltan horas. Nos sobran estímulos. Vivimos con prisas. Sin apartar el pie tembloroso del acelerador.

El Barça anuncia el fichaje de Raphinha: abrimos YouTube, tecleamos su nombre, le damos al play. Y ya. El Madrid confirma la incorporación de Tchouaméni: abrimos YouTube, tecleamos su nombre, le damos al play. Y ya. Somos autómatas hasta para entusiasmarnos. Música épica, filtro embellecedor, planos cortos, carrusel de regates, asistencias, robos, goles. Lo mejor de lo mejor. Como sentarse a comer y empezar por los postres. Juan Villoro escribió en una ocasión que ver el resumen de los goles de un partido en lugar del partido entero es como leer una mala novela policíaca: solo te van a contar quiénes fueron los asesinos. Con los vídeos que presentan las cualidades de un jugador sucede algo ligeramente distinto: ya conoces quién apretó el gatillo, ahora necesitas estar seguro de que nadie sabe matar mejor. Estamos dispuestos a que nos la cuelen. “Un escritor puede escribir cualquier cosa mientras los lectores se la crean”, apuntaba García Márquez. En eso estamos. Masticando mentiras. Conformándonos con lo mínimo. Nos vale con cualquier información, por más inconclusa o adulterada que esté, con tal de no quedarnos callados en la conversación. Los highlights son como los posts de Instagram: todo es maravilloso hasta que te enteras de que hubo que disparar la foto 34 veces. Forzamos la realidad hasta romperle la montura. El fútbol es la ficción más seria del mundo. Hacemos lo que sea para ilusionarnos. Nos muestran un caño a un lateral del Burnley y directamente vemos Champions, Balones de Oro, estatuas a las puertas del estadio. Una fila de piezas de dominó desplumándose hacia el infinito. Somos los hijos del highlight. Nos va la marcha. No aprendemos la lección. Y si quieres convencernos de lo contrario, que sepas que no dispones de mucho tiempo. Dos minutos. ¿Podrás hacerlo?
 


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Fotografía de Getty Images.