Cuando se cumplen 20 años del triunfo de 1998, Francia vuelve a presentarse a un Mundial con vítores de favorito. El seleccionador, Didier Deschamps, fue una pieza clave por aquel entonces, y ahora, desde la pizarra, quiere volver a serlo. Según su opinión, “aún no tenemos el mismo nivel que Alemania, España o Brasil, porque todavía no somos capaces de controlar nuestros partidos con la misma autoridad que ellos”. Pero viendo los futbolistas con los que cuenta, nadie se atreve a quitarle la etiqueta de aspirante.

Si en el ’98 aquel equipo giraba en torno a la figura de Zidane, ahora los galones están más repartidos. Quizá Antoine Griezmann sea la estrella pero, a su lado, los Mbappé, Pogba, Dembélé, Lemar o Fekir, pondrán mucha calidad a la zona de tres cuartos. A pesar de la gran variedad ofensiva con la que se presentan en Rusia, lo más destacable es la cantidad de centrales de gran nivel que Francia está produciendo en los últimos tiempos. Prueba de ello es que en la fase de clasificación los Bleus han liderado su grupo encajando tan solo seis goles. Una solidez defensiva que es la gran obsesión de Deschamps. Desde que en los últimos torneos se mostrara como su talón de Aquiles, se ha trabajado a fondo para paliarlo.

En Rusia no faltarán alternativas para el eje de la defensa: a los titulares Umtiti y Varane, hay que sumar a Kimpembe y, fuera de la convocatoria, Lenglet, Laporte o Upamecano, todos ellos menores de 24 años que tienen un inmenso futuro por delante. En definitiva, los galos llegan a la cita mundialista con un equipo aparentemente muy equilibrado y ávido de éxitos. Habrá que ver si la extremada juventud de la plantilla es (o no) un hándicap que pueda pasar factura.

 

 

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