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Cuando Senegal bailó a la campeona del mundo

Recordamos el día en que la Francia de Henry, Trezeguet, Vieira y compañía se vio sorprendida por Senegal. ¿Qué tenía aquella selección para que fuera capaz de ganar a los mejores?

Senegal

31 de mayo de 2002. Estadio Mundialista de Seúl. Corea del Sur y Japón acogían por primera vez una Copa del Mundo en Asia organizada por dos países. Aquel era el Mundial de los debuts. Solo habían transcurrido cuatro años desde que Francia levantara el mismo trofeo en Saint Denis. El jugador senegalés Papa Bouba Diop rememoró en la revista So Foot cómo vivieron ese momento en su país, antigua colonia gala. “En Senegal, íbamos con Francia. Cuando ganaban, salíamos a la calle cantando y bailando”, confesó el jugador, explicando el gran seguimiento que tenía la selección francesa en Senegal. Pocos se esperaban que precisamente Diop fuera uno de los protagonistas de aquel día. Senegal se enfrentaba a Francia en el partido que abría el torneo, debutando en una cita mundialista como la nueva participante al evento ante la campeona del mundo, la Francia de Thierry Henry, David Trezeguet, Patrick Vieira, y un Zinédine Zidane que no llegó a ese primer encuentro por lesión.

Los ‘leones de Teranga’ es el apodo que recibe la selección de fútbol nacional de Senegal. Teranga, en la lengua más hablada del país, el wolof, significa hospitalidad, acoger a todo aquel que viene de fuera como un amigo. Un término que crea un sentimiento de comunidad, y que da identidad al pueblo de Senegal. Lo de los leones viene porque antes de la ocupación francesa el león era un símbolo de poder, y por eso fue adoptado como emblema nacional en el escudo de la República del Senegal junto al baobab, el árbol sagrado de la nación, tras la independencia en 1965. Precisamente este fue el año en que Senegal disputó por primera vez la Copa África, en un territorio donde el fútbol no era el deporte más popular.

 

Senegal no tenía la experiencia ni el prestigio de Nigeria, Ghana, Egipto o Camerún. Pero aquella selección esperaba paciente su oportunidad, sin importarle los títulos y la trayectoria que los franceses habían alcanzado en el fútbol

 

Senegal no tenía en el fútbol la experiencia ni el prestigio de Nigeria (las ‘águilas verdes’), Ghana (las ‘estrellas negras’), Egipto (los ‘faraones’) o Camerún (los ‘leones indomables’), sus homólogos africanos. Pero aquella selección esperaba paciente su oportunidad, sin importarle los títulos y la trayectoria que los franceses habían alcanzado en el fútbol hasta el momento. Y esta llegó con el cambio de siglo: alcanzaron los cuartos de final de la Copa de África del 2000, llegaron a la final de ese mismo certamen en 2002 y se clasificaron por primera vez para la Copa del Mundo.

Los ‘leones de Teranga’ querían seguir los pasos de la Camerún de Roger Milla o la Nigeria de Ja-Jay Okocha y ser el segundo equipo africano en llegar a cuartos en un Mundial. Parte de esas esperanzas se depositaban en El-Hadji Diouf, ganador del premio Futbolista Africano del año en 2001 y 2002 concedido por la Confederación Africana de Fútbol, decisivo en la clasificación mundialista con el tanto ante Marruecos en Rabat el 24 de febrero de 2001 y en la consecución del subcampeonato en la Copa Africana de Naciones de Mali en febrero de 2002. 

Ese primer encuentro, además, también iba a ser especial por los lazos que había entre los dos países, como lo manifestaba uno de los mejores jugadores de Francia, Patrick Vieira, leyenda gunner, nacido en Dakar el 23 de junio de 1976: “Llevo a África en el corazón. Estoy orgulloso de mis orígenes, de ser senegalés”. Vieira había marchado de Senegal a Francia con ocho años junto a su familia, donde debutó con diecisiete años en el AS Cannes, y, pudiendo elegir su nacionalidad deportiva, decidió representar a los galos debido a que su abuelo había servido en la Armada Francesa. En ese mismo sentido, la mayoría de la columna vertebral del equipo senegalés se componía de jugadores que militaban en el fútbol francés: El-Hadji Diouf, Khalilou Fadiga, Aliou Cissé, Papa Bouba Diop, Salif Diou. También el seleccionador del cuadro africano, Bruno Metsu, había desarrollado su carrera futbolística en el país europeo.

El desarrollo del fútbol en Senegal había estado muy ligado a Francia, fruto de los años de su dominio colonial, y ese vínculo seguía siendo muy fuerte en la vida del país. Francia parecía intimidar con aquellos jugadores que habían maravillado al mundo en el 98.

En la víspera del partido, el entrenador Bruno Metsu alentó a los suyos con estas palabras: “Sé que esta noche, cuando termine el partido, la gente va a hablar de nosotros en todo el mundo. Arriba, demostradme lo que podéis hacer”. En el campo todo el ruido ajeno desaparecía, dejaba de influir para dejar a solas el león y el gallo, este segundo el símbolo de la selección de Francia. Haciendo referencia a estos apodos, años después El-Hadji Diouf recordaba con estas palabras la forma en la que afrontaron el choque contra los galos a pesar de que el favoritismo no estaba de su parte: “¡Eh, que nosotros somos los leones, no los gallos! ¿Cómo va a comerse un gallo a un león? Eso es imposible”.             

 

El-Hadji Diouf: “¡Eh, que nosotros somos los leones, no los gallos! ¿Cómo va a comerse un gallo a un león? Eso es imposible”

 

Diouf se puso el equipo a la espalda. En una internada por la banda izquierda dejó sentado a Frank Leboeuf, demostrando una increíble capacidad de aceleración, para luego asistir a Papa Bouba Diop, quién después de un rechazo envió a la red un balón que prendió la ilusión de todo un continente. En el recuerdo quedó la celebración de Diop bailando con sus compañeros en el córner, con una naturalidad y una alegría que se llevaron el aplauso del público y la adoración de los aficionados.

Francia arremetió y puso toda su artillería para buscar el gol del empate, pero los senegaleses no sucumbieron ante el potencial galo. Su pólvora se mojó, y sobre ella bailaron los leones. Licencia para soñar. Habían roto el techo, demostrado su valía y su capacidad para competir contra el mejor. ¿Quién dictaba ahora su alcance, su límite? ¿Hasta dónde podían llegar?

La victoria ante Francia puso a Senegal en el mapa como un actor para tener en cuenta en el máximo escaparate del fútbol, que ese verano abandonarían, finalmente, en cuartos (eliminados por Turquía). Pero ese triunfo inaugural no fue una victoria más, elevó el país fuera del alcance de la sombra y del dominio de su antigua metrópolis, demostrando tener su propia identidad y su reconocimiento en el deporte rey, bailando por él mismo.   

 


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Fotografías de Getty Images.