Cuando Antoine de Saint-Exupéry escribió Le Petit Prince en 1943 nunca debió imaginar que décadas después un futbolista francés mostraría sobre un terreno de juego unas cualidades tan parecidas a las de su protagonista.
Antoine Griezmann ha deslumbrado en sus casi 900 partidos como profesional, siempre dejándose guiar por la intuición y la creatividad. Su fútbol elegante, sutil y artístico se ha convertido en una debilidad para muchos amantes del deporte rey, haciendo a la perfección lo más difícil: jugar fácil.
El Principito viaja de planeta en planeta observando cada lugar y aprendiendo una forma distinta de ver la vida. Griezmann ha podido descubrir tres mundos diferentes; el ‘txuri-urdin’ durante cinco temporadas, donde despuntó y nos regaló noches mágicas con su cresta desenfadada y su cara de buen niño; el rojiblanco, con diez campañas a sus espaldas sumando 500 partidos, el récord de máximo goleador de la historia del club con 212 goles y un legado eterno e imborrable para los ‘colchoneros’; y también contempló Barcelona, aunque fugazmente y con menor impacto futbolístico que el deseado. Con la selección de su país, además, recorrió estadios hasta alcanzar la gloria en el Mundial de Rusia 2018, anotando cuatro tantos y siendo clave en el devenir del torneo para la campeona Francia.
La MLS gana un jugador excelso. La liga española pierde a un genio. El Atlético de Madrid, a su máximo goleador histórico
Su fiel amistad con Koke, el amor hacia el Atlético de Madrid y el vínculo con Diego Pablo Simeone, su figura paterna futbolística, conecta con los valores desarrollados en la obra de Saint-Exupéry y define la importancia de lo esencial, de aquello que no es tan evidente ni despierta tantos comentarios como un gol en el 90’ o un trofeo ganado épicamente. Aunque no ha levantado los títulos que hubiera querido con los atléticos, su fútbol inteligente y asociativo, sus ofrecimientos constantes, su capacidad para bajar a recibir y sus destellos de calidad en el césped quedarán grabados en la mente de los que lo hemos disfrutado. Porque Antoine Griezmann debe ser un espejo en el que se tienen que reflejar las nuevas generaciones; un ejemplo de trabajo y sacrificio, dejando de lado egos y protagonismos.
Su despedida rumbo a la MLS es un cambio de escenario. Como esos autores que, después de vender infinidad de libros y conquistar lectores apasionados, deciden apartarse del foco; no por sentirse en decadencia, sino por la necesidad de aprender otras culturas, conocer aún más lugares y vivir nuevas historias.
La MLS gana un jugador excelso. La liga española pierde a un genio. El Atlético de Madrid, a su máximo goleador histórico. Porque el ‘Principito’ que llegó de Donosti se marcha como leyenda rojiblanca a sus 35 años.


