El Mundial de Suiza’54 fue el primero en el que los combinados asiáticos debían disputar una clasificación previa para acceder a la fase final de la Copa del Mundo. Cuatro fueron las selecciones que se inscribieron a tiempo para entrar en la pugna por la única plaza asiática en juego -India y Vietnam llegaron tarde-, aunque, ante el retiro de Taiwán y la reubicación de Israel en uno de los grupos clasificatorios europeos, el asunto se dirimió entre Japón y Corea del Sur en un ida y vuelta que, curiosamente, solo se disputó en tierras niponas.

Tokio albergó el primer encuentro, en el que los coreanos pasaron por encima de sus rivales con un aplastante 1-5. Ese resultado dejó en un mero trámite el 2-2 que reflejó el marcador en el segundo duelo disputado en la capital japonesa. Con un hueco asegurado entre los 16 participantes de la quinta edición de la Copa del Mundo, Corea viajaba hasta tierras suizas para disputar el primer Mundial de su historia.

Pero la historia no fue tan bonita como esperaban. Dos partidos, cero goles a favor y 16 en contra. La Hungría de los magiares mágicos pasó como un rodillo por encima de los novatos coreanos metiéndole nueve goles y Turquía le endosó un 7-0 para devolverles hacia su país a primeras de turno. En su autobiografía, años después, Ferenc Puskás seguía sin entender qué hacía ahí Corea: “Fue inexplicable que Corea estuviera admitida en el torneo. Eran muy débiles y no habían ni entrenado”.

 

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