México’86 no solo consagró a Maradona. También convirtió a Jean-Marie Pfaff (Lebbeke, 1953) en el guardameta más valioso del torneo, distinción que al año siguiente la IFFHS redoblaría para nombrarle mejor portero del mundo. Dos premios que reconocen a este héroe de pelo rizado y bestia negra de la España y del Real Madrid de Butragueño como uno de los artífices de la mejor Bélgica de la historia. Los Diablos Rojos llegaron al Mundial de México con un trabajo de más de siete años y con prácticamente el mismo grupo. En la Eurocopa de 1980 fueron subcampeones con un gran Pfaff bajo palos. En la fase de grupos de México, pasaron como mejores terceros, después de una derrota contra el anfitrión, una victoria contra Irak y un empate contra Paraguay.

Después, apareció la URSS de Belanov y Blokhin en octavos. Aquel equipo era uno de los más potentes del mundo, nada que ver con la Rusia actual, pero los belgas lograron imponerse en la prórroga. La selección fue de menos a más durante todo el torneo, siempre gracias a un tipo solitario que vestía con chándal y llevaba guantes. Luego llegó España, que había arrollado a Dinamarca. Todo el mundo daba como favorito a los españoles pero el guardameta belga volvió a salvar a los suyos desquiciando a Butragueño con sus intervenciones. Los penaltis decantaron la balanza, con un enorme Pfaff parándole un lanzamiento a Eloy.

Las semifinales fueron contra Argentina. Maradona venía de hacer el gol de su vida ante Inglaterra: «Antes del encuentro, Maradona vino a mí y me dijo que quería mis guantes para su hermanastro, que también era portero», explicaba Pfaff en una entrevista a Panenka. «Yo le respondí: ‘Está bien, pero a cambio quiero tu camiseta’. Al acabar el partido y terminarse nuestro sueño, medio equipo se lanzó hacia Diego para pedirle la zamarra. Se negó, claro, porque la prenda ya tenía dueño». Cuando la selección regresó a Bélgica, tras quedarse a las puertas de la final, fue una locura: en el aeropuerto, la gente gritaba el nombre de Jean-Marie Pfaff sin parar. Aquel fue un gran año para Bélgica: gracias al Mundial fue reconocida y aquello fue bueno para la economía y la reputación del país. Y fue un gran año para Pfaff que fue nombrado el mejor portero del torneo.

Jean-Marie Pfaff se retiró en 1991, ganando 75 euros al mes y 100 euros por punto logrado. Sin coche, ni teléfono, ni apartamento, ni lujos. Su padre murió cuando él tenía 12 años. «Éramos diez hermanos en casa y yo iba a la calle a cantar canciones y conseguir dinero porque pasábamos frío», recordaba. «Poder ganarme la vida con el fútbol fue fantástico. Estoy seguro de que los internacionales belgas, hoy en día, lo sienten también así. Pero es un placer diferente, un placer patrocinado», aseveraba con rotundidad. México’86 consagró a Pfaff, probablemente, como el mejor portero de la historia de la selección, con el permiso de Preud’homme… Y de Courtois.

 

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