La selección belga lleva un lustro atrapada entre la ilusión y la frustración, y en ese mismo estado aterriza este verano en Rusia. Ilusión porque es consciente que su presente lo está escribiendo una de las generaciones más talentosas de toda su historia. Frustración porque ese mismo bloque chispeante y cautivador nunca ha dado la sensación de alcanzar el estado madurez que convierte a los buenos equipos en los mejores. Y el reloj, por supuesto, va contando.

En el Mundial de 2014, el primer torneo en el que de veras el resto de países pasaron a considerar a Bélgica como una candidata firme al podio planetario, la sensaciones fueron agridulces. Tras una notable fase de grupos (pleno de victorias ante rivales, eso sí, asequibles) y un electrizante partido de octavos ante EE.UU. (los de Wilmots decantaron la balanza a su favor en la prórroga), tropezaron contra Argentina cuando el cuadro los puso realmente a prueba. Dos veranos después, en la Eurocopa de Francia, las expectativas siguieron siendo igual de altas, pero en esta ocasión el balance todavía fue peor, puesto que los Rode Duivels, que volvieron a caer en cuartos, no pudieron superar a un adversario con muchos menos recursos, Gales.

Que dé un puñetazo encima de la mesa. De una vez por todas. Esto es lo que siguen reclamando a día de hoy los aficionados belgas a un equipo que desde agosto de 2016 está comandado por Roberto Martínez, un entrenador que parece indicado para el puesto debido a que pone el acento en el colectivo en lugar de en las individualidades. El técnico catalán se postula como elemento detonante puesto que maneja a un grupo que va sobrado de calidad pero que en las fechas señaladas ha echado de menos un mayor empaque. A su lado, con el chándal puesto, también emerge la figura de Thierry Henry, un tipo que hace justo 20 años, en Francia, descubrió cómo se gana una Copa del Mundo. Veremos si conserva los apuntes.

 

 

EL DATO DE BÉLGICA

EL PERFIL DE BÉLGICA

EL RECUERDO DE BÉLGICA

ESTE 2018, BÉLGICA HA SIDO NOTICIA POR…