Un futbolista puede salir de la enfermería, puede reaparecer tras una sanción o puede recuperar la titularidad, pero no puede detener jamás su decadencia.
¿Puede permitirse un club tan exigido como el Barça ponerle peros a un competidor tan voraz, tan imponente a campo abierto y con una determinación tan original y rompedora?
Pensar en el Barcelona es asistir a un nostálgico pasado y anhelar un incierto futuro. El relato de Koeman no puede ser excusa para esconderse del ahora.