Pertenece a una estirpe de futbolista en extinción: el típico brasileño mágico y rebelde de sonrisa perenne que nos obligaba a ir con Brasil en los mundiales.
Hay una generación de seguidores que engullimos el fútbol a golpe de highlight. Nos mueve el vértigo. Nos faltan horas. Nos sobran estímulos. Vivimos con prisas.
Un jugador que se tiñe el pelo, o que salta al césped con unas botas rosas, es un marciano entrando en un centro comercial. Cómo vas a quitarle los ojos de encima.
No deberían existir dudas en torno al sitio que ocupa en el panteón de leyendas mexicanas: el proyecto de lateral que opositó a la élite como centrocampista.