Un verano sin Mundial es menos verano.

Un Mundial sin verano es menos Mundial.

Un verano sin Mundial es un verano sin Grand Prix. Fructuosa, la vaquilla más mentirosa, te entretenía y conseguía que te olvidaras del calor. Como un Senegal-Turquía, un Australia-Corea o un Finlandia-Estados Unidos. Esta semana terminan las clases y empieza el desierto. En los veranos pares había oasis de agua fresquísima, sobre todo cada cuatro años. El Mundial olía a aftersun. El Mundial sabía a Frigo pie. El Mundial sonaba a orquesta de verbena cantando “no rompas más mi pobre corazón”. Este año el fútbol también sufrirá un cambio climático. El Mundial olerá a colonia regalada. El Mundial sabrá a polvorón. El Mundial sonará a “pero mira cómo beben los peces en el río”.

Un verano sin Mundial es un verano sin adolescencia. Lo efímero del verano y lo trascendental de las cosas poco trascendentes, casaban a la perfección con la pasión y el tremendismo de la pubertad. También con su frenesí. Hostias y grandes sorpresas. Quizás en 2002 fumaste tu primer cigarro. O en 2010 diste tu primer beso. Bueno, te lo dieron, porque el primer beso siempre se recibe. Un Mundial lo empezabas de la mano de tus padres y lo terminabas con hilillos en el bigote. Entre clasificaciones exóticas, héroes renacidos y decepciones de favoritas, en un Mundial madurabas.

 

Un verano sin Mundial es un verano peor. Más triste, más claustrofóbico, más nublado. Un verano sin el cabezazo de Zidane, sin el fallo de Baggio, sin el triángulo de Ronaldo

 

Un verano sin Mundial es un verano sin ilusión. El fútbol es, sobre todo, lo de antes y lo de después. Y el Mundial lo confirma. Todo empieza a hervir con un mes de antelación. Ojeas las plantillas. Rellenas la porra. Estudias el calendario. Organizas el mes. Una vuvuzela marcó el final de mi selectividad y el inicio del Mundial 2010. Fue el mejor verano de mi vida porque hubo Mundial.

Un verano sin Mundial, no pasa nada por decirlo, es un verano peor. Más triste, más claustrofóbico, más nublado. Un verano sin el cabezazo de Zidane, sin el fallo de Baggio, sin el triángulo de Ronaldo, que fue como el triángulo de las bermudas: un lugar hipnótico en el que perderse. Nos quedamos sin memoria este verano. Los Mundiales son Google recordándote las fotografías cada cuatro años. No habrá imágenes de alegría y tristeza, que con el paso de los años el fútbol las convierte también en alegrías.

Se avecina un Mundial sin verano. Y este será un verano sin Mundial. Al menos dicen que habrá Grand Prix.

 


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Fotografía de Getty Images.