Ha pasado una década desde que André-Pierre Gignac, en la cúspide de su carrera, sorprendió a todo el mundo dejando atrás Europa y firmando con Tigres.
Pertenece a una estirpe de futbolista en extinción: el típico brasileño mágico y rebelde de sonrisa perenne que nos obligaba a ir con Brasil en los mundiales.
La del Querétaro-Atlas fue una carnicería siniestramente programada. Tras haberlos sometido con una crueldad bélica, los delincuentes desnudaron los cuerpos inertes de sus víctimas.