Lo bueno se hace esperar. Y el que espera, desespera. Para paliar quizá te muerdes las uñas; consiguiendo amortiguar la ansiedad, pero infligiendo pequeñas heridas en sus dedos. “Por una vez, no pasa nada”, piensas. Sin embargo, casi sin haberte dado tiempo a asimilarlo, automatizas el acto y lo conviertes en una rutina que perjudica tu salud. No solo por las uñas, sino porque sufres el riesgo de una infección en la piel de alrededor y de propagar los gérmenes de los dedos hacia la boca. Porque cuando la presión por conseguir un objetivo es tan alta y la mochila de fracasos está llena, salir del bucle es prácticamente imposible. O si no que se lo digan a William Cage, encarnado por Tom Cruise, en Al filo del mañana

Para empezar a contar esta historia tenemos que subirnos en el DeLorean y pedirle a ‘Doc’ que nos lleve hasta el domingo 22 de abril de 1951. Es decir, debemos hacer un viaje al pasado de 71 años, 1 mes y 20 días. O lo que es lo mismo, retroceder 25.985 noches. Toda una vida. Cuando lleguemos, nos daremos cuenta de que, por aquel entonces, la liga mexicana seguía un formato muy distinto al actual: no existían los torneos de Apertura y Clausura, y el ganador era el equipo que había conseguido más puntos a final de temporada. Los 12 equipos participantes se enfrentaban dos veces durante el campeonato liguero y en cada partido se repartían dos puntos al vencedor, uno en caso de empate y cero al perdedor. En caso de igualdad a puntos al finalizar los 22 partidos, se disputaba un encuentro de desempate para determinar el ganador del campeonato.

Ese domingo 22 de abril de 1951 se vivió una tarde histórica en México. En la penúltima jornada, Atlas Fútbol Club tenía la posibilidad de ser campeón de liga por primera vez en su historia. Para ello, tenía que ganar a su acérrimo rival, las Chivas de Guadalajara, y esperar que Club León perdiese su partido. Antes de empezar el encuentro, en una clara muestra de la rivalidad que se vive en el ‘Clásico Tapatío’, Chivas se burló de Atlas paseando por el campo un racimo de margaritas -simbolizando la fragilidad de su fútbol-. Esto motivó y aumentó los nervios de los rojinegros, conscientes de que tenían en sus botas una oportunidad única de hacer historia. El equipo dirigido por Eduardo el ‘Che’ Valdatti fue capaz de mantener el 0-0 inicial gracias a la inspirada actuación de su portero, Raúl Córdoba, durante toda la primera mitad.

Tras el descanso, en el minuto 55, el árbitro hizo sonar su silbato. Penalti. Los jugadores de Chivas protestaron airadamente durante 7 minutos aquellas manos, pero nada pudo evitar que Edwin Cubero anotara la pena máxima y diera la victoria a Atlas. Con el pitido final: silencio y euforia. El estadio entero se enmudeció durante unos instantes. Calma tensa. Desde las gradas empezó a conocerse la noticia, Club León había perdido y eso convertía a Atlas en campeón por primera vez en su historia. Afición, jugadores y cuerpo técnico lo celebraron al unísono en el Parque Oblatos y la fiesta derivó en tragos y tragos de tequila y cócteles bloody mariachis. En aquel momento no había atisbo de preocupación, pero, sin embargo, lo que no sabían los rojinegros era que, desde aquel preciso instante, había iniciado una maldición que perduraría más de 70 años.

 

La botella se hizo un hueco en una de las vitrinas del club, esperando su momento. Un objeto maldito que solo puede ser destruido mediante el arma por la que se creó, la victoria

 

La mayoría de las crónicas de aquel partido relatan que la leyenda de Chivas, el arquero a quien minutos antes le habían anotado el penalti, Jaime el ‘Tubo’ Gómez, lleno de ira y de rabia ante aquella derrota, maldijo a Atlas con las siguientes palabras: “Festejen, que no volverán a ser campeones en 50 años. Es más, antes de que me muera no volverán a ser campeones”. Y así fue. El hechizo provocado por aquellas palabras del ‘Tubo’ fue de tal magnitud que incluso se quedó corto.

Leyenda maldita. Tres años después, en 1954, y todavía con resaca emocional por la hazaña conseguida, un representante de la ciudad de Guadalajara obsequió a Atlas con una botella de whisky escocés de la marca Ballantines. En ella se escribió un mensaje: “Propiedad del Club Deportivo Atlas de Guadalajara para destaparse hasta que el equipo Atlas gane un campeonato de primera división”. La botella se hizo un hueco en una de las vitrinas del club, esperando su momento. Un objeto maldito que solo puede ser destruido mediante el arma por la que se creó, la victoria. Como si de un horrocrux se tratase.

El whisky, como el vino, mejora con los años. No solo se hace más sabroso, sino también más valioso. Cada día que pasa aumenta el ansia por degustarlo. Se debe tener mucha paciencia. Por las filas de Atlas pasaron grandes estrellas del fútbol mexicano como Pavel Pardo, Jared Borgetti, Andrés Guardado o Rafa Márquez. No obstante, ninguno de ellos fue capaz de descorchar la botella. La generación del ‘Káiser’ estuvo muy cerca de romper la maldición en el 99, pero una fatídica tanda de penaltis en la final alimentó la pesadilla.

Similitudes. El 9 de diciembre de 2021, Atlas volvía a una final en el torneo de Apertura 2021 y su rival era Club León, equipo al que había superado en 1951. El técnico, Diego Cocca (argentino, como lo era Valdatti, de aquel histórico Atlas de 1951) salió muy descontento del partido de ida, puesto que Club León se impuso por 3-2. Sin embargo, la vuelta, en casa, fue todo lo contrario. “El día de la final, en el Estadio Jalisco, las 54.000 personas presentes teníamos una sensación diferente, sentíamos un color diferente, un aroma diferente. Se podía respirar el nerviosismo, porque podía ser nuestra única oportunidad de ver a Atlas campeón”, relata Paúl, hincha rojinegro desde que tiene memoria.

 

“Tenía la creencia de que si no estaba en las malas, no me podía dar el permiso de disfrutar las buenas. Y pese a que nunca supe si llegarían, puedo decir que valió la pena”

 

El 1-0 anotado por el capitán, Aldo Rocha, valió para llevar el partido a la tanda de penaltis. De nuevo, Atlas se abocaba a un momento inescrutable, en el que la preparación física, técnica y mental se hacía pequeña ante la potencia del azar. Instantes en los que florecen viejos traumas del pasado. No podía ser, no podía volver a ocurrir. Los ‘Zorros’ se lo debían a su afición y a sí mismos, se impusieron a sus propios miedos, rompieron la maldición y ganaron la tanda. Por fin, 70 años después, podían abrir la maldita botella de whisky y dejar de morderse las uñas.

“Tenía la creencia de que si no estaba en las malas, no me podía dar el permiso de disfrutar las buenas. Y pese a que nunca supe si llegarían, puedo decir que valió la pena”, confiesa Paúl. Porque no todos los días puedes beber de una botella de 67 años de conservación. Ni se ganan ligas todos los días. De hecho, es muy posible que solo puedas disfrutar de esa experiencia una vez en la vida. Hay quienes, pero, tienen la suerte de estar en el lugar y el momento oportuno y son capaces de repetir. Atlas lo hizo. Tras descorchar la botella y beber de aquel líquido tan preciado como maldito, la pesadilla había acabado. De nuevo, un representante de la ciudad tentó a la suerte y donó una botella de whisky tras la victoria ante Club León. Pero esta vez, no dio tiempo ni siquiera de acomodarla, porque en mayo de 2022, en el torneo de Clausura, tan solo 5 meses después, Atlas volvió a imponerse en la final. Esta vez, ante Pachuca con un 3-2 en el marcador global. Atlas es bicampeón, ha vencido al bucle, celebra con whisky y no se muerde las uñas.

 


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Fotografía de Getty Images.