El pasado 10 de abril supimos que el gobierno de Dinamarca obligaría a sus ciudadanos a replantearse la idea de divorciarse. Los datos de Statistics Denmark explican que los divorcios en Dinamarca están cerca de llegar al 50% de las parejas, lo que supone un fracaso por cada dos matrimonios. Esto es el doble que en países sureños y de tradición católica como España e Italia. Dinamarca es el mejor país del mundo para hacer negocios, el que tiene mejor sistema de pensiones, el de mayor igualdad de género y donde más deprisa se puede tramitar un divorcio: en menos de una semana, rellenando un breve formulario a golpe de clic, sin hacer acto de presencia y pagando unas tasas de 56 euros. Esto explicaría en gran medida el repunte de tantas separaciones. En el país empiezan a pensar que el impulso para digitalizarse ha ido demasiado lejos en la gestión de sus vidas.

Con este panorama, el actual gobierno conservador ha anunciado recientemente que va a modificar las reglas para tramitar los divorcios. Las parejas que tengan hijos deberán cumplir un ‘periodo de reflexión’ de tres meses antes de que la disolución del vínculo sea válida. Y durante este tiempo se les ofrecerá asesoramiento gratuito.

Dinamarca es el país con una de las tasas más altas de divorcios y con una de las tasas más bajas en destituciones de seleccionadores. El actual técnico, Age Areide, lleva dos años y medio en el cargo, al que llegó a finales de 2015 cuando sustituyó a Morten Olsen. Olsen fue destituido después de no lograr la clasificación para la Eurocopa, tras 15 largos años en el cargo: una sola destitución en todo el siglo XXI no es a lo que estamos acostumbrados en el mundo del fútbol. Quizá aquí habría que invertir la norma: tres meses de reflexión para replantearse la idea de no destituir a tu seleccionador.

 

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