¿Qué te queda por perder cuando no tienes prácticamente nada? ¿Por qué pelear o hacer bien el trabajo cuando este no se recompensa como se merece? En ese caso, la derrota, a pesar de dolorosa, no deja de ser el camino. Dinamarca asumió en 2017 dicha máxima y se ganó el respeto de propios y extraños. De compañeras y compañeros, pero también de rivales. En el vocabulario danés no suele emplearse el ‘por favor’ y quizás es por ello que tampoco se achicaron ni un centímetro cuando tocó poner voz a las injusticias que estaban viviendo en aquel entonces.

Corría el 2019 cuando saltó una de esas noticias del corazón que nos hacen suspirar y creer en el amor y el romanticismo. Pernille Harder, capitana danesa y vestida con la casaca de la selección sueca, esperaba en la grada a su pareja Magdalena Eriksson. Tras llegar la futbolista del combinado sueco, eufórica tras el partido disputado, se fundieron en un beso. Este dio la vuelta al mundo y fueron muchísimos los medios que se hicieron eco de esta muestra de amor. Sin embargo, no demasiados explicaron por qué Pernille Harder, futbolista danesa cuya selección había sido finalista en la Eurocopa de 2017, permanecía en la grada. Y es que Dinamarca había sido apeada en la fase de clasificación al Mundial, tras reivindicar la equiparación salarial entre el combinado masculino y el femenino.

Tras caer doblegadas en la final de la pasada Eurocopa, el cuadro danés tenía muchísimas expectativas por cumplir, muchísimo margen de mejora por delante y se postulaba como una de los combinados más prometedores a dar la sorpresa en 2019. Y todo ello estaba maravillosamente bien. Lo que no encajaba en esa espiral de crecimiento es que las condiciones laborales de las futbolistas continuaban siendo insultantes. Las futbolistas de la selección, con Harder a la cabeza, eran conscientes de los méritos deportivos que habían obtenido. Así pues, y con las hazañas logradas como principal valedor, se lo hicieron saber a la federación. Solicitaban un sueldo mínimo de algo menos de 1.000 euros para todas aquellas futbolistas que no tuviesen contrato profesional con sus equipos, pero muchas de las cuales pasaban más de 70 días al año concentradas con la selección.

Además de las reclamaciones económicas, las futbolistas también reivindicaban igualdad y equidad en las condiciones laborales. Unas peticiones que fueron sistemáticamente desoídas por parte de la federación danesa. Y comenzaron las consecuencias. La primera de ellas, en septiembre. Un amistoso frente a Holanda iba a ser la reedición de la final de la Eurocopa vivida unos meses atrás. No obstante, las danesas optaron por no presentarse al duelo. La tensión entre la federación y el combinado nacional fue incrementándose hasta llegar a mediados de octubre. Suecia y Dinamarca se veían las caras en el partido clasificatorio para el Mundial de 2019. Por aquel entonces, parecía que el clima había disminuido unos pocos grados, en parte por la intromisión del equipo masculino, que se ofreció a bajar sus emolumentos para poder equipararlos a los del cuadro femenino.

No obstante, tras no cerrarse el acuerdo, la selección dirigida por aquel entonces por Nils Nielsen decidió no presentarse al choque clasificatorio. Como no podía ser de otra manera, la FIFA -siempre diplomática y posicionada a favor de las causas justas- optó por castigar a la selección de Dinamarca con una multa de 20.000 euros y darles el partido por perdido. Indignación. Repulsa compartida en ambos bandos. Suecia, que salía beneficiada, apoyó la decisión de sus rivales. “Si todavía se puede decidir qué pasará con el partido, yo apuesto por reprogramarlo”, escribió en sus redes sociales Lindahl, guardameta sueca. “Las futbolistas danesas ya han sido suficientemente castigadas”, apuntilló. Pero nada de eso ocurrió.

 

“No queremos hacernos ricas. Simplemente queremos poder dedicarnos en tiempo completo al fútbol sin tener que combinarlo con otros trabajos para vivir”

 

La FIFA no rectificó y Dinamarca perdió por 3-0. Más allá de la sanción deportiva y económica, también amenazó al combinado danés con suspenderlo durante cuatro años de todas las competiciones que pudiesen disputarse. Tras ello, federación y futbolistas firmaron un pacto de no agresión a través de un convenio de mínimos que sirvió para que disputasen los encuentros posteriores. No obstante, la derrota frente a Suecia ponía en jaque la clasificación. Sería la misma Suecia que en su momento pidió comprensión para las danesas, las que llevarían a las ‘De Rød-Hvide‘ al patíbulo. En el duelo de vuelta, las nórdicas vencieron a las rojiblancas por 0-1 con gol de Jakobsson y Dinamarca, finalista de la Eurocopa, quedaba eliminada y sin posibilidad de acceso al Mundial.

Sin embargo, el fútbol había pasado a ser lo de menos. Meses atrás, las futbolistas publicaron un vídeo en el que reclamaban una mejoría de sus condiciones laborales. “No queremos hacernos ricas”, comenzaba Pernille Harder, máxima referente del fútbol femenino en su país. “Simplemente queremos poder dedicarnos en tiempo completo al fútbol sin tener que combinarlo con otros trabajos para vivir”, sentenció. Una reivindicación que encontró aliados en sus homólogos masculinos. “Somos los dos equipos nacionales. Estamos juntos y nos responsabilizamos los unos de los otros”, afirmó Simon Kjaer, capitán del combinado masculino. “Esperemos que la DBU también este a la altura de sus responsabilidades”, concluyó.

Y como no podía ser de otra manera, las palabras del capitán danés cayeron como un jarro de agua fría en las oficinas. Tras la no presentación frente a Suecia en el partido de ida de los duelos clasificatorios, Kim Hallberg criticó con dureza a las futbolistas de la selección. “Hoy es un día histórico para el fútbol danés, pero por malo”, comenzó. “Ha sido un espectáculo lamentable y grotesco”, continuó el máximo responsable de ambos combinados nacionales. Además, acusó a las futbolistas de tener como rehenes a los aficionados de la selección. Pero aquella reivindicación no cayó en saco roto. Los futbolistas de la selección masculina decidieron rescindir parte de sus emolumentos firmados en su convenio para desencallar la situación y Dinamarca fue líder en la equiparación de salarios de sus futbolistas en la disciplina femenina y masculina.

Perdieron, sí. Perdieron la oportunidad de disputar el Mundial de 2019 y seguir haciendo historia en lo futbolístico. Pero ganaron. Ganaron mucho más que un título. Ganaron derechos. Incluso, más que derechos. Ganaron en dignidad. En integridad como personas. En eso consisten las movilizaciones y las huelgas. Y viéndolo con perspectiva, Dinamarca se quedó fuera del Mundial de Francia 2019 a costa de que sus futbolistas y las que vengan puedan hacer su trabajo en condiciones dignas, al igual que sus homólogos masculinos. ¿Y qué mayor trofeo que ese? Porque ganar también se consigue, en ocasiones, perdiendo.

 


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Fotografía de Getty Images.