Los daneses llegan a Rusia con uno de los equipos más competitivos de su historia. Dinamarca es un pequeño país que, con poco más de cinco millones de habitantes, debería tener dificultades para generar buenos futbolistas, por pura proporcionalidad. En cambio, en los últimos tiempos este supuesto se está incumpliendo y la selección cuenta con un equilibrio de talento muy repartido en todas sus líneas.

En la portería, Kasper Schmeichel es una garantía. En defensa, Kjaer y el joven Christensen son futbolistas de nivel Champions. En el centro, Delaney y Kvist aportan orden y equilibrio. Y, en ataque, el desborde de Pione Sisto y los goles de Jorgensen ponen la rúbrica. En medio de todos ellos, en la sala de máquinas, encontramos a Christian Eriksen, o lo que es lo mismo: la gran estrella del equipo. A Eriksen se le presenta el reto mundialista en el mejor momento de su carrera: Con solo 26 años, lleva ya 278 partidos disputados (entre Ajax y Tottenham), con 66 goles y 85 asistencias. Una barbaridad. Si la afición danesa se ha vuelto a enamorar de su selección es, en gran medida, gracias al papel del futbolista de los Spurs: en la fase de clasificación anotó once goles en 12 partidos, incluido un hat-trick decisivo en la repesca en Dublín.

El equipo, dirigido por el técnico noruego Age Hareide, parece que jugará con una defensa de cinco, con carrileros largos y un juego muy vertical, aprovechando la velocidad de los hombres de arriba y la versatilidad de Eriksen. Un juego directo para el que podría haber sido un buen recurso, en muchas fases, el gigantón Nicklas Bendtner, bregando entre los centrales para generar segundas jugadas gracias a sus 194 centímetros. Lástima que finalmente no haya entrado en la convocatoria. En definitiva, Dinamarca tiene visos de poder estar en octavos, donde -siendo segunda- le podría tocar con toda probabilidad enfrentarse a la Argentina de Leo Messi. Esa ya será otra historia.

 

 

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