Andreas Christensen es uno de los futbolistas con más futuro del fútbol danés. Nació en 1996 en Allerød, un pequeño municipio de 24.000 habitantes situado en la bucólica isla de Selandia. Desde sus inicios en el Brondby fue un talento muy por encima de la media y, cuando cumplió los 16 años, el Chelsea, imponiéndose a otros clubes europeos, se hizo con sus servicios. Jugó en las categorías inferiores del conjunto londinense y llegó a debutar con el primer equipo en 2014, con tan solo 18 años. En la temporada 2015/16 puso rumbo a la Bundesliga, en calidad de cedido. Una cesión que, como tantas otras en el Chelsea, podía presagiar su alejamiento de la élite, pues el equipo blue es poco propenso a dar oportunidades a sus jóvenes en los últimos tiempos.

Nada más lejos de la realidad. En su primer año en Alemania se convirtió ya en uno de los mejores centrales del campeonato y fue elegido por los aficionados del Borussia Mönchengladbach como mejor jugador del equipo, superando por un amplísimo margen a Granit Xhaka en la votación. Así las cosas, y tras culminar otro buen segundo año en el Gladbach, regresó al Chelsea donde le esperaba una durísima competencia. Contra todo pronóstico, en este curso Christensen se ha hecho con la titularidad en muchas fases de la temporada, aprovechando desde el inicio las múltiples bajas del equipo de Conte y el hecho de que el técnico italiano juegue con tres centrales.

Con la selección también debutó muy joven: el 8 de junio de 2015, con 20 años, Christensen entró en el terreno de juego en el minuto 69 en la victoria 2-1 frente a Montenegro. En la fase de clasificación para el Mundial ha jugado seis partidos estrenándose como goleador frente a Irlanda, aprovechando su gran potencial aéreo. En Rusia compartirá el eje de la zaga con Bjelland y Kjaer, replicando, a priori, la defensa de tres centrales a la que se ha habituado en Londres. Será su gran puesta en escena.

 

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