“El que cuando hay lodo, saca el codo y se niega a naufragar”, cantaban los Barricada en los 2000, cuando estrenaron El Trompo. Subidos a un improvisado escenario en la parte trasera de un camión, presentaban el tema mientras los transeúntes, entre curiosidad y admiración, se sumaban al concierto. Un flautista de Hamelin arrastrando greñas y cuernos por doquier y levantando del sueño a la movida madrileña. Pero nunca el rock duro de la selección había sido tan plano e insulso. Notas que se han desafinado y melodías repetitivas por momentos. Grandes artistas cuya música, frente a Dinamarca, sonó por momentos tan relajante como la lluvia.

Y es que en ese lodazal, como decían los pamploneses, llegó la selección a la última cita de la fase de grupos. Tras la derrota frente a Alemania, las futbolistas dirigidas por Jorge Vilda se la jugaban frente a la Dinamarca de Pernille Harder y compañía. Y esa compañía estuvo cerca de hundir a las nuestras en el barro cuando un pase atrás en el corazón del área encontró a Nadim. La danesa sacó un disparo centrado que encontró la dura palma de Paños para mandar el esférico al viento inglés. Pero no fue la única acción peligrosa del conjunto rival. En la primera mitad y durante demasiados compases del partido, la derrota de las nuestras sobrevolaba el césped de Brentford.

España, por su parte, conocía los acordes para que la canción sonase en condiciones, pero el juego desacompasado y la abstracta dirección desde la banda materializó un concierto de centros al corazón del área completamente incomprensible. Sin profundidad ni valentía en las zonas centrales del campo, en parte por la sobrepoblación que se había asentado en esos segmentos del verde, el juego veloz y fluido de la selección se había tornado plácido y calmado como una balsa de aceite. Así pues, en uno de esos servicios llovidos llegó el crescendo. El balón caído del cielo encontró la cabeza de Cardona, que mandó la pelota a guardar y permitió exhalar el suspiro de alivio a jugadoras, cuerpo técnico y afición.

Con el gran subidón llegó la conclusión del partido, pero esos tres pitidos finales sonaron como tres disparos para Amaiur Sarriegi. España llevaba cerca de 180 minutos sin ver puerta entre el último tanto logrado frente a Finlandia y el solitario gol de Cardona ante Dinamarca. Pero parece que en el banquillo también son negacionistas de la sequía goleadora y, quizás por eso, creen prescindible a la segunda máxima goleadora nacional de la Primera Iberdrola. Así pues, la delantera donostiarra calentó, fue llamada a filas y, junto a la cuarta colegiada, comenzó a dar esos leves saltos para no perder temperatura. Movimientos autónomos que denotaban impaciencia. Observó el cartelón. Observaba el marcador. Y final. Sobre la misma línea de cal, Amaiur vio frustrado su debut.

 

Ese es el carácter de las jugadoras y por eso funciona tan bien el símil con Barricada. Llegó el lodo, el naufragio estuvo cerca, pero la resiliencia del colectivo es innegable

 

En el mismo momento, cuando el tanto subió al electrónico y la colegiada dictó sentencia y concluyó la contienda, a la Infanta Sofía se le iluminó la sonrisa en la oscura noche inglesa. Una alegría bastante más palpable que la que denotaba la Princesa Leonor, más comedida en la celebración. Pero es lógica esa diferencia entre ambas si tenemos en cuenta que a Sofía, como es sabido, le apasiona más el balompié. Las hermanas viajaron hasta Brentford en el Falcon, ese avión que pagamos todos, con el objetivo de apoyar a la selección en un partido trascendental. Ambas representantes de la realeza portaban la casaca de La Roja

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, con el diez en la espalda y su nombre estampado en la misma. Y, tras el pitido final, bajaron al vestuario para reunirse con una escuadra que representa a nuestro país mejor que muchas instituciones.

En el verde, las futbolistas abandonaron el césped del estadio de Brentford entre tímidas celebraciones por lo acontecido sobre el terreno de juego. La sensación de haber superado un obstáculo complicado era latente. También la de haberse visto hundidas por momentos, con los nervios que ello provoca. Sensaciones encontradas que, con el paso de los minutos, se distendieron algo más para que arrancara la fiesta. “Bueno, a ver… Obviamente venían las princesas, así que de momento más calmada”, comenzó diciendo Mapi sobre la celebración. “¡Y luego ya… Seguiremos!”, aseguraba la central, más alegre, tras abandonar los vestuarios.

España concluía así la fase de grupos en la Eurocopa. Clasificadas en segundo lugar, el combinado nacional lograba su primer objetivo: materializar el pase a la fase final del campeonato en uno de los grupos más complicados del torneo. Y sobreponiéndose a duros reveses que de forma sistemática han ido golpeando a la escuadra desde que arrancase esta aventura. Pero ese es el carácter de las jugadoras y por eso funciona tan bien el símil con Barricada. Llegó el lodo, el naufragio estuvo cerca, pero la resiliencia del colectivo es innegable. Sacaron el codo, tiraron de oficio, doblegaron a las danesas y lograron su billete.

Si algo ha conseguido esta selección es que, al igual que en el videoclip de la banda musical nacida en Pamplona, sean cada vez más los que se unan a ese camión. El fútbol que crean sus futbolistas, como si de los mejores ritmos musicales se tratase, ha enganchado a miles de aficionados que las siguen y apoyan allá donde van. Y el siguiente concierto de esta gira inglesa será en The American Express Community Stadium. En frente, la gran anfitriona. Las locales, dirigidas por Sarina Wiegman, se han ganado por méritos propios la etiqueta de favoritas. Nuestra selección, por otro lado, ya sabe lo que es ganarle a las británicas a pesar de que su juego se haya desacompasado por momentos. Llegará un duelo de estilos. Sonará el fútbol en estado puro. Y tendrá que vibrar, el Reino Unido, con el mejor rock español.

 


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Fotografía de Getty Images.