El pasado 16 de abril, el ataque de un tiburón obligó a detener el campeonato de surf en Australia. No importa cuando leas esto, pues es tan recurrente como la noticia de un nuevo caso de corrupción en España: de los 80-90 ataques de tiburón que se producen cada año en el mundo, un 20% se registran en las costas australianas.

Este último sucedió cuando un hombre de unos 30 años fue mordido en la pierna frente a Gracetown, al oeste de la isla. El surfista consiguió remar hasta la orilla y un helicóptero de rescate lo llevó a un hospital cercano. Por muy rutinario que pueda sonar, esta ocasión sí que fue especialmente relevante porque incluso se llegó a suspender la competición, ya que según sus organizadores “la seguridad de los participantes y del personal es una prioridad”. Eso sí, al cabo de una hora se reanudó todo y los participantes volvieron al agua sin ningún temor. Así son los australianos: rubios, fuertes y con agallas. Como Mick Fanning, el surfista australiano que hace tres años nos estremeció a todos cuando logró salir vivo de la embestida de un escuelo tras propinarle un puñetazo, antes de escapar nadando. El vídeo circula por YouTube.

Por si fuera poco, el mismo Mick volvió a ser rescatado un par de años después, en la misma playa, durante el mismo campeonato, cuando le merodeaba el mismo tipo de tiburón. Estos tíos están hechos de otra pasta: quizá no tengan demasiados argumentos futbolísticos para pasar a octavos, pero a base de valentía también se han consumado muchos hitos en la historia. Apostamos a que, si lo logran, lo celebran bañándose en el Ártico.

 

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