Como ocurre con los jóvenes de hoy, para Lamine no existen etapas. Se las salta a un ritmo vertiginoso. El que marca su cadera de seda y un tobillo izquierdo privilegiado.
La sonrisa comedida. El flequillo normativo. La estatura justa. La voz decaída, casi un suspiro. Pero un talento abismal. Echamos de menos a David Silva.
El 26 de julio de 1993 fue un día triste por el fútbol español por la muerte de Jesús Castro, exportero del Sporting y hermano de Quini, ahogado en una playa cántabra.
Casi nadie lo recuerda e incluso cuesta encontrar su nombre bien escrito en crónicas y archivos de la época. Pero Günter Ebert estuvo a punto de triunfar en el Barça. Tenía que ser el sucesor de Ramallets.