Apenado, atormentado, deprimido, por el gris, frío, presente en el que sobrevive, por el via crucis, por el árido desierto, por el que transita, desnortado, sin rumbo, desde hace demasiados años; el Recreativo de Huelva, el decano de nuestro balompié, observa, atropellado por la melancolía, por la nostalgia, un pasado tan feliz, tan brillante, como cada día más lejano, cada año más enterrado por el paso del tiempo; doloroso e implacable, imparable. De desilusión en desilusión, de debacle en debacle; el cuadro andaluz, nacido a finales del año 1889, ha ido sumergiéndose en una de las etapas más tristes de toda su historia; pero la hinchada del Nuevo Colombino, convencida de que cualquier tiempo pasado fue mejor, hoy desencantada, pero siempre leal a su Recre, se agarra, se aferra, a los felices, a los preciosos, recuerdos de la gloriosa primera década del presente siglo.

Después de una efímera aventura en la élite del fútbol español, de apenas una temporada (78-79); el conjunto onubense regresó a la máxima categoría dos décadas más tarde (2002), ascendiendo, guiado por Lucas Alcaraz, junto al Atlético de Madrid y al Racing de Santander. El Recreativo, que arrancó el curso perdiendo frente al Málaga (2-3, con un hat-trick del congoleño Kizito Musampa), al Valencia (3-0) y al Celta de Vigo (0-3), no sumó el primer triunfo hasta la octava jornada, cuando se impuso al Osasuna en El Sadar con un tanto de David García Cubillo desde los once metros, y cerró la primera vuelta de la liga en el farolillo de la clasificación, a seis puntos de la permanencia. Los andaluces despertaron en el segundo tramo de la competición, llegando a enlazar hasta siete jornadas seguidas sin conocer la derrota, e incluso arrollaron al Villarreal, en la jornada 31, con un aplastante 5 a 1, con dianas de Emilio Viqueira (2), Raúl Molina, Mariano Pernía y Quique Romero, que les sirvió para salir de los puestos de descenso por primera vez desde la segunda jornada. El conjunto de Alcaraz, con todo, se desplomó, se desvaneció, en las últimas siete fechas de la liga, encajando cuatro derrotas y tres empates que, al término del curso, le situaron en la decimoctava posición; acabando a siete puntos de la salvación y descendiendo a Segunda junto al Alavés, que no pudo frenar su caída libre ni con el cese de José Manuel Esnal, ‘Mané’, y al Rayo Vallecano.

El 28 de junio del 2003, siendo ya, de nuevo, equipo de Segunda, el Recre se midió al Mallorca en la final de la Copa con la ilusión de alzar el primer título de toda su historia

Apenas unos días después de consumarse su caída, siendo ya, de nuevo, equipo de la categoría de plata; el equipo blanquiazul saltó al césped del Martínez Valero para enfrentarse al Mallorca en una final de la Copa inédita con la ilusión de recuperar la sonrisa alzando el primer título oficial de su historia. Decenas de trenes, de buses, miles de aficionados, acompañaron, en aquel esperado 28 de junio del 2003, a un sorprendente, a un desatado, Recreativo que alcanzó el duelo decisivo tras derrotar al Villanueva (1-2, David Gallego y Mario Bermejo), al Almería (0-1, David Gallego), al Betis (0-0 y 1-0, Raúl Molina), al Atlético de Madrid (1-0, Emilio Viqueira, y 0-0) y a Osasuna (2-0, Ignacio Benítez y Raúl Molina, y 2-2, Xisco Muñoz e Ignacio Benítez). El conjunto onubense llegó a la final invicto; pero el Mallorca de Gregorio Manzano, que justo antes de medirse al Recreativo en Elche, había atropellado al Madrid y había ganado al Deportivo de La Coruña, no les concedió ninguna opción a los discípulos de Lucas Alcaraz, que cedieron por un contundente 0-3. Walter Pandiani y Samuel Eto’o, los dos referentes de un equipo que también contaba con Ariel Ibagaza, Miguel Ángel Nadal, Albert Riera, Álvaro Novo o Leo Franco, le dieron el triunfo a un Mallorca que se resarció, así, de las finales perdidas contra el Atlético de Madrid (1991) y el Barcelona (1998).

Tras dos cursos acabando en la zona noble de la tabla de Segunda, el equipo, ya con Marcelino García Toral en el banquillo del Nuevo Colombino, volvió a la élite al proclamarse campeón de la categoría de plata en la 05-06; regresando a Primera junto al Nàstic de Tarragona de Luis César Sampedro y al Levante. El delantero nigeriano del cuadro onubense Ikechukwu Uche compartió, con 20 dianas, el premio al máximo goleador del torneo con José Juan Luque, de un Ciudad de Murcia que, guiado por Abel Resino, acabó en el cuarto lugar, a apenas dos puntos del Levante. Roberto Soldado (Real Madrid Castilla, 19), el croata Mate Bilić (18, Lleida) y el argentino Gastón Casas (Recreativo, 14) completaron el top5 de máximos artilleros de la competición en un curso precioso para un Recre que, en la siguiente temporada (06-07), escribiría las páginas más bellas de toda su historia.

El Recre, ya con Marcelino García Toral en el banquillo del Nuevo Colombino, regresó a la élite del fútbol español al proclamarse campeón de Segunda en la 05-06

Recién ascendido, liderado, desde el centro del campo, por Emilio Viqueira, Jesús Vázquez, el jugador que se ha enfundado la camiseta del decano del fútbol estatal en más ocasiones, y un joven e inquieto Santi Cazorla, cedido en Huelva por el Villarreal; el cuadro onubense consiguió una brutal octava posición; cerrando el curso con un margen de hasta 15 puntos sobre el Celta de Vigo, que descendió a Segunda junto a la Real Sociedad y al Nàstic, y a apenas seis puntos de la Copa de la UEFA. El Recreativo fue, de hecho, uno de los grandes protagonistas positivos de una temporada en la que, en clave nacional, también sobresalió el Sevilla de Juande Ramos; que alzó la Copa del Rey, contra el Getafe, en el Santiago Bernabéu, la Copa de la UEFA, frente al Espanyol, en los penaltis, en Hampden Park, y la Supercopa de Europa; batiendo, sometiendo, al ya decadente Barcelona de Frank Rijkaard por un contundente 3-0 en el Louis II de Mónaco. 

Pero el 3-0 más memorable, más mágico, de aquella campaña, que en la Champions coronó al último gran Milan, se vivió el 20 de diciembre del 2006 en un Santiago Bernabéu atónito; incapaz de creer, de comprender, lo que pasaba ante sí. Luciendo, orgullosos, aquella inolvidable elástica naranja con las mangas granates, los futbolistas del conjunto onubense arrasaron, devastaron, el estadio madridista, en una noche imborrable. «El Recre fue una máquina. Un caudal de fútbol espectacular. El Recre reventó al Madrid en todas las líneas», relataba la crónica del duelo de la agencia EFE. Iker Casillas; Míchel Salgado (Álvaro Mejía), Sergio Ramos, Fabio Cannavaro, que un mes antes había sido premiado con el Balón de Oro, Roberto Carlos; Emerson (Robinho), Guti, David Beckham, Raúl González, Ruud van Nistelrooy y Ronaldo (José Antonio Reyes), que fueron despedidos entre pañuelos por su hinchada, se vieron superados de una forma tan incontestable como insospechada por Javier López Vallejo; Juan Merino, Mario Álvarez, Beto (César Arzo), Poli; Santi Cazorla, Jesus Vázquez, Emilio Viqueira, Aitor Tornavaca; el galo Florent Sinama-Pongolle e Ikechukwu Uche; que tiñeron el cielo de azul y blanco con una victoria eterna, homenajeando, así, a las cuatro personas fallecidas en la madrugada anterior mientras viajaban hacia la capital.

 

«El Recreativo fue una máquina. Un caudal de fútbol espectacular. Reventó al Madrid en todas las líneas»

 

Mirando hacia el cielo, reconvirtiendo la tristeza por el adiós de aquellos a los que la carretera les robó la vida en ganas de unir su nombre, para siempre, al de una noche histórica; el Recre «logró la victoria más importante de su larga historia en uno de los días más tristes para el equipo. Los jugadores del decano celebraron con sus aficionados la proeza; aunque siempre con la mente en los hinchas que perdieron la vida en el camino. Sin duda, el triunfo fue para ellos», acentuaba Marca. «El fútbol es un pretexto para la diversión, la fiesta y la alegría; una excusa para ser feliz y para alejarse de los problemas cotidianos. Sin embargo, en esta ocasión fue el responsable indirecto de una desgracia que golpeó con dureza, sin piedad, al Recreativo. Es en estos momentos cuando uno reflexiona, coloca al fútbol en su verdadera dimensión y relativiza problemas que antes parecían enormes, gigantes, y que ahora no pasan de meras anécdotas», afirmó Óscar García en un precioso texto en El País, titulado El Bernabéu llora goles.

«El Recre cierra el 2006 con un triunfo que sabe a gloria, pero golpeado por la desgracia, después de que Marcelino García Toral y sus hombres, con un fútbol tan atrevido y alegre para la vista como efectivo, hayan completado un primer tramo de la temporada que solo se puede calificar como sensacional, impecable», destacaba García en un artículo en el que enfatizaba las virtudes de un Recreativo que se impuso al cuadro blanco, que acabaría alzando el título tras un emocionante rifirrafe con el Barcelona, gracias a las dianas de Sinama-Pongolle, que cerraría el curso con 12 goles, de Uche y de Viqueira; que, ya en el epílogo del partido, firmó el 0-3 definitivo con un magistral, precioso, lanzamiento de falta, inalcanzable para Iker Casillas.

Aunque en aquel verano llegaron en el Nuevo Colombino hombres como Martín Cáceres, que cuajó una 07-08 tan extraordinaria que al cabo de un año el Barcelona desembolsaría más de 15 millones de euros para hacerse con sus servicios, el portugués Carlos Martins, procedente del Sporting lisboeta o Javier Camuñas, que cambió el Xerez por el Recreativo; los adioses de Cazorla, de Viqueira, de Uche y sobre todo de un Marcelino García Toral que se marchó hacia Santander para llevar al Racing hasta la Copa de la UEFA fueron una losa gigantesca para los onubenses; que, ya con Víctor Muñoz en el banquillo, llegaron al ecuador de la campaña en el decimonoveno puesto. El equipo, resiliente, recuperó el pulso de la mano de Manuel Zambrano; con el que el Recre, que en las últimas 16 fechas consiguió tantas victorias como derrotas (6), además de cuatro empates entre los que se incluye un 2-2 contra el Barça, con un doblete de Marcos Rubén. El conjunto onubense acabó el curso en el decimosexto puesto; con dos puntos más que un Zaragoza que descendió junto al Murcia y al Levante.

Después de salvarse del infierno por apenas unos centímetros en la 07-08, el conjunto andaluz acabó volviendo a Segunda División al final de la siguiente campaña; incapaz de sobreponerse la marcha de un Sinama-Pongolle que despertó el interés del Atlético de Madrid a base de goles. Tanto Camuñas como Adrián Colunga, que llegó procedente de Las Palmas para cubrir el adiós del máximo goleador de la historia del Recreativo en la élite del fútbol español (22), firmaron una gran temporada; pero la nefasta, pésima, segunda vuelta que completó el equipo, sumando tan solo cuatro de los últimos 39 puntos posibles, condenaron al conjunto onubense, que acabó último con 33 puntos; muy lejos de los 42 que le sirvieron al Getafe para regatear, para esquivar, un descenso que también se llevó por delante al Betis y al Numancia. Cerrando el círculo, Lucas Alcaraz había vuelto al banquillo de la Nueva Condomina a raíz del cese de Manuel Zambrano al inicio de la 08-09, pero ni siquiera él, el artífice, el padre, del mejor Recreativo de Huelva de toda la historia pudo evitar que el club se despidiera, quién sabe hasta cuando, de la Primera División; de la categoría a la que la afición onubense, desde el árido desierto de la Segunda B, sueña con regresar algún día, más pronto que tarde, para volver a escribir la historia con tinta azul y blanca.