“La gente no cree en los unicornios. Y como la gente no cree en los unicornios, los unicornios no aparecen”. La cita, proclamada por la hija de un Enrique Ballester que la recoge en una de aquellas columnas que han acabado convirtiéndose en poco menos que una nueva religión de culto, sirve también para ilustrar la mística comunión que se estableció en los Campos de Sport de El Sardinero en la 07-08, cuando el mejor Racing de Santander de la historia moderna, espoleado por una hinchada absolutamente volcada con los Gonzalo Colsa, Aldo Duscher, Óscar Serrano, Pedro Munitis, Mohammed Tchité y compañía, escrutó los límites de sus propios horizontes. El conjunto cántabro, tan acostumbrado a tener que pelear de forma agónica para evitar el descenso a Segunda División, desafió la lógica y, convertido en el equipo revelación de la temporada de la mano de Marcelino García Toral, se clasificó para la Copa de la UEFA por primera vez en sus 95 años de historia, poniendo así el broche de oro a una campaña extraordinaria e inesperada en la que fue apeado de la Copa del Rey en unas semifinales de cruel e infausto recuerdo para todo Santander por el tanto con el que Javier Casquero certificó el pase del Getafe a la final mientras Ezequiel Garay, lesionado, se lamentaba en el suelo.

El Racing tan solo había saboreado las competiciones europeas en 2003, cuando, todavía presidido por el polémico Dimitri Piterman, fue eliminado en los cuartos de final de la desaparecida Copa Intertoto por el Slovan Liberen checo, pero un tanto del canterano Iván Bolado en el minuto 86 de aquel inolvidable encuentro contra Osasuna en la última jornada le expidió un billete para embarcarse en la aventura más apasionante de toda su historia.

 

Al Racing le tocó medirse a Manchester City, Paris Saint-Germain, Schalke y Twente en su primera aparición en la Copa de la UEFA

 

El director de la nave, un Marcelino que en su única temporada en Santander lideró al equipo hasta su mejor clasificación liguera, tan solo por detrás del segundo puesto de la 30-31, decidió abandonar el proyecto por sorpresa (“Los objetivos conseguidos son superiores a los previstos, una segunda temporada podría suponer la pérdida del encanto. Esta bonita e inesperada historia que nos ha tocado vivir podría cambiar. Es difícil superar esto. En el fútbol todo depende de si el balón entra o no”); pero su sustituto en el banquillo de El Sardinero, Juan Ramón López Muñiz, aceptó el reto con ambición, consciente de que “jugar en Europa es un privilegio”. “Es un orgullo poder disfrutarlo. Hay gente que se pasa toda la vida entrenando y no puede disputar una competición europea. Es una temporada para disfrutar”, proclamaba el técnico asturiano en una entrevista en la página web de la UEFA.

El primer once de la historia del Racing de Santander en la Copa de la UEFA: Fabio Coltorti, César Navas, Ezequiel Garay, Oriol Lozano y Peter Luccin; Juanjo Expósito, Óscar Serrano, Edu Bedia, Jonathan Pereira, László Sepsi y Jorge Gonçalves.

Justo después de arañar un meritorio empate de un Camp Nou que todavía no acertaba a adivinar la magnitud de la obra que allí empezaba a construir Pep Guardiola, justo antes de medirse al Real Madrid en El Sardinero, el 18 de septiembre del 2008 el conjunto de Santander se dispuso a cumplir el sueño de debutar en la Copa de la UEFA. “Nunca me hubiera imaginado esto, regresar al Racing para verlo jugando en Europa. Yo solo pensaba en volver a jugar en Santander y en luchar por lo de siempre, por mantener la categoría y por sufrir. Esto es lo máximo”, proclamaba Pedro Munitis, toda una institución del balompié cántabro, en la antesala del encuentro contra el Honka finlandés, correspondiente a la última ronda previa a la fase de grupos. Precisamente, la suplencia del menudo atacante de Santander, unida a la de Tchité y a la decisión de no convocar a Colsa de un Muñiz que empleó el partido para dar descanso a los titulares hasta el punto de alinear a tan solo dos de los futbolistas que jugaron contra el incipiente Barça de Guardiola (Óscar Serrano y Garay, que no podía jugar contra el Madrid porque el vigente campeón de liga, justo después de desembolsar hasta diez millones para hacerse con sus servicios, lo había dejado cedido en El Sardinero con la ‘cláusula del miedo’), enfadó en un primer momento a la hinchada racinguista, incapaz de comprender que el técnico gijonés no les regalara el premio de disputar aquel partido a los jugadores que tanto se lo habían trabajado y que corriera el riesgo de no ir a por todas desde el primer momento para mantenerse vivos en una competición de la que no querían despedirse jamás.

Con todo, después de batir al Honka por 1-0 con un tanto de Jonathan Pereira en el que fue el bautismo europeo del Racing, después de volver a derrotarle por 0-1 con una diana de Edu Bedia en Helsinki, donde el modesto conjunto finlandés trasladó el encuentro de vuelta para contar con un número mayor de aficionados, el cuadro cántabro entró por fin en el sorteo de la fase de grupos, que repartió los 40 equipos clasificados en ocho grupos sin tener demasiada clemencia con el Racing, encuadrado con cuatro clubes con una gran tradición futbolística: el Manchester City, el Paris Saint-Germain, el Schalke 04 y el Twente. Los cinco equipos de cada grupo, de los que hasta tres accedían a la siguiente fase, tan solo debían disputar cuatro partidos cada uno (dos como local, dos como visitante), así que el hecho de sumar apenas un punto en las dos primeras jornadas (1-0 contra el Twente en el Arke Stadion, 1-1 contra el Schalke 04 de Manuel Neuer, Kevin Kurányi, Jefferson Farfán, Ivan Rakitić y Rafinha en El Sardinero) lastró demasiado las opciones de los discípulos de Juan Ramón López Muñiz.

Pero lejos de rendirse, el 27 de noviembre del 2008, tres años antes de que el dinero catarí desembarcara en París para transformar el Paris Saint-Germain en uno de los grandes equipos del Viejo Continente, el Racing se plantó en el Parque de los Príncipes con la intención de conquistar uno de los estadios más glamurosos del balompié europeo. Los dos tantos de Mateja Kežman y Péguy Luyindula en los primeros 32 minutos amenazaron con dejar el encuentro sentenciado en la primera mitad, pero el cuadro de Santander, espoleado por los miles de aficionados que alentaron a sus futbolistas desde las graderías (“Ver a 5.000 cántabros cantando montañesas y portando banderas del Racing en París fue inolvidable”, reconocía hace unos años el presidente de la federación de peñas racinguistas en el ABC), reaccionó para empatar el partido gracias a un tanto en propia puerta de Sammy Traoré y a un soberbio e imborrable obús de Gonzalo Colsa desde el balcón del área de Mickaël Landreau.

 

Tras sumar dos empates y una derrota, el duelo contra el City en la última jornada de la fase de grupos marcaría el devenir del Racing. Para pasar, debía igualar la diferencia de goles del PSG ante el Twente

 

Tras sumar dos empates y una derrota en los tres primeros partidos, el duelo contra el Manchester City en el Sardinero de la última jornada de la fase de grupos, disputado el 18 de diciembre de 2008, marcaría el devenir del Racing en la Copa del UEFA. Para optar al tercer puesto, y acceder así a los dieciseisavos de final, al conjunto cántabro le valía con ganar al cuadro citizen por la misma diferencia de goles que consiguiera el PSG contra el Twente en el Parque de los Príncipes, e incluso con vencer por un tanto menos, pero marcando el mismo número de goles que el cuadro francés. En caso de que santanderinos y parisinos no lograran batir al City y al Twente, que ya estaban clasificados para la siguiente fase, acabaría tercero un Schalke que descansaba en la última jornada.

La situación no parecía nada fácil. Por mucho que el City afrontara el duelo sin ninguna presión, el cuadro inglés, que desde hacía unos meses ya era propiedad de un grupo inversor de los Emiratos que escenificó su ingente potencial económico al desembolsar 43 millones para convertir a Robinho en el futbolista franquicia de un equipo que también contaba con hombres como Joe Hart, Vincent Kompany o Pablo Zabaleta, se presentaba como un rival verdaderamente complicado que necesitaba la victoria para asegurarse el liderato (el equipo que acabara primero de grupo se enfrentaría a un tercero, mientras que el que terminara segundo se mediría con uno de los equipos que llegaran procedentes de la Champions League) y para templar las agrias críticas que estaba recibiendo el equipo, decimoséptimo en la Premier League.

Con todo, lo cierto es que el Racing convirtió al conjunto citizen en un simple juguete. Sometidos de forma incontestable por el cuadro local, los pupilos de Mark Hughes -Kasper Schmeichel; Pablo Zabaleta, Micah Richards, Tal Ben Haim, Javier Garrido; Dietmar Hamann; Darius Vassel, Elano (Vincent Kompany, m. 61), Gelson Fernandes, Robinho (Stephan Ireland, m. 46); y Ched Evans (Felipe Caicedo, m. 76)- pudieron hacer poco más que ejercer de comparsa de un equipo que, amparado en la fiabilidad de Fabio Coltorti, Juan Valera, César Navas, Ezequiel Garay e Iván Marcano, en la contundencia de Gonzalo Colsa (Mehdi Lacen, m. 77) y Peter Luccin y en el talento de Pedro Munitis, Óscar Serrano, Jonathan Pereira, Juanjo Expósito y Mohammed Tchité, les arrolló con un balompié aguerrido, alegre, desacomplejado e intenso. 

El primer tanto local llegó en el minuto 20, poco después de un primer aviso de Valera. Munitis, el más listo de la clase, sirvió una falta para que Serrano ganara la línea de fondo antes de poner un pase medido al área pequeña citizen, justo donde apareció Pereira para recoger un rechace de Schmeichel y celebrar el 1-0. Tan solo tres minutos después, Stéphane Sessègnon anotaba el 2-0 para un PSG que se había avanzado por mediación de Mateja Kežman; pero el Racing, embarcado en una tarde frenética en los que los transistores se convirtieron en un elemento inseparable de los sufridores hinchas cántabros, reaccionó rápidamente con una diana de Óscar Serrano (30’), que convirtió el silencio en euforia al culminar una preciosa pared con Pereira batiendo a Schmeichel en el uno contra uno. Los pupilos de Muñiz todavía pudieron aumentar su ventaja antes del descanso, pero el colegiado belga Serge Gumienny no apreció penalti en dos polémicas caídas de Serrano y Pereira en el área de un Manchester City que estaba celebrando su partido número 50 en la Copa de la UEFA de la peor manera imaginable.

 

El Racing ha cuajado un encuentro sobresaliente. Le ha dado un baño a todo un Manchester City, pero ha sido insuficiente. Final más que digno a la primera aventura europea del club”

 

Sin Robinho, sustituido por Stephen Ireland en el descanso después de una primera mitad en la que estuvo completamente desaparecido, el encuentro siguió el mismo guion en la segunda parte. Cuando ni siquiera se habían jugado diez minutos, el Racing sentenció el partido por mediación de Valera. Todo parecía perfecto, más aún cuando el PSG erró un penalti. Tchité incluso se permitió el lujo de fallar a puerta vacía después de deshacerse de Schmeichel, pero entonces, cuando más cerca de materializarse parecía estar la proeza, todo empezó a torcerse.

Nadie podía imaginarse lo que sucedería entre el minuto 84 y el 86, cuando Kežman y Péguy Luyindula situaron contra las cuerdas al cuadro de El Sardinero, obligado a anotar de nuevo para acceder a los dieciseisavos de final, para completar la gesta. “Está demasiado cansado el Racing para atacar, no le queda nada en el depósito. Aunque son los cántabros los que necesitan un gol, son los ingleses los que están atacados”, relataba Marca en directo. Los hombres de Muñiz, exhaustos, no solo no consiguieron el tanto que les hubiera dado la clasificación, sino que, además, Felipe Caicedo maquilló el resultado en el minuto 92, certificando el cruel desenlace para un Racing que se despidió de la UEFA entre desoladas lágrimas, que murió en la orilla, a un solo gol de la gloria que el balompié decidió negarle.

“Qué injusto es a veces el fútbol. Hace diez minutos el Racing estaba virtualmente en dieciseisavos y dos goles seguidos del PSG al Twente y otro de Caicedo para el City le despiertan del sueño europeo. El Racing ha cuajado un encuentro sobresaliente. Le ha dado un baño a todo un Manchester City, pero ha sido insuficiente. Final más que digno a la primera aventura europea del club”, narraba la crónica de Marca. “Fiasco. Un equipo no hizo nada y se lo llevó todo, el otro lo hizo todo y no se llevó nada. El City ha acabado primero de grupo, pero deja España humillado por un debutante en Europa como el Racing. Tuvo suerte de perder solo por 3-1. Nadie se hubiera extrañado si el Racing hubiera conseguido el cuarto. Pero cuando el Racing estaba volcado al ataque para conseguir el resultado que merecía, el City consiguió el gol que no merecía”, añadía, desde el Reino Unido, la de The Guardian.

Ciertamente, al Racing, aquella victoria histórica e inesperada no le valió para nada más que para despedirse con dignidad de la Copa de la UEFA, pero le valió para despedirse con dignidad de la Copa de la UEFA. “No debe quedar sensación de fracaso. Hay que quedarse con el buen sabor de boca que ha dejado el Racing. Hemos hecho un trabajo sensacional”, insistía en enfatizar Juan Ramón López Muñiz desde las entrañas de El Sardinero. Y es que, efectivamente, el inalterable paso de los años ha convertido aquella eliminación en una de las más dulces de la historia del balompié, una realidad acentuada por el triste periplo desierto que le ha tocado vivir al club. Cierto es que el Manchester City, igual que el Paris Saint-Germain, aún no era el gigante que es en la actualidad, pero, diez años después, la hinchada racinguista, tan nostálgica de su pasado como orgullosa de él, todavía atesora aquellos momentos, imborrables e inolvidables para una afición que, aunque, como los protagonistas de Dark, vive atrapada entre un triste presente y un ayer al que desconoce cómo regresar, continúa soñando con volver algún día al lugar que le corresponde, entre los más grandes del balompié nacional.