«Se me ponen los pelos de punta al recordarlo», arranca, feliz, aún emocionado, Armando Ortiz, el orgulloso capitán de un Real Murcia que hace justo una semana hizo historia al alzar el trofeo de la 27ª edición de la Copa Federación tras vencer al Tudelano en la tanda de penaltis (1-1, 4-2); cogiendo así el testigo del Mirandés e inscribiendo su nombre en el palmarés de un torneo en el que el gran dominador continúa siendo el Puertollano con tres títulos (1993-94, 2005-06 y 2010-11); uno más que los dos que descansan en las vitrinas del Real Jaén (1951-52 y 2008-09), del Pontevedra (2006-07 y 2017-18) y del Ourense (2007-08 y 2013-14).

Sin nada que perder, el conjunto grana se plantó en la final, disputada, ante 6.074 hinchas, en la Nueva Condomina, recién renombrada como Enrique Roca de Murcia, después de batir al Vélez malagueño en dieciseisavos (0-2), al Talavera de la Reina toledano en octavos (1-0), al Linense gaditano en cuartos (2-1) y al Castellón en las semifinales (0-3). «Empezamos con ganas e ilusión. Conforme iban pasando fases, semanas, meses, fuimos convenciéndonos de que podíamos ganar el título. ‘¿Por qué no?’, nos decíamos», rememora el futbolista murciano.

 

«Fue la leche. Fue un momento único. Irrepetible. Brutal. Para todos. Lo llevaremos siempre dentro. Fue impresionante. Hubiésemos pagado por vivir todo eso»

 

Ya en la final; el Tudelano, que había obtenido el billete para disputar el duelo que determinó el nuevo campeón de la copa venciendo al Cortes y el Izarra navarros, al Calahorra riojano y al Coruxo pontevedrés, se avanzó en el marcador en el amanecer del partido, en el minuto 6, por mediación de Diego Suárez; pero, en el 61′, Alberto Toril restableció el equilibrio inicial para el batallador Murcia de Adrián Hernández; que, al igual que el Tudelano, el Coruxo y el Castellón, jugará la Copa del Rey como premio por haber llegado a las semifinales de la Copa Federación. El conjunto local, que este próximo martes recibirá al Racing de Santander en una de las eliminatorias de la primera fase del torneo del KO, acabó imponiéndose al Tudelano en una tanda de penaltis en la que brilló el meta Tanis Marcellán y en la que Juanra Martínez, con un fuerte disparo ajustado al palo derecho del arquero rival, le dio la copa al Murcia; justo delante del gol en el que se hacinaba la extasiada, emocionada, hinchada local.

«‘No podemos fallar. Este título tiene que ser nuestro. No se nos puede escapar’, pensamos todos después de su gol. Y, al final, el guion del día fue redondo. Más bonito, imposible. Fue la leche. Si te pones a escribirlo no puedes ni imaginar un final tan bello, tan bonito, tan épico. Fue un momento único. Irrepetible. Brutal. Para todos. Para todos los que lo hemos vivido, que lo hemos sentido. Jugadores, cuerpo técnico, trabajadores del club, directivos, afición. Lo llevaremos siempre dentro. Fue impresionante, impresionante… Hubiésemos pagado por vivir todo eso», reconoce el polivalente centrocampista, de 29 años, de Murcia; que entró al terreno de juego en el minuto 90 y que abrió el camino hacia el triunfo al transformar la primera pena máxima de la tanda para el cuadro local.

«No tengo palabras para definir lo que se vivió el jueves. No las tengo. Nunca me había imaginado levantando un título en el palco de la Condomina. Con el Murcia. Poder celebrarlo en casa. Con nuestra gente. Jamás me lo había imaginado. Y aún menos con los malos años que llevamos a nivel económico e institucional, estando en la nada. Cuando me vinieron a buscar para ir a alzar el trofeo iba andando sin saber hacia dónde iba; emocionando, intentando autoconvencerme de que sí, de que habíamos ganado. Cuando levanté la copa fue un momento espectacular. Fue impresionante, brutal; con toda la gente, mi familia, mis amigos, mis compañeros de equipo, mirando hacia arriba, con los brazos alzados, gritando. No me lo creía. ‘Es imposible que estemos viviendo todo esto’, me decía mientras andábamos con la copa por el césped. La levanté con mucha rabia. Ya era hora de que nos tocara vivir algo así, tan bonito, ver a la gente sonreír, llorar de alegría; después de todo lo malo, de tanto sufrir. Puede ser más o menos importante, pero es un título. Es un título. Y es como si hubiésemos ganado la Champions«, acentúa Armando, feliz.

La Copa Federación significa un balón de oxígeno, «un gran premio», para un Murcia que, tras ser revitalizado y salvado por su hinchada de una muerte que parecía inevitable, ya comienza a adivinar la luz al final del túnel en el que malvive desde hace ya demasiado tiempo; apenado por ver como los días más gloriosos de su casi centenaria historia van quedando enterrados por el inalterable paso de los años. «Si la afición le hubiese girado la espalda al club creo que, sintiéndolo en el alma, este habría desaparecido. Si no llega a ser por la afición ahora muchos estaríamos llorando. Gracias a ellos, y a mucha gente, el Real Murcia sigue hacia adelante, en pie. Hemos pasado momentos duros, difíciles, pero día a día nos vamos acercando a la estabilidad. Estamos en la dirección buena. Este es el primer curso de los seis que llevo aquí en el que estoy disfrutando de verdad. Todo es más cercano. Todos estamos más unidos. Veo mucha ambición. Sabemos que subir es muy difícil, pero queremos volver a mirar hacia arriba; con trabajo e ilusión. ¿Por qué no podemos llegar a conseguirlo?», asegura el capitán de un Murcia que ansía regresar a Segunda; sepultar de una vez por todas el cualquier tiempo pasado fue mejor, reverdecer unos recuerdos que, a un año de los 100, resultan demasiado inalcanzables.

 

«Nunca me había imaginado alzando un título en la Condomina. Con el Murcia. Poder celebrarlo en casa. Con nuestra gente. Nunca. Es como una Champions«

 

Ningún equipo ha jugado más cursos (53) que el Murcia en Segunda División ni se ha coronado campeón de la categoría en más ocasiones (ocho: 1940, 1955, 1963, 1973, 1980, 1983, 1986 y 2003), pero el cuadro grana, que ha ido coleccionando debacles, desilusiones, hace ya más de cinco años que no pisa la categoría de plata del fútbol español; desde que al término de la 2013-14, tras acabar la campaña en un cuarto puesto que incluso le permitió disputar el playoff de ascenso a Primera, en el que dobló la rodilla frente al Córdoba, fue castigado con un descenso administrativo a Segunda B que le hirió de muerte. Aquel verano, con el Murcia agonizando en el purgatorio, se unieron los caminos del conjunto grana y de Armando Ortiz, que deshizo un acuerdo con el Jaén para recalar en el club de su vida, de su tierra; en el equipo que veía en la tele, al que siempre había querido llegar, desde pequeño. «Siempre he seguido al Murcia. Siempre. Soy tan murciano como murcianista. Lo he mamado desde que era pequeño. Y ahora defender la camiseta que ya me ponía cuando era un niño, capitanear al club de mi corazón, es increíble. Estoy viviendo el mejor momento de mi vida. Puedes jugar en el Madrid, en el Barcelona o donde tú quieras; pero al final jugar con el equipo de donde tú eres, de tu tierra, no lo supera nada. No hay nada mejor que eso», reivindica el centrocampista murciano, que se encuentra a un paso de entrar en el TOP-10 de jugadores que han vestido la camiseta grana en más ocasiones, con un total de 190 partidos.

El Murcia, que estuvo muy cerca de materializar el regreso a la categoría de plata en la 2014-15, la 2015-16, la 2016-17 y la 2017-18, ocupa ahora la novena posición del grupo 4 de Segunda B, a nueve puntos del playoff; pero, reforzado anímicamente tras redondear una semana fantástica venciendo al líder, el Cartagena (2-0), en el derbi de la región, afronta el presente con ambición. Así lo enfatiza Armando Ortiz, un hincha que tiene la suerte de vivirlo todo en el césped: «Hemos estado cerca. Hemos pensado, incluso, que ya estaba hecho, que ya era nuestro, que ya no se nos podía escapar. Nos hemos llevado palos gordos. Y creo que algo bueno, bonito, nos tiene que llegar. Mi gran sueño, mi gran objetivo, es bañarme en La Redonda. Por qué mentir. Mi sueño es llegar en autobús a La Redonda y verla llena de gente; de gente feliz, llorando. Y bañarme. Si ascendemos con el Murcia podría retirarme en paz. Podría acostarme sabiendo que he hecho los deberes. Devolviendo al equipo de mi tierra donde se merece estar el fútbol habría terminado para mí. No podría pasarme nada mejor. Este es mi objetivo. Y este es el sueño que quiero hacer realidad antes de morir».