Se marcha el último superviviente de los gloriosos años del Deportivo. Ese mismo que durante 482 partidos construyó un raíl a lo largo de la banda. Subir y bajar. Bajar y subir. Ahí lo podías encontrar de lunes a domingo, sobre todo los fines de semana. En verano se llevaba una sombrilla a la banda y durante el invierno se abrigaba, estaba en su ecosistema. Manuel Pablo deja el fútbol a los 40 años. Sí, es él quien lo abandona y no al revés. Aún tenía contrato y su primera intención era continuar, pero ahora ha decidido dar un paso hacia un lado. Que sea otro quien plante su sombrilla en la banda de Riazor, que sea otro quien construya una vía férrea.

Manuel Pablo llegó a A Coruña en 1998 y durante los siguientes años fue considerado uno de los mejores laterales del mundo. Fue tal su nivel que clubes como Real Madrid o Inter de Milán querían hacerse con sus servicios. No sería una locura pensar que su versión actual podría tener muchos minutos en el Inter. Uno de los momentos más duros de su carrera, y conocidos, coincidió durante un derbi gallego ante el Celta. En aquella época Manuel Pablo era un avión, un auténtico ciclón que recorría la banda. Pero en una acción fortuita chocó con Everton Giovanella, sufriendo una fractura de la tibia y peroné. Lloró Riazor. Lloró Giovanella. En esa acción, sin aparente riesgo, había cambiado de manera drástica la carrera deportiva de un futbolista que no conocía límites, que no tenía techo.

Pero volvió, claro que volvió. ¿Se iba a retirar así un tipo como Manuel Pablo? No. El canario es el típico tío que con cuarenta grados en pleno verano se pone a jugar a frontenis, y lo hace a las cuatro de la tarde. Es cierto que jamás alcanzaría el nivel que proyectaba antes de caer lesionado, pero quizá por eso resulta tan meritoria su carrera. De todas formas, en las siguientes temporadas es cuando empiezan a llegar los títulos. Dos Supercopas y la mítica Copa del Rey, la Liga ya la consiguió antes de la lesión. Es que Manuel Pablo ha sido un fijo en el mejor Depor de la historia, y han pasado por allí muy buenos jugadores. Una pléyade de futbolistas que desafiaban a Europa y dominaban la liga española. Le quedó pendiente un último asalto en la Champions, pero siempre tendrá en el recuerdo aquella noche ante los Cafú, Maldini, Shevchenko, Seedorf, Pirlo o Kaká. En aquel momento Cafú era el mejor lateral derecho del mundo, pero a Manuel Pablo le dio igual. Cuatro a cero y a otra cosa.

Manuel Pablo 3

 

Casualidad, o no, se ha retirado la misma temporada que otra leyenda: Juan Carlos Valerón. Los dos canarios compartieron éxitos en el Depor, y ambos han pasado por la UD Las Palmas. El destino ha querido que dejen el fútbol con los dos equipos de sus corazones una temporada más en Primera División. El último partido de Manuel Pablo fue ante el Real Madrid, un equipo que se le dio bastante bien durante toda su carrera y que llegaba a Riazor jugándose la Liga. Su último duelo fue ante Gareth Bale. Un duelo de OK Corral. El galés no disparaba con balas de fogueo, iban directas a donde más duele. Una y otra vez corría Bale y Manuel Pablo varios metros por detrás, qué tarde llegaba este duelo. Habría sido bonito haber vivido un enfrentamiento así dos décadas atrás. El canario no deja apenas goles ni asistencias, pero sí un oficio que bien podrían copiar todos los jóvenes jugadores del Depor.

Al ya ex capitán le quedarán siempre los títulos cosechados, la regularidad de un gran defensa y sobre todo sus carreras por la banda. No solo vivió momentos buenos, también vivió en primera persona el drama del descenso. Pero al menos, antes de colgar las botas, le dio tiempo a poner a su equipo en el lugar que le corresponde. Uno sabía dónde estaría Manuel Pablo cada inicio de temporada, ahí sobra la línea de cal. Es como cuando llega el mes de julio y sabes que a las tardes estará el Tour, nunca falla. Ahora ocupará un cargo en la dirección deportiva, hará de enlace entre los jugadores y directivos. Costará mirar hacia esa zona del campo y no ver al lateral. El esfuerzo hecho persona, el canario hecho gallego. Manuel Pablo ha sido más grande que el trofeo Teresa Herrera, y eso es mucho decir.