Tras el colapso y desmembramiento de la URSS, Rusia jugó su primer partido bajo su estatus actual el 16 de agosto de 1992, ante México. Un amistoso en el que los rusos se impusieron por 2-0 con goles de dos hombres del Spartak a los que pronto veríamos en la liga española: Valeri Karpin y Dmitri Popov. El elegido para llevar el brazalete de capitán en aquella señalada cita fue el portero Stanislav Cherchesov, hoy seleccionador. Las 15.000 personas que acudieron al encuentro no sirvieron para llenar el estadio del Lokomotiv, en Moscú, pese a que, con motivo de la histórica ocasión, la entrada era gratuita.

Los rusos acababan de participar en la Eurocopa de Suecia bajo la bandera de la CIS, la Comunidad de Estados Independientes, que ocupó la plaza de la desaparecida URSS, previamente clasificada. Dos empates y una derrota fue el balance de aquel torneo que solo se teñiría del rojo danés. Fue el discreto final de una era y el inicio de otra que no invitaba al optimismo deportivo ni al fervor popular. Pero aquel 2-0 empezó a mostrar que el equipo del recién nombrado seleccionador, Pavel Saydrin, pese a que no pudo contar con algunos de los futbolistas que jugaban en el extranjero, atesoraba cualidades interesantes. Unas sospechas que se confirmarían cuando el nuevo conjunto ruso logró superar su primer reto: clasificarse para el Mundial de 1994.

 

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