Los aficionados del Fulham no habían pisado Wembley en 43 años, desde la final única final de FA Cup de su historia, en la que se vieron superados por el West Ham. Una derrota, esa de 1975, entrañable para los hinchas de un club tradicionalmente abonado a logros menores, que sin embargo ahora ya podrán evocar su presencia en la catedral del fútbol con un recuerdo ganador. Los Whites se impusieron al Aston Villa en la final del play-off de la Championship, haciéndose de este modo con la última plaza disponible para la próxima Premier League, a la que regresan después de tres temporadas de ausencia. Un gol de Tom Cairney y minutos y minutos de lento sufrimiento culminaron con una explosión de alegría. 1-0 y una fiesta en Wembley en la que, más allá de las letras tradicionales, los hinchas del Fulham no pudieron evitar entonar una de sus canciones de moda: “Mitro is on fire / your defence is terrified“, una version del Freed from Desire de GALA, revisitado hace un par de años por los supporters del Wigan y de Irlanda del Norte para honrar a otro delantero, Will Grigg, como protagonista. En el caso de Mitro, ese ‘fuego’ no es solo una metáfora que indica una buena racha racha; su ignición es casi literal. Cuando la chispa se enciende en su cabeza, más les vale a los defensores estar preparados para el envite; el gol, para Mitro, es pura violencia, choque, conflicto. Una válvula a través de la que se libera. “Mi padre me dijo que sería un criminal o luchador de kick boxing”, llegó a declarar. Si no hubiese sido futbolista, ese chico revoltoso que llevaba de cabeza a sus progenitores se tendría que haber buscado otro empleo en el que pudiera descargar su adrenalina. Pero tan impredecible es Mitro que, efectivamente, acabó siendo futbolista. En Rusia, disputa su primer Mundial. Con su capacidad goleadora y su sangre caliente, es una de las principales bazas de la Serbia de Mladen Krstajic para, al fin, dejar buenas sensaciones en un Campeonato del Mundo. 

‘Mitro’ es un diminutivo de Aleksandar Mitrovic, el delantero serbio que, tras llegar al Fulham en el último mercado invernal, ha sido capaz de marcar 12 goles en 17 partidos en la Championship. Una forma inmejorable de ganarse a una afición y de recuperar sensaciones perdidas de manera exprés. Hay pasos atrás que, en realidad, lo son hacia adelante, y más en campañas que acaban en año par, de Mundial o Eurocopa, cuando aquellos futbolistas que esperan con avidez ser importantes con su país en verano, pero que no tienen oportunidades de brillar en los meses fríos, aceptan un cambio de aires, una cesión a un entorno más modesto si eso les permite presentar mejor sus credenciales al seleccionador. Eso hizo Mitrovic, de 23 años, cedido en el Fulham por el Newcastle, y componente de una nueva generación serbia a la que le ha llegado el momento de cumplir lo que prometía. Internacional absoluto prematuro -lo es desde hace cinco años-, en 2013 se proclamó campeón de Europa sub-19 con su selección, en un torneo en el que fue escogido mejor futbolista. Sorprende comprobar que el corpulento atacante balcánico (189 cm) solo tenga 23 años, pero es que su irrupción, meteórica, fue temprana, ya en su club de formación, el Partizan, previo paso por el Teleoptik, club satélite del conjunto blanco y negro de Belgrado. Su campaña de debut, la 2012-13, en la que se alzó con la Superliga serbia y fue máximo goleador del conjunto (15 goles), propició su primer contrato fuera del país. El Anderlecht, cazatalentos europeo, se adelantó y llamó a su puerta. En Bélgica volvió a ser campeón de liga, y fue capaz de mantener sus registros (16 goles). Unos guarismos que se multiplicarían con su asentamiento en la máxima categoría belga. 2014-15 marca un punto de inflexión en su trayectoria, es su salto definitivo. En esa campaña obtuvo la mejor media goleadora de su carrera (28 goles en 51 partidos), su mejor momento hasta su aterrizaje en Craven Cottage este invierno. Igual que le había ocurrido con Serbia dos años antes, Bélgica se le había quedado pequeña. Había llegado la hora de cumplir un sueño. 

‘Mitro’ es un diminutivo de Aleksandar Mitrovic, el delantero serbio que, tras llegar al Fulham en el último mercado invernal ha sido capaz de marcar 12 goles en 17 partidos en la Championship inglesa. Una forma inmejorable de ganarse a una afición y de recuperar sensaciones perdidas de manera exprés

 

SUEÑOS EN BLANCO Y NEGRO

Es habitual que un futbolista diga a la prensa que hace realidad su mayor ilusión de infancia al enfundarse por primera vez la camiseta de un grande instantes después de haber firmado un contrato suculento y de haberse dejado fotografiar con el pulgar en alto. Lo que ya no es tan común es que un jugador, pongamos, serbio, la primera vez que pisa un estadio como St. James’ Park, cuente que, desde pequeñito, es, por ejemplo, de un club como el Newcastle. Pero Mitro no solo es especial en las formas, también lo es en el fondo. Difícil de encasillar. “Ha sido mi club favorito desde siempre. Los he seguido toda mi vida. Muchos elegían equipos como el Manchester United o el Barcelona, pero, para mí, siempre ha sido el Newcastle”, declaró al rotativo británico The Telegraph hace un par de años, algún tiempo después de que el conjunto del noreste inglés pagara 13 millones de euros por su traspaso. El delantero nació en Smederevo, a unos 50 km de Belgrado, pero el club de su corazón resultaba ser el Newcastle. No era un tópico ni un guiño hacia su nueva afición. Se había encandilado del equipo de Tyneside a los nueve años, cuando el Partizan lo recibió en la Champions League 2003-04. Pese a vivir en un entorno tan apasionado como el serbio, la propia pasión inglesa, tan particular, captó su atención. La coincidencia de colores con el Partizan lo acabó de convencer. “Son como el Partizan para mí. El Newcastle es mi club, mi equipo”, explicaba cuando era futbolista de las Urracas. 

Pero durante la experiencia en el equipo de su infancia se topó con la realidad adulta de una liga en la que los goles son caros de conseguir. Marcó nueve dianas en 36 partidos en aquella primera temporada, la 2015-16, una de las más desgraciadas en la historia del Newcastle, que acabó con el equipo en segunda y una necesidad de reestructuración y despertar que contó con la mano experta de Rafa Benítez como manager. El español fue capaz de devolver al equipo a la Premier League, pero la participación del delantero serbio fue mermando de manera gradual. Fue paciente, comprensivo, pero a su regreso a la máxima categoría después de un año en segunda ya era evidente que iba a necesitar vestir otra camiseta si quería llegar a Rusia con ritmo y confianza -ese paso atrás tan necesario para avanzar, para que su fuego no se apagara-. 

Una cesión hasta Londres fue la solución. En Craven Cottage encontró el equilibrio entre deseo y realización. Allí le esperaba un entrenador serbio, Slavisa Jokanovic, nuevo héroe al oeste de Londres después de haber devuelto al decano de Londres una personalidad futbolística, que encontró en Mitrovic la tan cotizada pieza del goleador, el nueve -un apartado estadístico en el que también ha destacado el talento superdotado de Ryan Sessegnon-, dentro de un esquema 4-3-3 en el que Mitro se veía acompañado por futbolistas con llegada y calidad para ofrecerle opciones de gol. La llegada del atacante serbio, de hecho, concretada al final del mercado invernal, coincidió con la impresionante segunda vuelta de los Whites, en la que construyeron su ascenso, con 23 jornadas consecutivas sin perder que le valieron el play-off. Mitrovic contribuyó con 12 goles y una asistencia, y fue capaz de limitar hasta unos márgenes aceptables su tendencia a ver tarjetas amarillas (3). En esta categoría, la disciplinaria, ha mejorado sustancialmente con la edad. En su primera temporada en Newcastle, fue expulsado en dos ocasiones. Desde entonces, no ha vuelto a ver una roja. Un signo de madurez para el chico de sangre caliente que tenía papeletas de acabar siendo un delincuente. Regresar a la Championship le ha hecho recuperar la confianza, reencontrarse con el fútbol que le permitió dar el salto a la Premier League. “Ha demostrado que tiene la fuerza, la calidad y la perseverancia para marcar goles importantes”, dijo de él Jokanovic antes de la final del play-off en Wembley. Jokanovic es uno de los ángulos del triangulo serbio que ha cambiado la dinámica a la baja de la carrera de Mitrovic. El segundo es él mismo. El tercero, claro, es el seleccionador Krstajic, que le ha otorgado su total confianza. “Mitrovic ha tenido suerte de tener como técnico a Jokanovic. [El delantero] es un killer, expresaba el técnico del combinado nacional. Como aquel día en el que ese Newcastle al que siempre amó llamó a su puerta, los astros parecen haberse vuelto a alinear en favor de la suerte de Mitrovic. 

Intenso, violento, fuerte, perseverante, killer. Su personalidad, impetuosa y ardiente, salpimienta su fútbol: hombre de área, con buen disparo, goleador de primer toque, pero también con inteligencia a la hora de ocupar espacios y recibir el balón y controlarlo con la ventaja que su corpulencia le regala. Se ha aprovechado del fútbol asociativo de Jokanovic, como único punta, pero puede hacer lo mismo dentro del dibujo de Serbia. Ante Suiza, el seleccionador balcánico Krstajic ha vaticinado “un partido feroz”. El fuego de Mitro puede ser el factor diferencial en un hábitat tan propicio. Su equipo le espera: tienen ante los helvéticos una gran oportunidad de acceder a octavos de un gran torneo por primera vez desde que juegan con la actual denominación, e invertir así su tendencia al fracaso. Han acudido a otras citas de este calibre con buenos equipos, incluso con mejores carteles, pero siempre les ha faltado personalidad para creer en sus armas. Desde su posición avanzada, Mitro tiene que encender al conjunto. Y así cambiar la historia, como él mismo hizo con su propia vida, desafiando los vaticinios de su padre.