45 años tiene Essam El-Hadary, el portero egipcio que tendrá la oportunidad de convertirse en Rusia en el jugador más veterano en disputar un Mundial. Batirá de este modo el registro de otro guardameta, el colombiano Faryd Mondragón, que superó el anterior récord -del camerunés de Roger Milla- al disputar unos minutos en Brasil’14 a los 43 años de edad.

Cuando comenzó la carrera profesional de El-Hadary, Egipto venía de ser mundialista, Brasil solo era tricampeona y Luis Enrique y Tassotti aún no se conocían. Debutó en 1993 con su club de formación, el Damietta, antes de dar el salto al conjunto más laureado del país, el Al-Ahly, donde estuvo 12 años. Hoy juega en Arabia Saudí y revisa su carrera con satisfacción –“he ganado 37 títulos, he disfrutado de grandes momentos”-, pero todavía con planes de futuro: “lo único que me falta es jugar un Mundial”, declaraba hace un tiempo. Fue en 1996 cuando hizo su debut con la camiseta de Egipto, un tiempo que varios de sus compañeros en Rusia eran demasiados jóvenes para recordar, si es que habían nacido. Desde entonces, ha ganado cuatro Copas de África, tres de ellas consecutivas y como titular (2006, 2008 y 2010).

Ese tricampeonato consecutivo parecía el final soñado para una carrera inolvidable, pero el destino, además de longevidad, le reservaba una última gran oportunidad al meta. Cuando se inició la fase de clasificación para Rusia’18, la presencia de El-Hadary en la selección era testimonial, una solución de emergencia. Todo cambió cuando se le presentó la oportunidad: no la desaprovechó, se ganó el sitio y fue clave en la Copa de África, donde no encajó hasta las semifinales, ante Burkina Faso, en un encuentro en el que fue el héroe en la tanda de penaltis. Sin intención de colgar los guantes, no es descartable que aquella tanda no sea su última heroicidad.

 

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