Cruyff, Maradona, Di Stéfano y Pelé cambiaron el fútbol. Zidane, no. Zidane lo hizo bello, escribió un poema épico con él. Y luego se marchó sin dejar una estirpe a su nombre.
Zidane miró al cielo, se sintió observado y respiró ese agradable vientecito escocés antes del disparo. En el tiempo en el que tardó en bajar el esférico, supo que Hampden Park se había construido para él.
Hay que tener mucha clase para ser el ídolo de una de las aficiones más exigentes del mundo, pero todavía hay que tener un poco más para encima serlo llevando el '5'.