Messi es peor que un tatuaje, porque lo suyo sí que va en serio: ni soltando toda la pasta del mundo vas a poder quitártelo de encima. No lo elegiste, pasó, y ahora ya no eres capaz de contar quién eres sin pensar en él.
El grito desgarrador, el pelo escaso pero todavía negro y una manada de locos corriendo detrás de él. Han pasado más de 15 años y todavía nadie sabe cómo golpeó Iniesta ese balón.
Neymar se ha rendido. Y ahora, al darnos cuenta de que los sueños se acaban, pensamos en aquel flechazo del principio, en lo rápido que sucede siempre todo lo que merece la pena.
Como ocurre con los jóvenes de hoy, para Lamine no existen etapas. Se las salta a un ritmo vertiginoso. El que marca su cadera de seda y un tobillo izquierdo privilegiado.
De padres mexicanos y nacido en California, Julián Araujo destacó en las celebraciones del título de Liga del Barça por el color de su cabello y su anonimato.
El juicio popular sobre el rendimiento de Raphinha parece empapado del recuerdo de un futbolista irremplazable como lo fue ese Ronaldinho que cambió la historia del Barça.