Salvo por la matanza anual de ballenas que tiñe de rojo sangre sus costas, las Islas Feroe (literalmente: Islas de los Corderos) tienen toda la pinta de ser un archipiélago idílico. Bañadas por el Atlántico, al norte de Escocia, cuenta con 18 islas de origen volcánico, de las cuales 17 están habitadas. La población total, aunque no deja de crecer, todavía no llega a los 50.000 habitantes. En 1948 consiguieron establecer su propia autonomía dentro del Reino de Dinamarca, y de hecho ya asumen la mayoría de competencias políticas: pueden decidir sus relaciones internacionales o su pertenencia a la Unión Europea, y han abierto embajadas en Irlanda e Inglaterra. Todo ello encamina a las Feroe hacia la plena independencia, aunque la jefa del estado sigue siendo la reina Margarita II de Dinamarca.

El deporte tradicional en las Islas Feroe es el remo, pero el que más licencias tiene concedidas es el fútbol

El deporte tradicional en las Feroe es el remo, pero el que más licencias tiene concedidas y el que mayor expectación genera es el fútbol. La influencia comercial de Dinamarca e Inglaterra hizo germinar los primeros clubes a finales del siglo XIX; el más antiguo, el TB Tøroyri, data de 1892. Medio siglo más tarde, en 1942, se inauguró la liga nacional, en la que compiten los diez clubes más importantes. El equipo más laureado –con 21 títulos– es el Havnar Bóltfelag, que representa a la capital de las Islas Feroe: Tórshavn.

En cuanto a la selección feroesa, de cuya admisión en la FIFA se cumplen ahora 25 años, hay registros que atestiguan la disputa de partidos amistosos desde los años 30 del siglo pasado. Sus rivales más comunes eran las Islas Shetland, las Orkney, Groenlandia e Islandia. Estas minúsculas selecciones llegaron a organizar sus propios torneos de fútbol –nunca reconocidos por la FIFA– como la Adam Shield (1935-1967), la Liga del Atlántico Norte (1968-1973) o la Greenland Cup (1980-1984). Pero las estrictas normas de la FIFA trataban a las Feroe como territorio danés –así lo dicta aún el COI–, lo que impidió a los corderos participar en una Eurocopa o en un Mundial durante más de 50 años.

La situación empezó a cambiar en 1979, con la creación de la Asociación de Fútbol de las Islas Feroe. Nació con el objetivo de organizar mejor las categorías nacionales y de abrir las licencias federativas a las mujeres. Pero el gran sueño era competir a nivel internacional y recibir por parte de la FIFA el mismo trato que otras selecciones sin estado propio. Es decir, el mismo estatus que tenían las vecinas Escocia, Irlanda del Norte y Gales. Tras nueve años de reclamaciones, la FIFA dio luz verde a su admisión el 2 de julio de 1988, mientras que la UEFA lo haría dos años después.

Un comienzo sorprendente

Los primeros pasos de la selección feroesa tras la oficialidad fueron tan sorprendentes como engañosos. Ya en su primer amistoso como local ganó a Canadá por 1-0; pero la auténtica bomba caería el 12 de septiembre de 1990, en la primera jornada de la fase de clasificación para la Eurocopa 92. Ese día, las Feroe se impusieron por 1-0 a la Austria de Polster gracias a un gol de Torkil Nielsen, un centrocampista del SÍF Sandavágur que también había marcado el tanto de la victoria frente a Canadá. La derrota fue tan sonrojante para los austríacos que su técnico, Josef Hickersberger, presentó la dimisión y emigró a Alemania para entrenar al Fortuna Düsseldorf.

Mientras la prensa de Austria hablaba de “vergüenza” y “catástrofe nacional“, en las Feroe se vivió una noche de euforia. Más de 15.000 personas se lanzaron a las calles de Tórshavn pese al frío, el viento y la lluvia, y horas después recibieron a sus futbolistas como héroes. Una selección compuesta al cien por cien por jugadores amateurs había derrotado a una selección totalmente profesional. Y lo había hecho en Suecia, porque la FIFA impedía entonces la disputa de partidos sobre césped artificial. De momento, los cuatro millones de coronas invertidos en el viaje del equipo habían valido la pena.

Sin embargo, esfumado el factor sorpresa, los resultados fueron colocando a las Feroe en su sitio; es decir, en las últimas posiciones del ranking FIFA. Pese a un meritorio empate en Irlanda del Norte (1-1), el resto de partidos de esta fase de clasificación se saldaron con derrotas. Y llegaron, también, las primeras goleadas: 4-1 en Dinamarca y 7-0 en Yugoslavia.

Clasificarse para una Eurocopa o un Mundial es una quimera; sería más fácil que un feroés aprendiese a domesticar ballenas

En estos 25 años de historia, las Islas Feroe han conseguido 15 victorias, pero ninguna ha tenido la trascendencia de la obtenida frente a Austria. Casi todas se han producido contra selecciones que compiten asimismo con futbolistas amateurs: San Marino, Malta, Luxemburgo o Liechtenstein. En 2009 vencieron por primera vez a Islandia (2-1), un triunfo muy celebrado por la rivalidad existente desde principios del siglo XX. Y también han dado disgustos a Lituania (2-1, en la clasificación para el Mundial 2010) o a Estonia (2-0, en la previa de la Eurocopa 2012).

Los corderos tienen que racionar muy bien su dosis de alegrías, pues saben que hasta la siguiente pueden pasar varios años. Clasificarse para una Eurocopa o un Mundial es una quimera; sería más fácil que un feroés aprendiese a domesticar ballenas y las utilizara como medio de transporte. Por eso no estaría de más que este verano, en los cielos del Atlántico Norte, surcaran fuegos artificiales: 25 años no se cumplen todos los días, y menos aún compitiendo contra equipos repletos de estrellas. 25 años desde que las Islas Feroe compraron su pedacito de tierra en el planeta fútbol.