No hay verano sin enamoramiento. No hay verano sin fútbol en las pistas del barrio ni sin mamá ni sin helado de chocolate y mango. No hay verano sin canciones de Chechi de Marcos. No concibo un verano sin revistas ni sin heridas en los pies ni sin gazpacho. No hay verano sin sombrillas ni sin sábanas frías ni sin café con hielo. No hay verano sin partidos de pretemporada en Miami donde los futbolistas lucen un moreno anaranjado tipo Cheetos Pandilla. No hay verano sin un fichaje que rompa todos nuestros esquemas.
De esto último tenemos varios casos: la vuelta de Canales al Racing de Santander; Mourinho al Real Madrid; Harvey Elliott cedido al Valencia; Bryan Zaragoza al Espanyol; Gordon al Barça. Pero hay un fichaje que ha agitado la Liga española como si fuera un botellín de cerveza recién abierto: la llegada de Pierre-Emerick Aubameyang al Deportivo de A Coruña. No se puede tener más carisma ni molar más. Sus cinco goles en cinco partidos han dejado claro que el gabonés no tiene pensado levantar el pie del acelerador. Es más, Auba es de esos que aprieta cuando llega la curva. Hay una frase que retumba en los rivales cada vez que le ven venir: “Agárrate, que viene Auba”.
Corre. Dispara. Sonríe. Juega como si le hubieran dicho que todavía estamos en agosto y aún queda verano por delante
Su llegada ha enamorado a toda A Coruña con aquella sonrisa de quien aterriza en un sitio sin necesidad de demostrar nada. El tipo, a sus 37 años, sigue cabalgando por los prados de Riazor como si todavía fuera un chaval recién subido del Deportivo Fabril jugándose la titularidad ante Pauleta o Roy Makaay. Corre. Dispara. Sonríe. Juega como si le hubieran dicho que todavía estamos en agosto y aún queda verano por delante.
Esa felicidad me devuelve a una frase que mamá repetía cuando era pequeño: nadie puede ganar a alguien que se está divirtiendo. El ariete, cada vez que estruja la pelota contra la red, recurre a celebraciones solo aptas para quienes ven esto del fútbol como un juego y no como un trabajo. Le conocimos con sus míticas celebraciones poniéndose la máscara de Spiderman o Batman y dando volteretas como si acabara de besar a la chica que le gusta. Gracias a Aubameyang, los superhéroes ya no necesitan ser guapos y estar cachas. Ahora pueden ser como él: finos, afilados como un cuchillo y con nariz de boxeador.
Nunca más habrá un verano sin Auba. Nunca más habrá un verano sin goles ni sin volteretas ni sin su sonrisa. Nunca más habrá un verano sin superhéroes. Nunca más habrá un verano sin helado de chocolate y mango. Nunca más habrá un verano sin canciones de Leiva ni sin heridas en los pies ni sin café con hielo. Nunca más habrá un verano sin volver a sentirse un niño. Nunca más habrá un verano sin enamoramiento.
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Fotografía de Getty Images.


