“El fútbol se ha llenado de conceptos casi científicos, de frases sofisticadas, de poesía vulgar”, lamenta Rafa Cabeleira en el genial Alienación indebida. Pero mientras el balompié del que nos enamoramos cuando éramos pequeños continúa tambaleándose bajo nuestros pies, algunos héroes continúan empeñándose en reconectarnos con nuestra infancia. Como Fabio Quagliarella, que el pasado 31 de enero, al celebrar su 36º aniversario, evidenció por enésima vez aquello que cantaba Miguel Ríos a finales de los 70, que Los viejos rockeros nunca mueren.

Porque ahí sigue el veterano ariete transalpino, desafiando el paso de los años a base de goles, inscribiendo su nombre con letras de oro en la historia de la Serie A, reventando las mallas de las porterías del campeonato italiano mientras los cancerberos, atónitos, revisan una vez tras otra el DNI de un futbolista que, incansable, está disfrutando del mejor momento de una carrera repleta de altibajos. Pocos podían predecir que, después de 21 jornadas de liga, el ’27’ de la Sampdoria comandaría la clasificación del Cappocannoniere con 16 dianas, con una más que Cristiano Ronaldo y Duván Zapata, autor de 14 tantos en las últimas ocho jornadas, y con cinco más que Krzysztof Piatek, el último fichaje de un Milan que continúa fantaseando con resurgir de sus cenizas. Pero lo que nadie, ni el más optimista de los aficionados de la Samp, podía imaginarse ni en el más húmedo de sus sueños es que Fabio Quagliarella, que hasta el momento ha celebrado un tanto cada 108 minutos, habría sido capaz de igualar, a sus 35 años, el récord de once partidos seguidos marcando que estableció Gabriel Batistuta en la 94-95.

Con las dos dianas que anotó el 26 de enero contra el Udinese (4-0), Fabio Quagliarella igualó el récord de once jornadas consecutivas marcando de Gabriel Batistuta.

“Puede que dentro de 20 años vengan a mi casa porque un nuevo Batistuta está intentando batir mi récord”, afirmó entonces el irrepetible atacante argentino, que anotó 13 dianas en las once primeras jornadas de aquella Serie A. Han sido necesarios 24 años, pero Batistuta ha acabado encontrado un digno competidor en el artillero de la Sampdoria, que, con 14 tantos en sus últimos once encuentros de liga, ha catapultado al equipo de Marco Giampaolo hasta la sexta posición, con un colchón de 19 puntos sobre el descenso que parece extraordinario para una entidad que vivió sus mejores años en los 80 y en los 90, cuando alzó su único Scudetto.

Nacido en Castellammare di Stabia, a apenas 30 quilómetros de Nápoles, Quagliarella siempre soñó con protagonizar preciosas tardes de gloria en San Paolo, pero el balompié, siempre tan caprichoso e imprevisible, le condujo hacia el norte del país. Después de vestir las camisetas del Torino, con el que debutó en la Serie A en 1999, la Fiorentina, el Chieti, el Udinese y la Sampdoria, el balón acabó concediéndole aquello que tanto deseaba: la oportunidad de vestir la camiseta de un Napoli que en 2009 desembolsó hasta 18 millones de euros para hacerse con los servicios de un delantero que en las dos temporadas anteriores había formado una dupla temible con Antonio Di Natale, uno de los pocos atacantes que superan los 71 tantos (49,65% del total) que Quagliarella ha anotado en el campeonato italiano a partir de los 30 años.

La figura del ariete napolitano jamás alcanzará la mística de la de Di Natale (77,99%, 163 de 209), pero, a diferencia del que es el sexto máximo goleador histórico de la Serie A, Fabio siempre podrá decir que él sí que llegó a enfundarse la camiseta del equipo con el que ambos empezaron a disfrutar del balompié. Pero la aventura de Quagliarella en San Paolo resultó efímera, porque tan solo una campaña después de volver a casa se convirtió en el sexto jugador en cambiar el Napoli por la Juventus. Indignados, los tifosi napolitanos, escenificando la crudeza de una rivalidad que se explica por el desprecio que a menudo sufren los habitantes del sur de Italia por parte de los del norte, se sintieron traicionados por el futbolista que había hecho realidad el sueño que comparten todos aquellos que cada 15 días se citan en San Paolo.

“Decían que lo había hecho por dinero, pero en la Juve ganaba lo mismo que en Nápoles. Los tifosi me insultaban, molestaban a mi familia, quemaban mis camisetas… Pero todo aquello me demostraba todo lo que amaban. Si hubiera sido uno más, mi venta les habría dado igual”, reconocía Quagliarella, que, después de cuatro años en la Juventus en los que celebró tres títulos de la Serie A y dos de la Supercoppa y de un curso y medio en el Torino, terminó regresando a la Sampdoria el 1 de febrero del 2016. El ariete transalpino continuaba marcando goles, pero, desde que había dejado atrás San Paolo, su vida se había convertido en un infierno. “Me llamaban infame. Tenía que esconderme cada vez que volvía a ver a mi familia para evitar discusiones y peleas. Mi gente es maravillosa, pero no sabía lo que había pasado de verdad. ‘Algún día todo saldrá a la luz’, me decía a mí mismo”, recordaba Fabio.

Y el día llegó. El 19 de febrero del 2017, justo después de salvar un empate para la Samp en un partido contra el Cagliari, rompió a llorar sobre el césped del Luigi Ferraris mientras confesaba ante las cámaras que, durante su estancia en Nápoles, “me amenazaron de muerte y me acusaron de pedófilo. Viví un infierno. No se lo deseo a nadie”“Han sido cinco años muy complicados para mí y para mí familia, pero afortunadamente se ha hecho justicia. Mi familia sufrió mucho al dejar la ciudad. Y yo también. He intentado continuar concentrado en mi trabajo porque soy un profesional, pero lo hemos pasado muy mal. Solo queríamos vivir una vida feliz. Y finalmente podremos hacerlo”, insistió en remarcar Quagliarella, que había sido víctima de un agente de la Polizia Postale, la sección de la policía que se ocupa de vigilar Internet, que se dedicaba a extorsionar y acosar personajes populares de Nápoles.

 

“Me amenazaron de muerte y me acusaron de pedófilo. Viví un infierno. Solo queríamos vivir una vida feliz. Y finalmente podremos hacerlo”

 

El delantero de Castellammare di Stabia empezó a confiar en Raffaele Piccolo, que fue condenado a cuatro años y ocho meses de cárcel dos días antes del encuentro contra el Cagliari, “porque me dijo que podía resolver los problemas que tenía con mi teléfono y las contraseñas de mis redes sociales”, pero de repente todo se convirtió en una pesadilla para la familia Quagliarella. “Yo era joven e inocente… Al principio me pedía autógrafos y camisetas, pero las demandas cada vez más se volvieron más apremiantes. A partir de ahí comenzó a acusarme de estar vinculado con la mafia napolitana, de participar en orgías, de consumir drogas, de abusar de menores de edad, de colaborar en el amaño de partidos… Me amenazó y también lo hizo con mis padres y con mi novia”, relataba Quagliarella, que empezó a recibir cientos de cartas anónimas en las que los extorsionadores “decían que iban a matar a mi hijo, que nuestro edificio entero iba a explotar. Una vez incluso nos enviaron un ataúd con mi foto”“Mi padre también recibía amenazas. Le decían que me dispararían en la cabeza o que volarían mi casa con una bomba”, apuntaba el ariete italiano en otra entrevista.

Mientras continuaba mendigándole camisetas, entradas y autógrafos a Fabio, mientras falseaba pruebas y se inventaba fotografías y correos electrónicos para incriminarle y le amenazaba con difundir material falso muy perjudicial para su figura, Raffaele Piccolo le pedía a la familia que no tocara las cartas, les decía que iba a buscar huellas dactilares porque él era el responsable de la investigación. “Nos repetía que estábamos cerca de encontrar al culpable y nos pedía que no le contáramos lo que estaba pasando a nadie. Solo lo sabían mis padres, ni siquiera se lo expliqué a mis hermanos. No podíamos salir de casa, pero teníamos que estar callados porque había una investigación abierta”, desvelaba Fabio, que incluso se vio forzado a dejar su domicilio para mudarse a un hotel para estar más seguro. La situación fue agravándose hasta el punto de que las cartas que aseveraban que Quagliarella era un pedófilo y que consumía cocaína con miembros de la camorra pronto empezaron a llegar al propio Napoli, así que Aurelio De Laurentiis, consciente de la delicada situación que atravesaba el que era uno de los grandes ídolos de los tifosi napolitanos, decidió aceptar una oferta de la Juve.

 

“Nos decían que iban a matar a mi hijo, que nuestro edificio entero iba a explotar. Una vez incluso nos enviaron un ataúd con mi foto”

 

“Si nada de esto hubiera sucedido, todavía estaría en el Nápoles. Soñaba con ser el capitán, con crecer al lado del equipo. Solo marqué once goles, pero para mí son como 100. Me dolía demasiado la situación. No sabía cómo exteriorizar lo que me pasaba, pensaba que no me iban a creer. Mi carrera hubiera podido ser mucho más grande”, añadía un Quagliarella que, unas semanas después de hacer pública la pesadilla que había tenido que vivir, recibió las disculpas de San Paolo, el estadio que durante cinco años le acusó de haber cometido una traición imperdonable al haber despreciado los colores del Napoli para ceder a los cantos de sirena que le llegaron desde Turín. “En el infierno que has vivido, enorme dignidad. Nos volveremos a abrazar, Fabio. Eres hijo de esta ciudad”, clamaba la pancarta que la hinchada napolitana exhibió en uno de los fondos de San Paolo para pedirle perdón a Quagliarella.

Liberado del infierno en el que llegó a convertirse su vida, reconciliado con su pasado y con el club de sus amores, redimido de los pecados que jamás cometió; el ’27’ de la Sampdoria, que hace unas semanas renovó su contrato hasta el 30 de junio del 2020, ha sabido canalizar la rabia que sentía por el martirio que le había tocado vivir a los pies del Vesubio, ha sabido transformarla en la energía que le ha permitido continuar engrandeciendo su leyenda en la Serie A, e incluso llamar la atención de un Roberto Mancini que, consciente de que el gol no entiende de edades, ya ha empezado a plantearse la posibilidad de repescarle para la Azzurra de cara a la Eurocopa del 2020. “Toda la rabia contenida ha explotado las dos últimas campañas. Es feliz en Génova. Y Génova es feliz con él”, concluían los compañeros de Soy Calcio, acentuando la increíble temporada que está completando un futbolista que ya es el 28º máximo goleador histórico del campeonato transalpino, con 143 dianas en 422 encuentros (63 con la Sampdoria, 25 con el Udinese, 23 con la Juve, 18 con el Torino, once con el Napoli y tres con el Ascoli). Ninguno de los futbolistas que continúan en activo ha celebrado más tantos que él en la Serie A. Eterno, incombustible e insaciable, Fabio Quagliarella continúa disfrutando de la vida que estuvieron a punto de robarle. Porque ya lo saben, Los viejos rockeros nunca mueren.