Tenía 17 años. Su selección lo convocó para su primer Mundial cuando hacía tan solo unos meses que había debutado con la absoluta de su país. Llevaba el ’20’ a la espalda. El famoso ’10’ verdeamarelho multiplicado por dos. Conocido años después como ‘O Fenómeno’, Ronaldo Nazário se presentaba al futbol internacional en Estados Unidos, la tierra donde todo vale por el espectáculo. Carlos Parreira fue quien decidió incluir al jugador del Cruzeiro en la lista de convocados que iban al torneo de selecciones por antonomasia.

La historia del astro brasileño es bien conocida por todos los amantes del balompié. Pero en aquel verano de 1994, Ronaldo no pudo demostrar todos aquellos méritos que le habían llevado a los estadios estadounidenses. Con 16 años, marcó 59 goles en 57 partidos con la sub-17 de Brasil. Siete partidos jugó aquella Canarinha y O Fenómeno no disputó ni tan siquiera un paupérrimo minuto.

Era una tarea ardua entrar al campo a defender aquella camiseta. Delante de él estaban dos estrellas consagradas. Romario y Bebeto, quien dejó la mítica celebración imitando el balanceo de una cuna con sus brazos, eran los delanteros de aquella Brasil que, a la postre y tras derrotar a Italia en los penaltis, levantaría el trofeo de la Copa del Mundo.

Lo que vino después ya se conoce. Su explosión en Europa, dos Balones de Oro, otra Copa del Mundo, numerosos trofeos tanto colectivos como individuales, la resignación de no haber levantado la ‘orejona’ y algún que otro pasaje doloroso en forma de lesión. Después de EE.UU., el idilio de Ronaldo con los mundiales eclosionó. Tras esa primera toma de contacto, el ‘9’ fue titular en todos los encuentros que disputó a lo largo de su trayectoria profesional en las fases finales de esta competición. Ronaldo anotó 15 goles y, tras Miroslav Klose, es el segundo máximo artillero en la historia de los mundiales.

 

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