El brasileño no ha roto la cadena que ata el reloj a las horas: la ha rediseñado para que el tiempo rinda a su favor, para que la experiencia y la vitalidad convivan en el mismo cuerpo.
En el campo encontraba la luz. Fuera de él, se le aparecían todos los fantasmas. Por eso la vida de Garrincha cambió irremediablemente para siempre cuando dejó de jugar a fútbol. Así fue su caída.
Con 36 años, el brasileño no había ganado ningún título internacional a nivel de clubes. A los 42, colgó las botas con tres Copas Libertadores y un deseo cumplido.
La estrella brasileña posiblemente esté atravesando el momento más bajo de su carrera esta temporada en el Santos. Con el Mundial 2026 en el horizonte, estos meses serán claves para determinar su futuro.
El olvidado extremo brasileño vuelve a ser noticia gracias a las buenas actuaciones del Al-Hilal en el Mundial de Clubes. Uno de los pocos futbolistas que le ha sentado bien su paso por Arabia Saudí.