Esta entrevista está extraída del interior del #Panenka28, un número que todavía puedes conseguir aquí.


 

Parece usted más joven...

¡Pues tengo 40 años ya!

¿Se lo dicen mucho?
Sí, sobre todo me preguntan si realmente tengo esa edad. Pero al final uno tiene que sentirse joven adentro y yo eso nunca he dejado de sentirlo.

¿Se imaginaba jugar hasta los 40 cuando empezó a pegarle al balón?
Cuando era crío sólo soñaba con jugar alguna vez en primera división y con defender algún partido a la selección argentina. Y todos estos sueños se han hecho realidad.

Un sueño bastante común entre los niños de esa edad…
Claro. Estoy muy orgulloso de mi infancia porque mis padres me inculcaron una buena educación. De ellos aprendí el sacrificio. Pude compartir grandes momentos con los amigos del barrio, un barrio muy humilde que se llama Dock Sud [Avellaneda, Gran Buenos Aires] en el que mi papá y otros vecinos construyeron una cancha de fútbol para que pudiéramos pasar nuestra niñez allí. La verdad es que me llevo los más lindos recuerdos. Mi papá ahora vive en otro barrio pero siempre que voy a Argentina paso por Dock Sud.

¿Hay menos potreros que antes?
No, el potrero sigue estando. Y creo que seguriá formando parte de la esencia de nuestro país. Empezaron muchos jugadores en la calle que luego tuvieron grandes carreras y eso forma parte de nuestro ADN futbolístico.

Antes de fichar por Talleres pasó usted un año singular.
Así es. Hice las inferiores con Independiente y me dejaron libre para fichar. Pero se cerró el mercado de pases y tuve que estar un año parado. Ahí trabajé con mi padre de albañil, una etapa que aún recuerdo bien porque poder ser útil a tu propio padre y hablar de muchísimas cosas de la vida es muy enriquecedor. Sin embargo, cada día en el trabajo mi padre me decía que no aflojara, que si me gustaba el fútbol siguiera peleando para tener
una oportunidad. Y como buen sabio que es un padre… ¡tenía razón!

“Cuando deje de jugar a nivel profesional, lo seguiré haciendo con mis amigos. Es un ambiente que vivo de chiquito. El fútbol siempre será para disfrutar. No lo concibo de otra manera”

¿Cómo llegó la llamada del Inter?
Banfield me fichó tras su ascenso a Primera. Y me dio la oportunidad de debutar en la máxima categoría. Tras dos años mi mente estaba puesta en poder consolidarme en el fútbol argentino y seguir siendo convocado con la selección. El Inter contactó conmigo y me invadió una sensación de gran desafío. Yo era muy joven y tenía que probar si estaba preparado para enfrentarme a esos monstruos del fútbol italiano. Pero me sirvió para crecer como persona y futbolista.

Tanto tiempo al más alto nivel, ¿se puede uno desenamorar del fútbol?
A mí no me ha pasado, jamás me he aburrido dentro de un terreno de juego. Siempre formó parte de mi vida y va a seguir siendo así: cuando deje de jugar a nivel profesional, lo seguiré haciendo con mis amigos. Es un ambiente que vivo de chiquito. El fútbol siempre será para disfrutar. No lo concibo de otra manera.

¿Es de los que se lleva el trabajo a casa?
Nunca. Desconecto siempre. Salgo de La Pinetina (ciudad deportiva del Inter de Milán) y sólo pienso en mi familia. Doy todo cuando estoy acá pero tengo la suerte de desconectar.

¿Tampoco ve fútbol por televisión?
A veces, pero no me obsesiono por saber los resultados, la verdad.

Batistuta, con el que coincidió en la Albiceleste, reconoció que el fútbol no le interesaba demasiado…
Cada cual con su personalidad y sus objetivos. Entiendo a las personas que después de 20 años de carrera piensen: ‘ya no aguanto más y a otra cosa’. Pero como dicen en Argentina, el fútbol es pasión de multitudes y yo siempre lo he vivido así.

Maldini es el jugador con más partidos en la Serie A. Y luego viene usted.
Con Paolo tengo una gran relación, por no hablar de que siempre lo he admirado. Fue para mí un referente dentro y fuera de la cancha. Su carrera es fantástica. Tengo muy buenos recuerdos. Si jugar un derbi ya es emocionante, por la semana previa y todo lo que uno siente, yo le añado el privilegio de haberlos jugado como capitán y de haberle dado la mano y un abrazo a un tipo como Maldini. Es de los recuerdos más bonitos que me llevo.

Vio su primera roja en liga a los 38 años, ni un mal gesto dentro de la cancha, le ovacionan en muchos estadios. ¿Uno trabaja estas actitudes?
Todo esto que comenta es para mí lo más importante: el haberme ganado el respeto de todos. No solo de mis compañeros, también de hinchas y colegas de profesión que juegan en otras partes. Es fácil ser recordado por los títulos. Pero lo que uno gana es relativo. Queda en segundo plano. Yo quiero que me recuerden por cómo llevé mi carrera. Y mi objetivo principal cuando empecé a construir mi trayectoria siempre fue ser recordado por ser un jugador leal, honesto y respetado. Es algo que no tiene precio.

¿Se ha sido justo con el Inter de Mourinho campeón de todo en 2010?
Nosotros hicimos algo que quedará en la historia del fútbol italiano porque somos el único club que ha logrado un triplete. Y del fútbol mundial porque eliminamos al Chelsea y al Barça, y derrotamos al Bayern en la final. Tres equipos que posteriormente fueron campeones de Europa. Sí, hicimos historia.