Jonathan Soriano aterrizó en Salzburgo hace exactamente dos años y once meses. Hacía apenas un semestre que se había consagrado como el pichichi de Segunda División y justo superaba una lesión de rodilla que truncó una pretemporada con el primer equipo del FC Barcelona. El objetivo, claro está, no era otro que sentirse importante en el mejor equipo de la liga austríaca y optar a jugar competiciones europeas. Esta oportunidad había llegado después de ver enterradas todas sus opciones en el Espanyol, su equipo de toda la vida, divagar por Albacete y encontrar en el filial azulgrana, todavía en Segunda B, un entrenador que confió en él en los buenos y en los malos partidos. Seguramente, esa fue la clave de su explosión y la causa de que hoy, 112 goles después de su adiós a la liga española, desde Austria sueñan con que Soriano se nacionalice en tierra de Mozart. El catalán, disfrutando de un gran momento deportivo, responde a la llamada telefónica de Panenka para repasar una trayectoria con decepciones, pichichis, anécdotas y goles, sobre todo muchos goles.

¿Cómo acaba Soriano un partido en el que no marca? No debes estar muy acostumbrado a esa sensación…

Si no marco y ganamos, bien. Si perdemos, muy mal. Cuando ganamos al final pienso que el equipo no ha necesitado mis goles para hacerlo, que he aportado otras cosas, pero si perdemos no puedo evitar decirme que podría haber hecho más…

Hace dos semanas superaste el primer héroe de la historia de Red Bull Salzburg, Marc Janko, ¿la prensa del país te rindió el homenaje pertinente?

La verdad es que fue bonito. Convertirte en el máximo goleador de la historia de Red Bull (por muy corta que sea) significa que mi nombre ya está inscrito allí. En algunas publicaciones dicen que soy el héroe del equipo, pero yo no me siento así. Solo me siento importante, sobre todo con detalles como el de hacerme capitán, gesto que agradecí mucho. En realidad se habla muy bien de todo el equipo, pero ya se sabe que del delantero goleador siempre se hace mucho más.

Son 112 goles en el club, 48 la temporada pasada (incluyendo pichichi de la Europa League), 19 llevas ya en los 16 partidos de liga que has jugado esta temporada. ¿No te parece una barbaridad?

Si soy sincero, yo el año pasado no me esperaba marcar 48 goles. Porque la liga austríaca quizá no sea tan competitiva como la española, pero hay que meter 48 goles. Aunque todo ello no dejan de ser números, al final pienso que, siendo delantero lo que se me pide es que marque goles, así que no me propongo alcanzar cifras sino ayudar con ellos a mi equipo.

[quote]”Aunque ya he jugado con España en categorías inferiores aquí dicen que seguirán intentando nacionalizarme. He escuchado que van a hablar con la FIFA para ver qué pueden hacer al respecto”[/quote] La empresa Red Bull GmbH compró en 2005 el Austria Salzburgo, un equipo del que cambió casi todas sus señas de identidad para convertirlo en el mejor club del país. Tal transformación impulsada, obviamente, por una gran inyección económica, no gustó en absoluto a una parte de sus seguidores, que, huyendo de la marca, fundaron el SV Austria Salzburg, actualmente compitiendo en la liga regional. Por su lado, Red Bull renovó totalmente la imagen de su nuevo equipo y amplió a su vez las aspiraciones de una plantilla que tenía como objetivo competir regularmente en Europa. Fichajes como el de Andreas Ivanschitz del Rapid de Viena o Marc Janko y Alexander Zickler del Bayern de Múnich consiguieron revalorizar la liga y el club. Y en 2012 llegó Jonathan Soriano.

Poco más de dos temporadas ha necesitado el ariete para inscribir su nombre en la corta historia de la entidad, aunque protagonizando jornadas como la del 20 de abril de 2013, no nos extraña. Soriano acudió esa noche al parto de su tercera hija, Abril, y posteriormente se presentó al estadio donde esa noche jugaba su equipo. Llegó al descanso, se vistió y saltó al campo para marcar un hat-trick en los 45 minutos que restaban de partido. El catalán disfruta hoy de su mejor estado de forma, eso es innegable, aunque también es cierto que la trayectoria de este delantero con números astronómicos no ha sido un camino de rosas. Pero empecemos por el principio…

¿Qué deben pensar ahora en el Espanyol del arsenal de goles que andas marcando por Europa?

Es difícil contestarte a esta pregunta. Yo pasé muy buenos años en el Espanyol, allí me formé como futbolista. Pero en el momento de dar el salto me faltó esa persona, ese entrenador que me diera la confianza que necesitaba. No la tuve, no tuve a nadie que me diera esos partidos en Primera y me hiciera disfrutar, y está claro que un jugador con segundas partes, veinte o quince minutos lo tiene muy difícil para explotar.

¿Cuántas veces te has preguntado qué hubiera pasado si ese verano que hacías la pretemporada con el primer equipo de Guardiola no te hubieras lesionado?

Bueno, le doy vueltas de tantas veces que me lo preguntáis (ríe). Soy una persona que vive del presente. ¿Qué hubiera pasado? pues no lo se, pero pasó. Siempre intento mirar hacia adelante y el destino quiso que viniera a Salzburgo.

Cuando pasaste a formar parte de la plantilla del Barça B se te consideró un ‘veterano’ pese a tener solo 23 años. Cabe esperar que el objetivo de la mayoría de tus compañeros era llegar al primer equipo. ¿Ese era también el tuyo?

Está claro que los objetivos eran diferentes. Yo ya era un jugador que para estar en un filial era mayor, sobre todo comparándome con los compañeros que tenía al lado. En ningún momento pensé en ir al Barça B para tener un futuro con el primer equipo. Fui para aprovechar una oportunidad en un filial en su mejor momento. Resultó que aprendí muchísimo de los jóvenes con los que compartí vestuario. En ese momento quizá no era consciente, pero estuve jugando y aprendiendo de jugadores como Thiago Alcántara.

Mucha gente que en su momento rodeó al filial azulgrana ha destacado de ti que llegaste con un actitud muy humilde a pesar de haber estado jugando en Primera anteriormente. ¿Fue un paso atrás para poder dar dos adelante?

La mayoría de gente puede pensar eso, que fue un paso atrás ir al Barça B, pero para mi fue todo lo contrario. El filial azulgrana siempre tiene muchas alternativas, posibilidades y oportunidades. Desde fuera es normal que se viera como un retroceso, pero en ese momento el Barça era el mejor equipo, y tenía la mejor cantera, así que no me lo pensé dos veces. Además, el tiempo me ha demostrado que fue un paso muy acertado.

Ahora estás a las órdenes de Adi Hütter pero antes de él estuvo Roger Schmidt. ¿Qué ‘culpa’ tiene él de tu extraordinario paso por la liga austríaca y cómo viviste su marcha?

La verdad es que nos une una gran relación con Schmidt. Pasamos una época muy buena juntos pero a final del año se marchó al Leverkusen, cosa que me dio lástima. Pero esto es fútbol, hay que dejar que él también siga creciendo como entrenador y no puedo hacer otra cosa que agradecerle todo lo que me ha dado.
Porque al final los jugadores vivimos un poco de ellos, esos entrenadores que te dan confianza, que te dejan trabajar tranquilo, que en días en los que no puedes marcar, estén allí. En esos momentos yo siempre encontré una respuesta positiva en él. Lo delanteros vivimos de entrenadores que nos dejan trabajar tranquilos

¿Es lo mismo que te hizo sentir Luis Enrique en el Barça B?

Sí, exactamente. En España es el claro ejemplo de lo que encontré aquí con Schmidt. Un entrenador que me ha dado confianza, que nunca me ha crucificado por tener un partido malo. Luis Enrique siempre estuvo a mi lado y me apoyó, y al final el resultado fue convertirme en el pichichi de Segunda.

Para Soriano, todo lo hecho en el pasado tiene un sentido hoy, cuando por fin ha encontrado respuesta a esa incertidumbre vivida durante muchos años. Otra cosa es el futuro, con el que prefiere no especular, aunque le sea difícil escapar del debate generado entorno a él y la selección española. Una llamada que no llega, un futbolista que sigue reivindicándose a base de goles. Por mucho que el delantero prefiera quitarle hierro al asunto, resulta inevitable esconder ese deseo de volver a vestir ‘la roja’ en categoría absoluta. Por que, de hecho, fue en un partido con la selección sub-20 que el catalán protagonizó otro insólito episodio.

En los minutos finales del España-Honduras del Mundial sub-20 que se disputó en 2005, decidiste enfundarte los guantes de tu portero, Roberto, expulsado. Te colocaste debajo de los tres palos y te enfrentaste a una pena máxima. ¿Qué pasó?

(Ríe) Creo que pocas veces ha pasado que el delantero de un equipo pare un penalti, es algo que me quedo para mi. Esta acción fue solo consecuencia de querer ayudar, no lo hice para hacerme el héroe. Pensé que en ese momento el equipo necesitaba un portero y yo, decidido, me metí y paré ese penalti.

Dejando atrás tu experiencia en las categorías inferiores de la selección, qué explicación le darías a una carrera que terminase sin haberse vestido ‘la Roja’ absoluta?

No quiero tirar de tópicos, pero hay que respetar las decisiones que se toman. A la selección solo pueden ir dos o tres delanteros de todos los que somos en España. De aquí a dos años se jugará una Eurocopa y hay que confeccionar una plantilla en la que se dé confianza a los jóvenes. ¿Que si me gustaría ir? Me encantaría, pero otros también se lo merecen. Solo puedo seguir trabajando para, al menos, ponerle difícil la decisión al seleccionador.

¿Historias como la de Nolito te dan esperanzas?

Nolito es Nolito y yo no me puedo comparar con él. Está haciendo una gran temporada con grandes números como goleador, y por eso le ha llegado la oportunidad. Yo estoy encantado por él, nos tenemos mucho aprecio, incluso veraneamos juntos. Le quiero muchísimo y le deseo mucha suerte. Pero cualquier comparación conmigo sería injusta y subjetiva; no jugamos en la misma liga ni en la misma posición.

En Salzburgo andan como locos buscando alguna vía legal que les permita nacionalizarte en Austria…

Parece difícil que se pueda conseguir, porque no he pasado el mínimo de años aquí y he jugado con España en categorías inferiores. Aun así, ellos seguirán intentándolo (ríe), incluso he escuchado que van a hablar con la FIFA para ver qué pueden hacer al respecto. Yo solo puedo estarles muy agradecido por todo su interés.

Tranquilo, concentrado y agradecido. Soriano ha encontrado en Austria una estabilidad que ha sacado su mejor versión, la que le convierte en capitán del mejor equipo del país, conjunto cuya historia no solo lleva su nombre, sino también su firma. Habrá que esperar para saber si el catalán aprovecha las ‘alas’ de Red Bull para aterrizar en una de las grandes ligas donde sus goles tengan el mismo valor que los de Messi o Cristiano Ronaldo.