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Linzer ASK, un club siempre en el alambre

La historia del LASK es disparatada. Un presidente elegido a medianoche. Otro dado a la fuga. Un puñado de deudas bancarias. La amenaza perenne de la desaparición. Y hoy, por fin, el resurgir

Albert Siems fue jefe de la oficina real de correos de Linz. También era socio del club de atletismo de la ciudad. Y en 1908 fundó un club de fútbol. El Linzer Sport Klub. Un equipo que duró menos de diez años. En 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, los jugadores fueron llamados al frente, y su estadio quedó hecho añicos. Una vez terminó la guerra, los futbolistas que sobrevivieron tuvieron que recurrir a otro club, el SK Germania, para convencer a presidente y jugadores de unir fuerzas. El plan funcionó, pero el club tuvo que refundarse en 1919 con un nuevo nombre. Al original, se le añadió ‘Athletik’. De LSK se pasó a LASK, el mismo nombre del club de atletismo de su fundador, al cual se adhirieron. Linzer Athletik Sport Klub.

100 años después, Gary Lineker aprovechó el nombre para dar muestras de su humor. “¿Who the hell are LASK?”, preguntó por Twitter, “don’t worry I Lask someone”. Pero lejos de la comedia, la historia del club ha estado mucho más cerca de la desdicha. De ser una película, tendría varios géneros en los que encasillarse. El thriller o el drama le vendría como anillo al dedo, siempre con la mosca detrás de la oreja de la desaparición.

El club tuvo momentos buenos, sin embargo. En la década de los 60, ganó la liga y la copa en una misma temporada. El primer equipo austriaco lejos de Viena en conseguirlo. Días antes de lograrlo, sin embargo, los jugadores amenazaron con ponerse en huelga. No habían negociado ninguna prima por ganar nada, y querían una recompensa. Otto Jungabuer, un exitoso joyero austriaco, por entonces presidente del club, respondió a la amenaza con otra: jugaría con el equipo juvenil. Tras una charla con el capitán del equipo, sin embargo, todo se arregló y el Linzer ASK ganó ambos títulos. Aunque nadie lo pensase entonces, también fueron los últimos trofeos que levantaría. La historia del club se abocaba a una serie de desdichas y deudas que lo llevarían al borde del precipicio.

 

En los 60, ganó la liga y la copa en una misma temporada. El primer equipo austriaco lejos de Viena en conseguirlo. Días antes de lograrlo, sin embargo, los jugadores amenazaron con ponerse en huelga. No habían negociado ninguna prima y querían una recompensa

 

‘Entonces hazlo tú, Otto’

El 13 de mayo de 1991, se celebró una Asamblea General Extraordinaria en el Theatercasino de Linz. Rudolf Trauner, presidente del club tras Otto Jugenbuer, de 1968 hasta 1989, que regresó al cargo de forma interina un año después -tras la efímera y catastrófica etapa de Johann Molner-, quería elegir de una vez a su sucesor. Nada mejor que un casino para decidir el futuro de un club de fútbol. La presión que vivía el club era, en ese momento, feroz. Tras su época dorada en los años 60, el equipo empezó a acumular multitud de deudas, visitó en más de una ocasión la segunda división austriaca, y su futuro tampoco estaba garantizado.

Después de horas de discusión, ya pasada la medianoche, el ambiente era tenso, y entre los problemas del club y los reproches entre unos y otros con sus planes para solucionarlos, Rudolf Traufer no se pudo contener y le dijo a su antecesor: ‘¡Entonces hazlo tú, Otto!’. Y Jugenbuer aceptó. Él sería el nuevo presidente.

La segunda etapa de Otto Jugenbuer, sin embargo, no fue tan feliz como la primera, y la economía del club asfixió su capacidad de reacción. Se vio obligado a hacer grandes recortes. Desmanteló doce urinarios y algunas bombillas. Vendió a varios de los jugadores del equipo, que solía contar solo con 14 o 15 futbolistas. Y se ganó la fama de tacaño, aunque en la ciudad fuese conocido por dejar grandes propinas en los restaurantes en los que comía. Cuatro años después, en uno de los diarios más importantes de la Alta Austria, anunció que dimitía.

Un presidente a la fuga

En 1995, después de la dimisión de Otto Jugenbauter, entró al club el propietario y fundador del Riegerbank, Wolfgang Rieger. Con la entidad acorralada por las deudas, no había nada mejor que estar dirigido por el propietario de un banco. Pero la promesa de la inyección de dinero al club nunca se tradujo en títulos, ni tampoco alivió las deudas. De hecho, la pesadilla en la que estaba abocado se tornó aún más oscura con el tiempo. Dos años después, el conjunto se tuvo que fusionar con su gran rival, el FC Linz, ambos de la misma ciudad, para sobrevivir.

El proyecto de fusión había estado durante años encima de la mesa. En 1973 y 1983, por ejemplo, ambos equipos ya se habían juntado para jugar amistosos ante rivales como el Bayern de Múnich, pero aquello se había quedado ahí. En un amistoso. Los aficionados se oponían fervientemente a la unión, y organizaron diversas manifestaciones en las que aficiones rivales gritaban de la mano. No querían perder a sus clubes.

Con Rieger en el cargo, sin embargo, la unión se llevó a término.

La negociación duró una semana y se firmó en el Ramada-Hotel el 21 de mayo de 1997, un día que muchos aficionados del FC Linz recuerdan ahora como el Día de la Vergüenza. Los diarios de la Alta Austria abrieron a la mañana siguiente con la noticia: “¡Dos enfermos se convierten en uno sano!”. Diez días después, ambos equipos jugarían entre ellos en liga, con la fusión ya firmada y en marcha para la temporada siguiente. El FC Linz ganó 3-0.

 

Descendieron a tercera, fuera del fútbol profesional. Un año más tarde, el club perdió la promoción ante el filial del RedBull Salzburgo, el Liefering, y, en octubre, se informó de que estaba en riesgo de quiebra

 

Por aquel entonces, el FC Linz contaba con más de 51 años de historia y había sido campeón liguero en 1974. Empataron a cero en el duelo de ida de la Copa de Campeones de Europa ante el FC Barcelona a la temporada siguiente. E incluso tuvieron como estrella a Hugo Sánchez a inicios de los noventa. Sin embargo, el acuerdo con su ahora club hermano, fue su acto de defunción. El nuevo equipo pasaría a llamarse LASK Linz, conservaría gran parte del escudo del LASK, y seguiría vistiendo sus mismos colores. Blanco y negro, y no azul y negro, como los aficionados del FC Linz habían pedido.

En un inicio, la fusión entre ambos se vendió como una medida necesaria para salvar a ambos clubes de las deudas y fortalecerlos en lo económico y lo deportivo. Sin embargo, la realidad les golpearía en la cara. El renombrado LASK Linz descendió a segunda cuatro temporadas después. De tener a dos clubes en la máxima división austriaca, la ciudad de Linz, la tercera más grande del país, pasó a no tener ninguno.

Pero Wolfgang Rieger no estuvo presente en el palco para verlo. Tres años antes, se dio a la fuga. Durante el otoño de 1998, una auditoría realizada a su banco sacó a la luz los tejemanejes que había estado haciendo: a las pocas semanas, el presidente del LASK fue acusado de malversación y fraude deshonesto. ¿Su reacción? Ir a una incineradora de Viena, quemar varios documentos, recoger cuánto dinero pudiese e irse a Niza.

Días más tarde, regresó, aunque con menos dinero del que se fue, y se declaró culpable. Entró en prisión. El LASK, mientras tanto, ya sin él, siguió sin levantar cabeza.

40 kilómetros lejos de casa

El club regresó en 2007 a primera división, pero la alegría fue breve. Con la amenaza de un descenso administrativo, en 2011 el equipo quedó décimo (posición de descenso en Austria). Bajaron a segunda, donde quedarían terceros al año siguiente. Aunque su posición tampoco les daba acceso a primera, las malas noticias llegarían en verano: les denegaron la licencia de la temporada siguiente por impagos. Descendieron a tercera, fuera del fútbol profesional. Un año más tarde, el club perdió la promoción ante el filial del RedBull Salzburgo, el Liefering, y, en octubre, se informó de que estaba en riesgo de quiebra.

En la misma temporada 2013-14, el club había tenido que abandonar su estadio por motivos económicos -no volverían hasta 2016- y tuvo que empezar a jugar en un pueblo a 40 kilómetros de Linz, en la modesta comunidad de Schwanenstadt. Fue entonces, en diciembre de 2013, cuando apareció un grupo de 14 inversores locales, llamados ‘Amigos del LASK’, que se hizo cargo del club. Cada uno de ellos aportó 75.000 euros y Wolf-Dieter Holzhey fue nombrado presidente. Como un regalo de Navidad, a finales de aquella temporada, el equipo ganó la promoción ante el SC/ESV Parndorf y logró el ascenso. Más de 10.000 aficionados del Linzer ASK fueron al partido de vuelta.

 

El club ha terminado tercero en liga, volverá a jugar de nuevo la fase final por el campeonato. El Sturm Graz le espera en las semifinales de copa. Tras una historia disparatada, el club ha sobrevivido gracias al amor de sus aficionados, y ahora por fin vuelve a soñar

 

El sueño de revivir, de nuevo, los años 60

En su primer año en la Erste Liga, quedaron terceros. A la temporada siguiente, segundos. Y a la tercera fue la vencida: quedaron primeros y en la última jornada pudieron celebrar su regreso a la máxima división austriaca. En 2017, además, volvieron a recuperar su nombre original, LASK, eliminando el Linz, añadido por la fatídica fusión. La alegría, de nuevo, les duró poco. Dos años después, tras el mejor inicio liguero del club en más de 50 años, llegó el confinamiento por el coronavirus. Y, en la reanudación del campeonato, se sancionó al club, según la Bundesliga austriaca, por saltarse las normas de fair play durante el regreso a los entrenamientos: la competición les quitó seis puntos de la fase regular y les quitaría cuatro más de la fase final por el título. Antes del inicio de los play-off por el título, el LASK le sacaba precisamente seis puntos al RedBull Salzburg, que venía de ganar diez ligas de las últimas 13.

Finalmente, fueron quintos.

En los últimos años, el LASK ha logrado cierta estabilidad, al menos en lo deportivo, ya que el grupo ‘Amigos del LASK’ se ha dividido y el club ha tenido que leer varias declaraciones cruzadas entre sus dirigentes. El equipo, sin embargo, ha disputado todas las fases finales por el campeonato desde que se cambiara el formato en 2018. No ha bajado del quinto puesto desde su regreso a primera. Disputó una final de copa en 2021. Y ha jugado en más de una ocasión la Europa League. Ganaron 4-1 al Sporting de Portugal en una ronda previa en 2020 y empataron a tres ante el Tottenham Hotspur de Gareth Bale en fase de grupos aquel mismo año. Mamadou Karamoko hizo el empate en el 93’.

Después de décadas en el alambre, la afición del LASK sonríe. El pasado mes de febrero, ante el SC Austria Lustenau, se inauguró su nuevo estadio, el Raiffeisen Arena. El club ha terminado tercero en liga, volverá a jugar de nuevo la fase final por el campeonato, y ahora espera al Sturm Graz en las semifinales de copa. Tras una historia disparatada, el club ha sobrevivido gracias al amor de sus aficionados, y por fin vuelve a soñar con poder revivir aquellos felices años 60.

 


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Fotografía de Getty Images.