El ultraconservador Frente Nacional de Marine Le Pen ha vuelto a ser noticia en Francia. “La Federación debe descartar definitivamente a los jugadores de patriotismo pusilánime”, denunció el consejero deportivo de la citada organización política. El dardo iba dirigido a Benzema, tras declarar que no pensaba cambiar su costumbre de no entonar el himno nacional de su país. Este caso tan sólo recupera para la actualidad un serial que desde siempre ha unido la controversia patriótica con el fútbol. Multitud de ejemplos lo confirman.

 

La Marsellaise (Francia)

El litigio generado alrededor del escaso patriotismo mostrado por algunos franceses en cuanto se ponen en marcha las partituras de su himno en los terrenos de juego no se reducen al novedoso affaire Benzema. El propio ariete nacido en Bron declaró en una entrevista en las páginas del #Panenka03 que cuando el combinado ‘bleu’ juega en el Stade de France uno tiene la impresión de estar sobre el tapete de una nación foránea. La historia contemporánea de Francia le ha reconvertido en una auténtica congregación ‘multirracial’, tanto en las calles de sus ciudades como en la propia escuadra nacional. Nasri, Ben Arfa, Ménez… dosis de sangre norteafricana se cuelan en la zamarra del gallo. Y en las gradas, más de lo mismo. A Sarkozy todavía le chirrían los oídos de los abucheos que la gran mayoría de aficionados árabes del Stadio Vélodrome dedicaron al himno nacional en un partido ante Túnez de hace algunos años.

GOD SAVE THE QUEEN (REINO UNIDO)

A Ryan Giggs se le recuerdan muy pocas salidas de tono. Casi ninguna. En las Islas, de hecho, presumen del extremo del United como su particular modelo de perfección. Pero cuando se mezclaron unos Juegos Olímpicos, el azul marino de la elástica británica y los acordes del himno nacional, el mito viviente de la Premier no dudó en posicionarse en público. Junto a sus compañeros Bellamy, Allen o Taylor, todos ellos también de procedencia galesa, el eterno ‘red devil’ permaneció callado y hierático mientras las notas de la ceremonial sinfonía se empapaban entre las gradas de Old Trafford. La selección del Reino Unido abría los pasados Juegos Olímpicos ante Senegal. Pero en cuanto la cámara captó el rostro de Giggs, la euforia patriótica se sostuvo en el aire por unos instantes. El silencio también puede valer más que mil palabras.

HIMNO ESTATAL (Federación Rusa)

¿Combatía el glacial frío de San Petesburgo o se tapaba los oídos? La imagen de Denisov con las palmas de las manos alrededor de sus orejas durante el cántico oficial soviético en un partido del Zenit despertó una enorme oleada de críticas en Rusia, cuna del comunismo más patriótico. Anteriormente también habían sido el foco de la ira de la prensa conservadora del país los hermanos Berezutski, que todavía hoy se niegan a cantar la melodía en los envites internacionales del combinado de Fabio Capello. Suerte que el italiano no se lo reprochará en exceso, teniendo en cuenta que tampoco él se ha aprendido ni una estrofa. Suficiente faena tiene en convertir a su nuevo plantel en una amenaza real para los grandes combinados.

La Brabançonne (Bélgica)

Las desavenencias entre valones y flamencos han suscitado y siguen suscitando grandes polémicas en Bélgica. De hecho, uno de sus últimos mandatarios, Yves Leterme, Primer Ministro belga en dos etapas distintas (2008 y 2009-2011), llegó a confundir antes de su primera investidura el himno oficial de su país (La Brabançonne) con el de Francia (La Marsellesa). Un error imperdonable que provocó una oleada de titulares de mofa, agravada si cabe por el hecho de que existen tres versiones del himno por cada uno de los tres idiomas oficiales que reconoce el país belga: el neerlandés, el francés y el alemán.

En el terreno futbolístico, el asunto adquiere tintes aún más surrealistas. El puesto de seleccionador nacional lo ocupa, desde junio de 2012, el ex capitán belga Marc Wilmots mientras que el técnico que dirige al combinado sub 21 es otro ex internacional, Johan Walem. Pues bien: ambos, junto a un jovencísimo Van Buyten, fueron los únicos que se negaron a cantar La Brabançonne en los prolegómenos del Brasil-Bélgica disputado en el Mundial de Corea y Japón.

Pero Wilmots, de padre flamenca y madre valona, dio un giro de guión en el trascendental partido ante Serbia clasificatorio para el Mundial de Brasil disputado a finales del año pasado. En un escenario favorable, delante de toda la afición de los Diables Rouges, Wilmots se arrancó a cantar la letra del himno de su país, en lo que muchos medios calificaron como la tan deseada “primera vez”. La decisión, aunque matizada por él mismo en numerosas ocasiones -“nos pagan por jugar, no por cantar”- ha tranquilizado a aquellas voces que pedían que su figura sirviera como elemento de cohesión en un país que sigue tratando de encajar los pensamientos de las tres regiones que lo integran (Flandes, Valonia y Bruselas).

Deutschlandlied (Alemania)

En Alemania, no sólo los neonazis contemplan con recelo la creciente multiculturalidad de la selección. También miembros de la conservadora Unión Cristiano Demócrata (CDU) -y su formación hermana en Baviera, la CSU- exigieron el pasado verano que los internacionales cantaran a viva voz el Deutschlandlied. “Debería formar parte del protocolo que los jugadores participen del himno”, declaró el ministro del Interior de Hesse, Volker Bouffier, al sensacionalista Bild. “Después de todo, representan a un equipo nacional, no a ellos mismos. ¡Incluso es vergonzoso tener que discutir sobre estas cuestiones!”, pregonó el compañero de filas de la canciller, Angela Merkel.

En parecidos términos se expresó entonces, justo después de la eliminación de la Mannschaft en semifinales de la Eurocopa de Polonia y Ucrania, el ministro bávaro Joachim Herrmann: “Quien no sienta el himno debería quedarse en su club”. Hasta el siempre polémico Franz Beckenbauer se mostró partidario de introducir la obligatoriedad del cántico: “Así es como nos proclamamos campeones del Mundo en 1990”, afirmó, recordando que su periodo como seleccionador germano arrancó en 1984 con esa misma decisión.

En el centro de la polémica se ubican futbolistas como Lukas Podolski, Mesut Özil, Sami Khedira o Ilkay Gündogan, jóvenes con orígenes migratorios que prefieren no entonar los versos del poeta August Heinrich Hoffmann von Fallersleben sobre música de Joseph Haydn. En cambio, otros futbolistas con ancestros inmigrados como Mario Gómez o Miroslav Klose sí participan -junto con todo el resto de sus compañeros y miembros del cuerpo técnico- del canto de un himno que en 1945 se vio reducido a su tercera estrofa: la derrota del nazismo supuso el abandono de los dos primeros, que erróneamente permanecen en el imaginario mundial con su reveladora apertura, Deutschland über alles (Alemania por encima de todo).

Bože pravde (Serbia)

Los deportistas balcánicos suelen ser plusmarquistas mundiales en materia de orgullo nacional. Precisamente por eso, trascendió el caso de Adem Ljajic, delantero de la Fiorentina y una de las jóvenes figuras serbias. Ljajic cometió el ‘error’ de no cantar el himno el pasado mayo ante España y Sinisa Mihaijlovic, su seleccionador, no ha vuelto a convocarle. Según afirmó el técnico -conocido por su fervor nacionalista-, el atacante adujo razones personales para no entonar el Bože pravde. “Hay ciertas cosas que no puedo tolerar y una de ellas es esta”, proclamó Mihaijlovic. En realidad, un documento le avala: cada futbolista serbio firma un acuerdo antes de acceder a la internacionalidad que, entre otros aspectos, le obliga a cantar el himno. Algunos medios especularon después con los orígenes de Ljajic, crecido dentro del pueblo bosniaco-musulmán, como causa de su silencio.

HIMNO NACIONAL (ARGENTINA)

Que un peón no te cante la canción patriótica es pasable. Que no lo haga tu delantero centro titular ya escuece un poco. ¿Pero que no pronuncie ni una palabra el único digno sucesor de ‘El Pelusa’, y considerado por muchos como el mejor jugador de todos los tiempos? Para muchos argentinos ese fue un argumento más para explicarse a sí mismos cómo podía ser que Lionel Messi pasara de marcar cuatro goles en media parte en el Camp Nou a no dar señales de maestría en sus compromisos internacionales con la albiceleste. “Este pibe es más catalán que argentino”, comentaban las lenguas más burlescas. Ahora el rumbo ha cambiado. ‘La Pulga’ ya es ídolo en la tierra que lo vio nacer, siendo el máximo realizador de su combinado en la carrera clasificatoria para el Mundial 2014. Pero de momento se resiste a entonar el himno. “Me lo guardo para una ocasión especial”, comentó recientemente. Habrá que esperar.