El delantero nigeriano Rashidi Yekini llegó al Sporting en 1995 con la vitola de estrella. Pero algo estaba roto en su interior. Su paso por Asturias evidenció que algo iba mal.
El centro lo puso Oruma y Amunike hizo el 3-2. Final, oro, y el mundo que ahora sonreía al mirar a Nigeria. Porque su fútbol, nacido de la superación, era lo opuesto a la barbarie.