Sin equipo desde hace más de un año. Así se encuentra en la actualidad Yoann Gourcuff (Ploemeur, 1986), un futbolista nacido en el seno de una familia plagada de deportistas. Un ejemplo de ello es su padre, Christian Gourcuff, que militó en varios equipos del fútbol francés como el Stade Rennais, Guingamp o Lorient, entre 1972 y 1991. 

El centrocampista galo mostró su talento bien temprano en las categorías inferiores del Lorient, conjunto que por aquel entonces entrenaba su padre. Yoann debutó en el equipo de las ‘Merluzas’ con apenas 17 años, mostrando una sorprendente calma con el balón en los pies, como si apenas le quemara tener el control de la pelota, y sin miedo alguno a perder el balón, pese a ser un simple mocoso de instituto. 

En 2003, su progenitor se convirtió en entrenador del Stade Rennais de la Ligue 1. Y se llevó a su hijo consigo. Gourcuff firmó su primer contrato profesional con el equipo del noroeste francés y, tras debutar en la élite un año más tarde, ayudó al club a terminar en una más que meritoria séptima posición en liga. Durante aquel tiempo, mucha gente criticó que el jugador estuviera allí por el deseo y la influencia de su padre, aunque la realidad era totalmente distinta. Caracterizado por ser un mediapunta de gran habilidad, físicamente fuerte, con una conducción del balón privilegiada con ambos pies y un gran disparo a balón parado, el joven enganche fue asombrando a los clubes más importantes de Europa, quienes hacían cola para hacerse con sus servicios.

Milán, el primer fracaso

Tras proclamarse campeón con la selección francesa sub-19 en el campeonato europeo y ser uno de los jugadores más destacados del torneo, el Milan de Carlo Ancelotti fue más rápido que nadie y pagó cinco millones de euros para contar con la perla francesa entre sus filas. Después de aquel torneo mágico, la prensa francesa le bautizó con un apodo que acompañó su carrera para siempre, ‘Le petit Zidane’. Probablemente fuera por el hecho que se movía de la misma forma que ‘Zizou’, conducía el balón de igual manera y también hacía la clásica ruleta de forma calcada a la del actual entrenador del Real Madrid. Si bien pesaba un kilo menos y medía un centímetro más, tenían muchas similitudes a la hora de desplegar su juego en el verde. Pero la intermitencia de Gourcuff era todo lo contrario a la magia que solía crear siempre Zidane. Quizás fue un error someter a un futbolista tan joven a la presión de ser el sucesor de uno de los mejores futbolistas de la historia de Francia como lo era Zinedine, que por aquel entonces acababa de retirarse. De la misma forma lo corrobora el periodista especializado en fútbol internacional Bruno Alemany: “era un futbolista con un talento bárbaro, a quien le pesaron demasiado las comparaciones con todo un mito como Zidane”.

Al llegar a la capital de la Lombardía, Gourcuff se encontró con una plantilla que estaba plagada de estrellas, y una feroz competencia en un centro del campo con jugadores de la talla de Kaká, Seedorf o Pirlo. El volante pasó dos temporadas con los ‘Rossoneri’, en las que solo marcó tres goles y contó muy poco para Carlo Ancelotti, quien criticó su poca fortaleza mental. Tampoco ayudó que comenzaran las pequeñas pero repetitivas lesiones, que no hicieron más que prolongar su calvario en Italia. “No creo que tomara malas decisiones. Hay trenes que solo pasan una vez en la vida y Yoann debía intentar aprovechar su oportunidad, aunque finalmente no cumpliera con las expectativas”, destaca el mismo periodista tras su corto periplo en la ciudad de la moda. Tras su regreso a Francia, concretamente en el Girondins de Burdeos, el capitán milanista Paolo Maldini afirmó que “Gourcuff no estaba compenetrado con el equipo y no se dedicó lo suficiente para ser un activo valioso e importante para el club”.

Reencuentro en Burdeos

De vuelta en su país, el centrocampista ofensivo olvidó sus problemas y encontró aquello que no había atesorado en su etapa en Milán: estabilidad. Pese a no anotar muchos goles en su primera temporada, jugó con regularidad en la mediapunta de un equipo versátil dirigido por Laurent Blanc. Junto a futbolistas como Chamakh, Tremoulinas o Cavenaghi, el conjunto azulón se proclamó campeón de la Ligue 1, rompiendo la hegemonía de un Lyon que era dueño y señor de la liga francesa con Juninho Pernambucano como estandarte. Además, Gourcuff obtuvo los galardones de Mejor Gol y Mejor Jugador del campeonato francés. Aquella buena temporada le abrió a Gourcuff las puertas de la plantilla de ‘les Bleus’ de cara a la Copa del Mundo de 2010, celebrada en Sudáfrica.

El cambio que terminó con su carrera

Después de pasar sin pena ni gloria por el Mundial de 2010 con Francia, Gourcuff fichó por el mejor club del futbol francés en aquel momento, el Olympique de Lyon. Sin embargo, el enganche formó parte de una de las peores épocas del conjunto lionés y, además, se perdió una gran cantidad de partidos por lesión. Las molestias físicas se cebaron con el talentoso futbolista francés, que se lesionó en un total de 14 ocasiones desde que fichara por el ‘OL’ y permaneció de baja un total de 560 días. Lesiones en los aductores, en los cuádriceps, en la espalda, en los tobillos, en el tendón de Aquiles y hasta en el dedo gordo del pie son algunas de los estragos que ha sufrido un jugador que podría denominarse ‘de cristal’.

La vuelta a casa

Tras cinco años llenos de interrupciones, Gourcuff dejó el Lyon y fue traspasado al Stade Rennais, dirigido precisamente por su padre. Por aquel entonces, en 2015, el estado físico del futbolista estaba muy mermado, tanto que él mismo aseguró en una rueda de prensa que “no cobraré ni un centavo hasta estar recuperado físicamente del todo”. El regreso a casa no fue el esperado y firmó por el Dijon en 2018, tras finalizar contrato con el Rennes, para recuperar sensaciones como futbolista y poder ser importante en un conjunto que luchaba por no descender. Tras solo medio año en el equipo, club y jugador acordaron rescindir el contrato del talentoso deportista francés.

Al igual que muchos jóvenes, Yoann Gourcuff no supo elegir el momento ideal para probarse en la élite europea. El mismo talento que lo presagió como un elegido, distinto del resto de futbolistas en su posición, le condenó por su falta de regularidad y extrañas lesiones. Así fue Gourcuff, un fuera de serie que terminó consumido por su mente.

 


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Fotografía de Getty Images.