Cerca de 50.000 vecinos de Burdeos se concentraron el domingo 31 de mayo de 2009 en la explanada de la Place des Quinconces, una de las plazas más grandes de Europa. El Girondins había ganado. Había ganado otra vez. Después de diez años sin celebrar el título, ‘Les Marines et Blancs’ festejaron un triunfo que ponía fin a siete temporadas de tiranía del Olympique de Lyon en Francia. El trofeo hexagonal volaba a la capital de la región de Nueva Aquitania, declarada Patrimonio Mundial de la Unesco dos años antes por su unidad y coherencia en el conjunto urbano y arquitectónico y por su papel histórico como lugar de intercambio de valores culturales. Las calles de la ciudad, rodeada de viñedos y atravesada por el río Garona, se llenaron de júbilo gracias a Laurent Blanc y a sus jugadores. Esta vez, el patrimonio era futbolístico.

CAMINO AL TRIPLETE

En su primera campaña como entrenador, la 2007-08, el exfutbolista galo llevó al Girondins al segundo puesto en la competición doméstica, donde solo cuatro puntos le separaron del Lyon. Blanc estuvo cerca, se quedó con la miel en los labios, pero sabía que tendría otra oportunidad de derrocar la hegemonía de ‘Les Gones’. Sin ir más lejos, los del suroeste de Francia enseguida pudieron redimirse gracias al Trophée des Champions, la supercopa que enfrentaba al vencedor de la Coupe de France y la Ligue 1. El Lyon, al haber ganado en ambas competiciones, debía superar entonces al segundo clasificado liguero. El equipo de Claude Puel, con jugadores como Fabio Grosso, Hugo Lloris, Jérémy Toulalan, Juninho Pernambucano y Karim Benzema era favorito para seguir engrosando sus vitrinas. Pero Blanc tenía otros planes. 

El calor del verano secó la pólvora de ambos conjuntos durante 120 minutos que concluyeron con 0-0 en el marcador. No obstante, el Girondins se impuso en una tanda de penaltis en la que el capitán y guardameta Ulrich Ramé, el único jugador que quedaba de la plantilla ganadora de la liga 1998-99, detuvo tres lanzamientos. ‘Les Marines et Blancs’ comenzaban la nueva temporada con buen pie y ganas de darle más alegrías a Burdeos. Para lograr su propósito, el enólogo, viticultor y presidente de la entidad desde 1996, Jean-Louis Triaud, se movió junto a su directiva para traer a futbolistas como el lateral izquierdo Diego Placente, el atacante Yoan Gouffran o el joven mediapunta Yoann Gourcuff, quien pronto se convertiría en la estrella del equipo. ‘Le Petit Zidane’, le llamaban. “Es el futuro de Francia”, decía el propio Zidane.

Gourcuff, hijo del exfutbolista y entrenador Christian Gourcuff, llegó cedido del AC Milan, donde no acababa de cuajar. Según el capitán, Paolo Maldini, “no estaba compenetrado con el equipo y no se dedicó lo suficiente para ser un activo valioso e importante para el club”. Sin embargo, con la camiseta de los bordeleses desprendió toda la magia que llevaba dentro. Hechizó a la ciudad y a Europa entera con su fútbol. Incluso las revistas de moda se interesaban en aquel atractivo centrocampista. “¡Ha llegado el nuevo símbolo sexual! ¡Es guapo, joven, sexy, futbolista y se llama Yoann Gourcuff! Bueno, también es la nueva esperanza del fútbol francés y podría ser el sucesor de ‘Zizou’, ¡pero preferimos mirarle a los ojos que a los pies!”, publicaba la revista de moda Marie Claire.

Yoann Gourcuff, liberado como mediapunta, enseguida tomó las riendas de un equipo con una gran flexibilidad táctica, puesto que Blanc podía utilizar diferentes esquemas según las circunstancias del encuentro, tal y como señaló Axel Torres en un artículo para MarcadorInt. La creatividad de Gourcuff ofrecía más oportunidades al delantero argentino Fernando Cavenaghi, que el curso anterior había obtenido el galardón a mejor jugador extranjero del campeonato. “Caí en el club indicado en el momento justo. Me compraron por una cantidad importante y el club me hizo sentir un jugador diferente. Lo demostraron con el esfuerzo que hicieron porque era la transferencia más cara en la historia del Burdeos”, explicó Cavenaghi en una entrevista para el blog Fútbol Táctico. 

En el primer encuentro de la temporada 2008-09, Cavenaghi demostró su valía saltando al campo en el minuto 40 y anotando el tanto de la victoria por 2-1 frente al Caen. Fueron los primeros tres puntos de un año de ensueño. El ataque dio un salto de calidad gracias también al gran rendimiento de Marouane Chamakh, quien se asociaba a la perfección con Gourcuff, caía a las bandas y anotaba. Aun así, el equipo de Blanc empezó con altibajos. Llegó a la decimosexta jornada como sexto clasificado, habiendo perdido frente a rivales directos como el Lyon, el Paris Saint-Germain o el Lille. Poco después también quedarían eliminados de la Champions League en la fase de grupos, donde se enfrentaron a la Roma, al Chelsea y al Cluj. Tan solo pudieron vencer, tanto de local como de visitante, al club rumano. 

La tercera plaza europea permitió a los bordeleses disputar los dieciseisavos de la Copa de la UEFA, un torneo del que fueron finalistas en 1996, con Zidane como estrella. Si esta vez querían ganar el título, primero debían superar al Galatasaray. Por desgracia, una noche dramática en Estambul les impidió avanzar de ronda. El 0-0 de la ida hacía bueno el 3-3 de la vuelta, pero apareció el lateral Sabri Sarioğlu en el descuento para dilapidar cualquier esperanza. 4-3 y eliminados. Tras caer también en la primera ronda de la Coupe de France en enero, el Girondins debía centrarse en las dos competiciones restantes, la liga y la copa de la liga, aunque Blanc insistía en que la Ligue 1 no era el objetivo número uno. 

“No tenemos los medios necesarios, pero esta temporada el Lyon tiene menos margen de seguridad que en años anteriores”, explicaba el técnico galo en una entrevista para la emisora de radio RMC Sport. Blanc metía presión al habitual campeón, que estuvo hasta la jornada 31 en lo más alto de la clasificación. Mientras tanto, ‘Les Marines et Blancs’ seguían avanzando en la Coupe de la Ligue. Derrotaron al Guingamp, al Châteauroux y al PSG, en ese orden, antes de plantarse en la final contra el Vannes, un conjunto de segunda división que había sorprendido a todos. El 25 de abril, en el Stade de France, los bordeleses necesitaron solo media parte para sentenciar al rival. El interior izquierdo Wendel, el central Marc Planus, Gouffran y Gourcuff anotaron los únicos cuatro tantos del partido antes del minuto 40. El segundo título de la temporada ya era una realidad.

La fluidez en el juego y la tranquilidad que demostraron los futbolistas entrenados por Laurent Blanc podía relacionarse, en cierto modo, a los tres puntos que habían cosechado días antes frente al Lyon. El Girondins había encadenado cuatro triunfos consecutivos en liga, mientras que ‘Les Gones’ acababan de perder el liderato. Era el momento de hacerle jaque mate al vigente campeón, adelantarlo en la clasificación y poner fin a una racha diez años sin conseguir la victoria frente a los lioneses en el Stade Chaban-Delmas, el hogar de un club que en 2015 se trasladaría al norte de la ciudad, a un nuevo estadio, el Matmut Atlantique. Un solitario gol antes del descanso del centrocampista Alou Diarra, que aprovechó el rebote de un disparo al poste de Wendel, fue suficiente para llevarse el gato al agua.

 

“¿Es este el final del reinado?”, se preguntaba el articulista de L’Équipe Vincent Duluc después de la victoria del Girondins de Burdeos frente al Olympique de Lyon

 

La solidez defensiva de los locales provocó que Benzema tuviera un papel secundario. “Nos sentimos bien física y psicológicamente”, expresaba al final del encuentro Diarra, acompañado normalmente en el medio por el brasileño Fernando. A falta de seis jornadas para el final, los bordeleses se asentaban en la segunda posición tras una escalada sigilosa en la tabla. Mientras tanto, el periodista de L’Équipe Vincent Duluc ponía la atención en el Olympique de Lyon. “¿Es este el final del reinado?”, se preguntaba. La entidad presidida por Jean-Michel Aulas, cabreado por un posible penalti no señalado, estaba contra las cuerdas. Las lesiones, la escasa adaptación de los jugadores al sistema implantado por Puel, la dependencia excesiva de Benzema y los frecuentes errores defensivos parecían poner fin a la hegemonía. “El Lyon se desliza inexorablemente hacia una mediocridad que debería llevarle a la pérdida del título”, escribía Duluc.

FIESTA FINAL

Si bien las diferentes variantes ofensivas distinguían al conjunto de Laurent Blanc, el buen repliegue  y la solidez defensiva eran otras de sus mayores bazas. Marc Planus y Souleymane Diawara ocupaban la zaga, mientras que Matthieu Chalmé, en la derecha, y Benoît Trémoulinas, en la izquierda, daban profundidad al equipo. Con 23 años, Trémoulinas se erigió como una de las grandes promesas de Francia, aunque, del mismo modo que sus compañeros Gourcuff y Chamakh, jamás volvió ofrecer el mismo nivel que en Burdeos. Blanc exprimió al máximo el potencial de aquellos futbolistas, tal y como comentó el lateral zurdo en una entrevista para el periódico Clicanoo, de la isla Reunión: “Confió en nosotros. […] Nos puso en las mejores condiciones posibles”. La felicidad que experimentó aquel curso Trémoulinas se tradujo en una renovación contractual. Vestiría la zamarra del club hasta el 2013, año en el que se marcharía al Dinamo de Kiev.

Tras la victoria frente al Lyon, le preguntaron a Blanc si vistas las circunstancias el título era ya el objetivo. “Pregúntame en dos semanas”, fue su respuesta. Con el Lyon casi fuera de combate, debían rezar para que se dejara puntos el primer clasificado, el Olympique de Marsella, entrenado por Eric Gerets y con jugadores de la talla de Steve Mandanda, Hatem Ben Arfa o Mamadou Niang. Los provenzales llevaban sin ganar el título desde 1992, poco antes de que una sanción administrativa por sobornos les arrebatara el título de 1993 y les condenase a rehacer el proyecto desde la segunda división. Tenían ganas de cantar el alirón de nuevo, pero los futbolistas del Girondins también. No se iban a rendir, y menos después del empate de los marselleses frente al Toulouse en la jornada 34.

El batacazo empató a puntos a ambos en lo alto de la tabla, aunque la diferencia de goles era favorable al Marsella. Quedaban cuatro finales, cuatro encuentros en los que ‘Les Marines et Blancs’ no podían fallar, cuatro encuentros para que el oponente sufriera por lo menos otro pinchazo. Qué caprichoso es el destino, pues el Lyon, sepultado, despojado de su hábito ganador por el equipo de Blanc, fue el verdugo del Marsella y la bendición del Girondins. En la antepenúltima jornada, el Vélodrome presenció la derrota de sus jugadores por 1-3. Esta vez, Benzema sí fue el protagonista, el autor de un doblete que celebró más Burdeos que Lyon. 

A su vez, los bordeleses volvían a ganar un encuentro gracias a un gol en el último cuarto de hora, una situación que se llegó a repetir hasta en ocho ocasiones durante toda la Ligue 1 2008-09. Ahora eran los líderes a falta de dos partidos. En la penúltima jornada superaron por 1-0 al Mónaco mientras el Marsella ganaba 1-2 al Nancy. Todo se decidiría en la última cita del curso. El Girondins acariciaba el éxito, tan solo tenía que cerrar la palma de la mano para atraparlo y no dejarlo escapar. No podían fallar. No podían fallar a los miles de aficionados que se reunieron en la Place des Quinconces para ver, en una pantalla de 51 metros cuadrados, el partido definitivo, en el estadio del Caen, que les podía hacer campeones por sexta vez en su historia. 

“Hay demasiada gente. Nunca imaginé tanto fervor”, admitió para el diario regional La Dépêche la aficionada Vanessa Dusserre, de 30 años, sosteniendo a su hija en brazos. Un empate le valía para celebrar el triunfo de su club. Aun así, para vivir la segunda mitad de forma más relajada, Gouffran, exjugador del Caen, anotó en el minuto 48 el 0-1 de cabeza tras un centro de Trémoulinas, que sumaba su quinta asistencia. El We are the champions de Queen sonaba. La muchedumbre se agitaba. La gran plaza de Burdeos se preparaba para el pitido final. Entonces el colegiado hizo sonar su silbato y el alborozo acabó de estallar. El Girondins había ganado. Había ganado otra vez. Con 80 puntos, ‘Les Marines et Blancs’ volvían a ser campeones.

 

“Los del Marsella decían que se merecían el título tanto como nosotros. Tenían razón, pero hemos estado haciendo un buen trabajo durante estos dos años y hemos sido recompensados”, expresó Laurent Blanc

 

Más de 70.000 aficionados se echaron a las calles para celebrar una noche inolvidable. La Place des Quinconces, la Place de la Victoire o la Place de la Bourse, con su famosa piscina reflectante, se llenaron de alegría, euforia y lágrimas. El alcalde de Burdeos y exprimer ministro de Francia, Alain Juppé, se unió a la fiesta y reconoció que los 90 minutos se le habían hecho largos. “Los del Marsella decían que se merecían el título tanto como nosotros. Tenían razón, pero hemos estado haciendo un buen trabajo durante estos dos años y hemos sido recompensados”, expuso Blanc, que años después volvería a ser campeón con el Paris Saint-Germain. Para el Olympique de Marsella la moneda salió cruz, pero no tardaría mucho en salir cara, pues en la siguiente temporada abrazaría por fin la gloria.

La racha de once victorias seguidas del Girondins en las últimas once jornadas supuso un récord en la historia de la competición. La Ligue 1 se sumaba al Trophée des Champions y a la Coupe de la Ligue para poner el broche de oro a una campaña inolvidable. “Es la consagración de un grupo de locura. Nunca ha habido el menor problema. Podemos atribuir este título a la calidad individual de cada jugador, a una buena base defensiva y a una extraordinaria cohesión entre los jugadores”, relataba Trémoulinas. Ramé ofreció el trofeo hexagonal a la gente de Burdeos, que semanas después recibió la gran noticia de que el club ejecutaría la opción de compra de 13,4 millones de euros por Gourcuff, quien fue nombrado mejor futbolista de la temporada y galardonado con el premio al mejor gol gracias a su tanto al PSG el 11 de enero.

Gourcuff sumó 12 dianas y repartió once asistencias en liga, mientras que Chamakh y Cavenaghi perforaron la red en 13 ocasiones cada uno. El pichichi de la competición cayó en manos de André-Pierre Gignac, que anotó 24 goles con el Toulouse. La magia de aquel brillante Girondins se extendió durante la siguiente temporada. Volvió a ganar la supercopa francesa, esta vez al Guingamp; llegó a la final de la copa de la liga de nuevo, aunque esta vez la perdió, frente al Marsella; y se plantó, después de quedar primero de un grupo con la Juventus y el Bayern de Múnich, en los cuartos de final de la Champions, donde se encontró al Lyon, que consumó su venganza y le apeó del torneo. En Ligue 1 obtuvieron la sexta plaza.

El curso 2009-10 fue el último para muchos de los héroes de aquel último gran Girondins de Burdeos. Chamakh se marchó al Arsenal, Cavenaghi se fue cedido a Mallorca, Gourcuff probó suerte en Lyon y Blanc sustituyó a Raymond Domenech al frente del combinado nacional francés después del desastroso Mundial de 2010. Los artífices del éxito abandonaron la ciudad, y desde entonces ‘Les Marines et Blancs’ tan solo han levantado un título, la Coupe de France en 2013. El Girondins espera tener una nueva oportunidad de saborear la gloria en una liga tiranizada por el Paris Saint-Germain. La gente de Burdeos recuerda aquel maravilloso equipo y sueña con volver a llenar de alegría, más pronto que tarde, las plazas de su preciosa ciudad.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografías de Getty Images.