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Olav H. Hauge, escritor modernista noruego, escribió en 1966 uno de los poemas de mayor belleza publicado en tierras escandinavas. Se trataba de Det er den draumen (‘Esto era un sueño’), que ponía de relieve la sensación que se siente al entrar en los famosos fiordos noruegos desde el mar. El título de este poema es la impresión que en los últimos tiempos el fútbol noruego y sus aficionados han experimentado. Desde hace años ningún equipo de la zona ha brillado en Europa y ni tan siquiera la selección ha demostrado al viejo continente la calidad que en la década de los noventa había maravillado cada campo que pisaba. Pero como en los buenos grupos de música, el talento siempre vuelve. O es que nunca se había ido.

La selección noruega se clasificó en 1994 por segunda vez desde hacía 70 años para disputar la Copa del Mundo, proeza que aún se superó en el Mundial de Francia 98 donde se consiguió clasificar para jugar los octavos de final después de superar en la última jornada a Brasil. Y después, a nivel de clubes, el Rosenborg alcanzó los cuartos de final en la Champions League de la temporada 1996-97, donde solo les pudo batir la Juventus de Zidane y Deschamps, entre otros, y que a posteriori sería la subcampeona de la competición, al caer ante el Borussia Dortmund. Además, dos años más tarde, el Vålerenga rompió todos los pronósticos y se plantó en los cuartos de final de la Recopa de Europa, donde fue eliminado por el Chelsea.

Fue en esa época en la que Noruega se sintió capaz de codearse con las grandes selecciones mundiales y los grandes equipos europeos, pero con la llegada del nuevo siglo todas estas aspiraciones quedaron en nada. Solo en el 2000 la selección norteña alcanzó la fase de grupos de la Eurocopa. Es por eso que el pasado jueves los escandinavos se volvieron a ilusionar con el fútbol. Un equipo noruego, en este caso el Molde, superó una eliminatoria de una gran competición de clubes, la Europa League, y se convirtió en el único equipo del país que progresa de fase en el siglo XXI.

Nunca dejes de creer

El Molde es el actual subcampeón de la Eliteserien, donde fue superado por el Bodø/Glimt, y participa en la Europa League como campeón de la pasada edición de la liga. En Noruega las temporadas son a año natural: la competición doméstica empieza en abril y termina en diciembre ya que durante los meses de invierno es imposible competir debido a las condiciones climáticas. Así pues, como campeón de la Eliteserien 2019, el Molde empezó su periplo por las competiciones europeas en la Champions League, pero la eliminación en la última ronda de clasificación contra el Ferencváros truncó sus aspiraciones de jugar en la máxima competición continental por segunda vez en su historia. Se tuvieron que conformar con la Europa League, una competición a la que el club está mucho más acostumbrado y donde fue emparejado con el Dundalk irlandés, el Rapid de Viena y el todopoderoso Arsenal. La primera posición del grupo parecía estar adjudicada antes de empezar para el conjunto inglés, así que la otra plaza que daba acceso a los dieciseisavos se convirtió en una batalla entre austríacos y noruegos. El Molde ganó el primero de los enfrentamientos contra el Rapid y empató el segundo, hecho que le permitió clasificarse para la siguiente ronda donde se encontró con el Hoffenheim alemán, un rival muy superior sobre el papel. Después de verse durante minutos 1-3 debajo en el marcador en el partido de ida disputado, curiosamente, en Villarreal por las restricciones de la covid, los de Erling Moe no podían imaginar lo que les esperaba. Dos goles en los últimos 15 minutos de partido les sirvieron para dar emoción a la eliminatoria y viajar a tierras alemanas con la esperanza de la clasificación. El partido de vuelta fue parecido al de ida: dominio absoluto en la posesión y las ocasiones para el Hoffenheim, pero efectividad en las áreas de los noruegos. Es ahí donde salen a relucir los dos nombres clave para el Molde, Andreas Linde y Eirik Ulland Andersen. El primero, portero sueco de 27 años, hizo 18 paradas entre los dos partidos y mantuvo con opciones a su equipo. El segundo, el gran héroe, autor de los dos goles en Alemania que clasificaron a su equipo para los octavos.

Fiabilidad y consistencia

Y es que el conjunto que dirige Erling Moe desde el 2018 ha conseguido formar un estilo de juego y un bloque de jugadores característico en Noruega. El hueco que dejó la marcha del histórico Daniel Berg Hestad en 2016, jugador con más partidos de la historia del club y miembro de una estirpe de leyendas de la entidad del condado de Møre og Romsdal -al oeste del país- ha sabido ser suplido, primero con el aura de Ole Gunnar Solskjaer en el banquillo y un joven Håland en el campo y después con la experiencia de Erling Moe y la calidad de Magnus Eikrem Wolf. El Molde nunca había sido un equipo puntero en Noruega, siempre a la sombra del gran Rosenborg que, de inicios de los 90 hasta inicios de los 2000, encadenó 12 títulos consecutivos, y con la esperanza de poder convertirse, alguna vez, en campeón nacional. Este logro llegó en 2011 de la mano de Hestad que con su firmeza de líder llevó a lo más alto al club de sus amores. A partir de ese momento, el club con más subcampeonatos de la Eliteserien, con diez, pasó a convertirse en un equipo a tener en cuenta en Noruega. En 2014 consiguió su tercera liga en cuatro años y después de un cuarteto de títulos consecutivos del Rosenborg volvió a alzar el título en 2019. La clave de este éxito es la fiabilidad y la consistencia que ha logrado el club, gracias, en gran parte, a Kjell Inge Røkke y la inversión que hizo a mediados de los 90, haciendo gala de su talento como empresario, que años después le traería más de un disgusto.

Y ahora, ¿qué?

El Molde llevaba dos meses sin disputar ningún partido oficial y se vio en la eliminatoria contra el Hoffenheim como quien encuentra agua en el desierto. Era su gran oportunidad, y la de un país, de demostrar a Europa que el fútbol noruego quiere volver a estar entre los grandes. Y así lo hizo. Moe cocinó la eliminatoria a conciencia, teniendo en mente la evidente inferioridad de la que partía su equipo, no sólo por la preparación sino por la calidad en el campo. Y aún así, Noruega salió victoriosa, una vez más, ante la mirada del viejo continente. Quién sabe lo que le deparará el futuro futbolístico al país norteño. Pero lo que es seguro es la predisposición a luchar por escribir su nombre en las próximas competiciones continentales y mundiales. Porque para esto están los sueños, para imaginarlos, visualizarlos y cumplirlos.

 


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Fotografía de Imago.