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El principio es el final y el final es el principio. Este fundamento, asumido por los humanos como una convención inalterable, es sencillo: todo empieza y todo acaba. Cada inicio de una nueva etapa va ligada al fin de la anterior. Hay que aceptarlo, todo tiene fecha de caducidad. La mitología nórdica lo escenifica con Jörmundgander, una gigantesca serpiente que envuelve a Midgard, el mundo de los hombres creado por los dioses. Y lo hará hasta el día del Ragnarök, la batalla del fin del mundo. Este reptil es tan grande que si se muerde la cola, puede abrazar toda la Tierra, una muestra esencial de principio ligado al final. Aunque también podrían usar de ejemplo la ciudad de Bodø, al norte de Noruega.

Esta población situada al condado de Nordland es el final de la Noruega civilizada, ya que es allí donde termina la línea ferroviaria que conecta todo el país. El gobierno noruego ha apostado por mejorar su red ferroviaria en los últimos años, pero extenderla más allá del círculo polar ártico siempre se ha convertido en una quimera. Asimismo Bodø también es el inicio de una zona desconocida e inhóspita como buena parte del norte de Escandinavia: inviernos helados, veranos cortos, auroras boreales… Y en especial de un fenómeno único del círculo polar, el sol de medianoche, que durante una parte del verano permite disfrutar del astro rey las 24 horas del día. Se trata de un evento que ha maravillado a escritores y artistas noruegos. Cómo escribió Knut Hamsunen en su obra Pat de 1894: “La noche se acercaba de nuevo, el sol apenas se había sumergido en el mar y resucitó de nuevo, rojo, refrescado, como si hubiera ido a beber. Me sentía más extraño en esas noches de lo que nadie podría llegar a imaginar…”.

Y es en este limbo fronterizo entre principio y final, en Bodø, donde se erige un club de futbol humilde pero con aspiraciones de grandeza, el FK Bodø/Glimt.

Haciendo historia

Domingo 26 de octubre de 1975, Ullevaal Stadion, Oslo. No es un fin de semana cualquiera en la capital noruega, hoy se disputa la final de copa. Además de toda la mística que ya de por sí conlleva la disputa de este título, hace falta añadirle que es la primera vez que la disputa un equipo del norte. El Bodø/Glimt llega con la papeleta de equipo inferior frente a un Vard Haugesund que sólo 14 días antes le ha arrebatado el sueño de formar parte, por primera vez, de la primera división noruega. Así, el partido se convierte en una oportunidad histórica de revancha para los norteños. Miles de seguidores les acompañan en esta hazaña y en los días previos llenan la principal calle de Oslo, la Karl Johans Gate, de banderas y cánticos para animar al equipo amarillo. Los jugadores no les defraudan y, después de una primera mitad sin goles, en el 70′ el sustituto Sturla Solhaug conecta un cabezazo que les pone en ventaja y, a dos minutos del final, el histórico Arne Hanssen remata la faena. Un estallido de júbilo llena el estadio: por primera vez en la historia un equipo del norte de Noruega ha ganado la copa. Ni el final de la guerra del Vietnam ni la coronación de Charles Chaplin como caballero de Inglaterra se pudo comparar con la gesta que los chicos del Glimt protagonizaron aquella fría tarde de otoño.

 

El Glimt se convertirá en el primer equipo de más allá del círculo polar ártico que levanta un título de campeón nacional

 

Esta victoria sirvió a todos los equipos del norte del país para demostrar a la federación de fútbol noruega que tenían el nivel adecuado para competir entre los más grandes del territorio. Y es que, durante años, tuvieron que combatir contra la falsa creencia de que su fútbol no era lo suficientemente meritorio para aspirar a jugar en la primera división. En 1963 se les permitió disputar la copa y, nueve años después, se les abrió la posibilidad de poder ascender a la tan ansiada máxima división. El camino no fue fácil y el trato diferencial entre los equipos del sur y del norte no acabó ahí. La federación dividió la categoría de plata en tres grupos, dos para los equipos del sur y una para los equipos del norte. Los que resultaran campeones del sur subían directamente de categoría pero los del norte debían superar una serie de eliminatorias. Aunque el Glimt no perdió ni un partido en las temporadas 74 y 75 y se coronó como campeón del norte, la mala suerte en las eliminatorias de ascenso le privó de subir de división. No fue hasta 1976, un año después de la victoria en la final de copa, que el club consiguió ascender. Y, curiosamente, quedó subcampeón de liga en la temporada de su debut. Ver para creer.

Un proyecto con recorrido

El Bodø/Glimt siempre ha tenido un rendimiento bipolar. Sólo alcanzó una cierta estabilidad en el periodo comprendido entre 1993 y 2005, cuando cosechó 12 temporadas consecutivas en primera división gracias al empeño de dos de los mejores jugadores de toda su historia, Runar Berg y Cato André Hansen. Pero el punto de inflexión del club tardó en llegar, no fue hasta 2017 que el actual presidente, Inge Henning Andersen, y los directores general y deportivo, Frode Thomassen y Aasmund Bjørkan, rescataron al club de unas aguas peligrosas y lo convirtieron en una fábrica de talento con grandes aspiraciones. Este proyecto ambicioso llamó la atención de José Ángel Jurado, un mediocampista sevillano que en diciembre de 2017 decidió abandonar el UD Almería para cruzar todo el continente y embarcarse en una aventura en tierras noruegas. “No tuve mucha duda de ir, me llamaba la atención la seriedad del país y quería probar cosas nuevas en el extranjero”, admite el ahora jugador del Cartagena. “El proceso de adaptación fue complicado, todo me vino de nuevo”, cuenta José Ángel, pero añade que lo pudo llevar adelante “gracias a la ayuda del club y de la familia”.

 

Muchos expertos en futbol escandinavo apodan al Bodø/Glimt como ‘la Atalanta noruega’, sobrenombre que le viene como anillo al dedo

 

Y es que la Eliteserien, la liga noruega, no es una competición fácil. Debido a las condiciones climatológicas típicas escandinavas, empieza cuando las principales ligas europeas ya han finalizado. Así pues, los jugadores, acostumbrados a hacer vacaciones durante el verano y jugar en otoño, invierno y primavera, deben reestructurar por completo su calendario. A esta variación de fechas hay que añadirle todo lo que supone vivir en Noruega, y especialmente en el norte. “Lo más duro fue jugar con nieve, se me helaban los dedos de los pies y así era difícil”

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, reconoce el jugador sevillano, que, sin embargo, guarda un gran recuerdo de su etapa en el Glimt: “Estaba muy feliz dentro del campo, me hacían sentir un líder.”

El proyecto del conjunto norteño va a alcanzar su cima esta temporada. A falta de siete partidos para el final de la liga, el equipo solo necesita seis puntos para coronarse como campeón de liga por primera vez en su historia. Un hito que se recordará eternamente en las heladas tierras de Bodø y que va a marcar un antes y un después en la Eliteserien. El Glimt se convertirá en el primer equipo de más allá del círculo polar ártico que levanta un título de campeón nacional y se unirá a una larga lista de clubes que han saboreado la gloria noruega. Pero lo más importante es que van a demostrar al resto del país que la gente del norte puede competir de tú a tú contra clubes gigantes como el Rosenborg o el Molde.

La Atalanta escandinava

La clave de este proyecto tiene nombre y apellido, Kjetil Knutsen. El entrenador de Bergen ha conseguido con tan solo tres años en el banquillo norteño -uno como segundo entrenador y los otros dos como primero- convertir este equipo en una máquina de fútbol ofensivo y de espectáculo. Es por eso que muchos expertos en futbol escandinavo apodan al Bodø/Glimt cómo ‘la Atalanta noruega’, sobrenombre que le viene como anillo al dedo. Hay una simplicidad casi poética en el sistema del Glimt: la capacidad de Knutsen de mantener un sólido once inicial y, además, el hecho que todos los jugadores conocen a la perfección su rol. Y buena prueba de ello es que en la mayoría de partidos en liga han jugado los mismos futbolistas.

Los de amarillo usan un esquema de 4-3-3, en el que el lateral izquierdo, Fredrik Bjørkan, hijo del director deportivo Aasmund Bjørkan, ejerce una función más ofensiva y el lateral derecho, el islandés Alfons Sampsted, cumple un rol de contención. Hasta aquí todo normal, lo específico llega en la línea de mediocentros, en la que Knutsen apuesta por tres jugadores muy versátiles, Ulrik Saltnes, Sondre Fet y Patrick Berg; este último, miembro de una estirpe de futbolistas históricos del Glimt –su padre Ørjan Berg, su abuelo Harald Berg, sus tíos Arild y Runar Berg, y su tío abuelo Knut Berg-. El joven de los Berg es el cerebro del equipo, el pilar sobre el que se sustenta todo el juego de Knutsen. Constantemente aportando en ataque, bien el contrario plantee una defensa en bloque bajo o una presión asfixiante, Berg da apoyos y orquestra el equipo, como hace el Papu Gómez en Bérgamo. No obstante, en la línea de ataque es donde el equipo marca las diferencias. Knutsen ha encontrado el goleador que tanta falta le hacía al Glimt, el danés Kasper Junker, uno de los máximos artilleros de la liga con 17 goles en 18 partidos. Pero lo que el conjunto tiene en los extremos -o tenía hasta hace un mes- es una dulzura. Jens Petter Hauge, que recientemente ha fichado por el Milan, ha sido durante su estancia en Glimt el jugador con más talento de la liga, y sus números lo avalan, 14 goles y 9 asistencias en 18 partidos. La joya de la corona, después de la marcha de Hauge a Italia, es el extremo Philip Zinckernagel. Operando en la banda derecha del ataque, el danés es una combinación de extremo, delantero interior o delantero, que trae loco a las defensas noruegas.

 

Los equipos norteños tuvieron que combatir contra la falsa creencia de que su fútbol no era lo suficientemente meritorio para aspirar a jugar en la primera división noruega

 

José Ángel Jurado vivió de primera mano el ascenso y la progresión de jugadores como Berg, Hauge o Zinckernagel, y les ve capacitados para dar el salto a las principales ligas europeas: “Para saber si tienen el nivel suficiente deben dar un paso adelante y probarlo”, analiza el sevillano, que señala que “tienen una calidad increíble”.

El Ocaso norteño

Churchill dijo, para resumir la derrota de los nazis en la Segunda Batalla de El Alamein: “Esto no es el fin, ni siquiera es el comienzo del final. Pero, posiblemente, sea el fin del comienzo”. Este nuevo amanecer es en el que está inmerso el FK Bodø/Glimt. El equipo va a ser campeón de la Eliteserien, hecho que va a marcar un nuevo rumbo en el club. Un futuro que, al igual que el sol de medianoche, tan conocido en el Norte, los aficionados esperan que no se termine nunca para poder seguir animando al equipo como hicieron aquella fría tarde de 1975 en el Ullevaal Stadion en la final de copa, con el famoso cántico: ‘Bodø/Glimt e laget, Gule flagg i vind, Bodø/Glimt superlag, Vi skal vinn vinn vinn’ (“El Bodø/Glimt es nuestro equipo, bandera amarilla al viento, el Bodø/Glimt es el mejor, debemos ganar, ganar y ganar”).
 


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Fotografía de Imago.