Los aficionados del Eintracht Braunschweig han tenido que esperar 28 años para volver a ver a su equipo en la élite de la Bundesliga. Gran parte de sus aficionados ni siquiera había nacido cuando el equipo de la Baja Sajonia perdió la categoría al finalizar colista la temporada 1984/1985. El camino de vuelta ha sido largo y penoso, llegando a quedar atrapado en las ligas regionales; periodos en los que el número de espectadores que acudían al Eintracht-Stadion se redujo a menos de la mitad, con las consiguientes pérdidas económicas. No fue hasta 2008 cuando los leones recuperaron el rumbo gracias a la confianza depositada en Torsten Lieberknecht, un entrenador con los pies en el suelo y la cabeza sobre los hombros que ha desarrollado un proyecto estable y, a la postre, exitoso.

La larga ausencia del Eintracht Braunschweig en la primera división de Alemania oculta una historia bastante notable que puede sorprender al futbolero más versado. Porque el Eintracht nunca fue un equipo puntero, ni en su país ni en Europa, pero se codeó con los mejores durante más tiempo del que llevaba descendido. Su regularidad en la Oberliga del Norte de los años 50 le permitió ser uno de los clubes fundadores de la Bundesliga en 1963. Es más: en la temporada 1966/1967 se proclamó campeón de liga con un equipo sin grandes jugadores pero con una disciplina táctica asombrosa, encajando sólo 27 goles en 34 partidos. Un récord que se mantuvo vigente 21 años, hasta que el Werder Bremen lo batió en 1988.

Su regularidad en la Oberliga del Norte de los años 50 le permitió ser uno de los clubes fundadores de la Bundesliga en 1963

En la campaña 1976/1977, el Eintracht Braunschweig estuvo a punto de repetir la proeza: quedó tercero empatado a puntos con el segundo –el Schalke 04– y a un punto del campeón, el Borussia Mönchengladbach. En esa década también se convirtió en el primer equipo alemán que aceptó llevar publicidad en la camiseta; en concreto, de la bebida alcohólica Jägermeister, muy popular en la Baja Sajonia. Pero la llegada de este patrocinador coincidió con un sostenido declive a nivel deportivo que ya dio visos de ser fatal en 1980, con un primer descenso a segunda división. Y aunque el club recuperó su puesto en la Bundesliga al año siguiente, el aumento de la competitividad hizo cada vez más frágil su supervivencia, hasta que la deficiente temporada 1984/1985 le devolvió al pozo. Los números fueron contundentes: perdió 23 de las 34 jornadas, encajó 79 goles y quedó a diez puntos de la salvación. Así arrancó un via crucis que, hasta el pasado mes de mayo, parecía interminable.

Disciplina alemana

Más que en jugadores concretos, las opciones de que el Eintracht Braunschweig pueda mantenerse en la Bundesliga pasan por su entrenador. Torsten Lieberknecht, de 39 años, fue un discreto centrocampista que recaló en el Eintracht en 2003 tras pasar por varios equipos de primera y segunda división, entre ellos el Mainz.

En Braunschweig se sintió a gusto, colgó las botas tras cuatro temporadas y pasó a entrenar al filial hasta que, en 2008, le dieron el timón del primer equipo. Desde el principio impuso unos criterios de disciplina que obligaban a sus jugadores a atender a todos los fans que venían a pedirles autógrafos, o la prohibición de ponerse los auriculares en el autocar que los llevaba al campo.

eintracht2Para Lieberknecht era vital crear un efecto piña en torno al equipo. Sabía que no contaba con los mejores mimbres, así que debía conseguir que todos jugaran como uno, y eso incluía recuperar la fe del público. Fue un proceso lento, gradual; pero los resultados le han ido dando la razón. Desde su llegada, el Eintracht siempre ha ido hacia arriba: en sus tres temporadas en tercera división fue 13º, 4º y, al fin, campeón. Y en sus dos años en segunda ha sido octavo y segundo, lo que le ha valido el ascenso a la Bundesliga pese a quedar lejos del Hertha BSC.

Kumbela y diez más

Ahora bien, está claro que para jugar entre los gigantes alemanes el Eintracht tendrá que aportar algo más que la fortaleza física y el buen feeling con sus aficionados, que no llenaban el estadio desde mediados de los 70. La piedra angular del equipo debe ser el congoleño Domi Kumbela, un delantero de 29 años que ha marcado 53 goles en sus 116 partidos con el Eintracht. Kumbela, que en enero sacrificó su presencia en la Copa de África para seguir colaborando en el ascenso a la Bundesliga, empezará fuera de forma por una inoportuna lesión, pero no hay dudas de que enseguida será la primera opción de Lieberknecht en la punta de ataque.

eintracht3Además, el Eintracht ha realizado siete fichajes que tienen que servir para completar una plantilla sin bajas significativas respecto a la temporada pasada. Entre ellos destacan el centrocampista noruego Omar Elabdellaoui (22 años), cedido por el Manchester City; el delantero jamaico-canadiense Simeon Jackson (26), procedente del Norwich City; y un ariete de 192 cm llamado Torsten Oehrl (27) que apenas ha metido 12 goles en sus tres temporadas en el FC Augsburg.

También continúan los prometedores Ermin Bičakčić y Timo Perthel, un defensa y un medio que han sido internacionales sub 19 y sub 20, y que junto al capitán Dennis Kruppke son los que deben dar empaque al equipo y continuidad a un sueño: el de mantener la categoría pese a ser uno de los equipos más débiles de la Bundesliga 2013/2014.