«El fútbol es la principal afición de los ucranianos, y obviamente la Federación se ha empleado a fondo para permitir el arranque de la temporada en el calendario previsto», explica Evan Ostryzniuk, uno de los redactores del Kyiv Post. Su diario adquirió relevancia internacional durante la crisis del Maidan, en la que las manifestaciones fueron agrupando elementos pro-europeístas, anti-rusos, nacionalistas y de extrema derecha entre noviembre del año pasado y febrero del actual. A ese caleidoscopio social se sumaron también los ultras de muchos equipos, incluidos algunos de las zonas rusófonas. «En Jarkiv, por ejemplo, la movilización de los aficionados ayudó a evitar que la ciudad cayera en manos de los rebeldes», apostilla Ostryzniuk.

Finalmente, Yanukóvich cayó el 22 de febrero, pero el país desde entonces está partido. En la zona centro-occidental (cuatro quintos de la superficie total), el nuevo gobierno pro-occidental de Kiev no ha tenido problemas pero en las regiones orientales, de mayoritaria habla rusa y socialmente muy influidas por las emigraciones desde el resto de la Unión Soviética, el Ejército aún no ha recuperado el control. Y luego está Crimea, anexionada a Rusia tras el referendum del 16 de marzo. Con semejante escenario, la Premier League tuvo que interrumpir su calendario y variar las sedes de los equipos en la zona rebelde. A pesar del innegable aroma de excepcionalidad que se respiraba en el país, la liga de fútbol logró llegar a su fin, y además con la rutina habitual: el Shakhtar Donetsk, campeón.

El Shaktar, la deserción y el exilio

Antaño equipo de mineros, el Shakhtar quizá constituya el club ex-soviético que mejor se ha adaptado al capitalismo. Bajo el poderoso influjo de su presidente y dueño, Rinat Akhmetov, su personalista entrenador, Mircea Lucescu, y una secretaría técnica con una fijación casi enfermiza por el futbolista brasileño, Donetsk -a unos 100 kilómetros de la frontera rusa- se ha convertido en la capital del fútbol ucraniano por encima del antiguo monopolio del Dinamo de Kiev. «Akhmetov, uno de los mayores sponsors [curioso concepto deportivo aplicado a la política] del pro-ruso Partido de las Regiones de Yanukóvich ya se ha desmarcado de las fuerzas rebeldes que aún controlan la región del Donbass. Él se ha significado a favor de una Ucrania unida», apunta Ostryzniuk.

También se ha posicionado con toda firmeza en contra de las huidas esta semana de los seis jugadores extranjeros (Alex Teixeira, Fred, Dentinho, Douglas Costa, Facundo Ferreyra e Ismaily) que tras un amistoso en Lyon optaron por no regresar, esgrimiendo temor por el derribo del avión malasio. «Sus contratos tienen cláusulas de decenas de millones de euros: si no vuelven serán los primeros en sufrir las consecuencias», ha proclamado en la página web del club. «La seguridad de nuestros jugadores es nuestra principal preocupación», reforzaba el director general del club, Sergei Palkin, con algo más de tacto. Pocas horas después, Ismaily y Fred expresaban su intención de regresar inmediatamente. Los otros cuatro jugadores siguen con dudas, sobre todo porque dos de ellos cuentan con ofertas: a Douglas le seduce cambiar las orillas del gris Donbass por el Mediterráneo monegasco, mientras el dossier de Ferreyra se encuentra en las secretarías técnicas de media Europa (suena para el Torino y Palermo). Lucescu, por su parte, ha calificado el incidente de «secuestro» y ha acusado al agente de jugadores Kia Joorabchian de instigar la deserción de sus hombres. «Se ha aprovechado de la situación. Son jóvenes y les ha convencido de no volver, prometiéndoles que así serían libres para firmar con otro club».

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El Shakhtar, como el resto de equipos nativos de la zona bajo control pro-ruso, deberá comenzar la temporada en el exilio. «Hemos pedido un informe a la UEFA, que nos ha marcado como posibles sedes seguras cuatro ciudades: Kiev, Lviv, Dnipropetrovsk y Odesa», explica hoy Palkin en la web corporativa. Ello contrasta con la intención original de la directiva de actuar como local en Jarkiv. El Metalurg, por su parte, apuesta por Dnipropetrovsk como retiro temporal, y el Olimpik, tercer club de Donetsk, se refugiará en el centro deportivo federal Bannikov de Kiev. También a la capital se mudará momentáneamente el Zorya de Luhansk, otra de las ciudades aún bajo dominio rebelde. El Illichivets de Mariupol, a pesar de pertener al oblast (región) de Donetsk, optará por permanecer en su modesto estadio. A pesar de que la UEFA catalogue a Dnipropetrovsk como ciudad segura, el Copenhague, rival del Dnipro en la previa de la Champions, ha solicitado disputar el encuentro en una ciudad neutral.

Quienes no participarán en la Premier 2014-15 serán los equipos de Crimea: Sebastopol y Tavriya han sido dados de baja en la Federación Ucraniana y, refundados, han solicitado su integración en la estructura futbolística rusa. «Son clubes muy pequeños, sin demasiada base social, propiedad de empresarios locales. Está por ver qué futuro les aguarda al otro lado», concluye enigmático el periodista Evan Ostryzniuk. De momento, hoy se disputará la Supercopa en una sede que no podría ser más reveladora. Situada en el extremo occidental del país, Lviv queda muy lejos de los enfrentamientos armados de las regiones del este. Una final entre Shakhtar y el Dinamo que cortará la cinta de una extraña temporada en el fútbol ucraniano: la de la aparente normalidad.